Limpieza del imbornal que está atascado y no tragó el agua en Cañada Honda. / C7

Hermine reabre las viejas heridas

La lluvia vuelve a retratar carencias históricas en barrios como Cañada Honda u Hoya Andrea pese a las promesas de inversiones

Javier Darriba
JAVIER DARRIBA Las Palmas de Gran Canaria

Hay lugares en los que, cuando escampa, no se recupera la normalidad. Son los mismos en los que cualquier aviso de lluvia acaba por envenenarles el sueño. Uno de estos sitios es Cañada Honda, un pequeño bario de la capital que se precipita hacia el Atlántico a través de la calle Barranco de Tasarte. Este lunes despertó, otra vez, con los ecos de la pesadilla, la del aluvión de barro, agua, piedras y restos vegetales que se desboca hasta sus viviendas cada vez que el cielo es más generoso de lo normal.

Cañada Honda amaneció con un empedrado sobre el irregular asfalto y con tablones de madera en cada una de las puertas de las viviendas, testigos del infructuoso intento de los vecinos por evitar que Hermine se colara en sus casas.

«Ya estamos pensando en comprar sacos de arena para tratar de frenar el agua», adelanta Roberto Zamora, «tengo 51 años y nunca antes se había metido el agua en mi casa, pero desde que hicieron la obra, sí que pasa».

Los vecinos denuncian el estado en que quedó la calle mientras unos operarios retiran una valla tirada. / C7

Si las lluvias son el origen de su intranquilidad, la obra es la causa de sus desvelos. Por la obra se entiende la actuación que el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria emprendió a fines de 2018 precisamente para evitar las barranqueras. Allí se invirtieron alrededor de 480.000 euros para implantar la red de pluviales y evitar las inundaciones, así como la renovación de aceras y su pavimentación.

El resultado, a la vista de la experiencia vecinal, no puede ser más desalentador. La idea del proyecto era que todos los restos vegetales y las piedras que arrastra la lluvia desde Ladera Alta se fueran quedando en dos pseudopresas y que el agua entrara en la red de pluviales a través de un gran imbornal. Sin embargo, antes de la pandemia, los muros de contención ya estaban superados por el barro y las rejas de filtración estaban llenas de restos vegetales. Así, cuando empezó a llover, nada contuvo la riada, que se adueñó de la calle y pasó a las viviendas.

«Hay vecinos que ya sellan las puertas del garaje por dentro con silicona para que no pase el agua», se queja Teresa Talavera, « el agua se tragó las aceras y no teníamos por dónde salir del barrio».

La misma preocupación mostraba Marco Antonio González, quien señaló que las aceras se encuentran al mismo nivel que la calle, con lo que el agua no se encontró ni con un bordillo que dificultase el paso del agua a las viviendas.

Los vecinos tuvieron que limpiar la calle el domingo. / C7

En medio de la tormenta, los vecinos tuvieron que salir a la calle y pegarse casi dos horas destupiendo el imbornal y retirando el barro y las piedras de la calle. «Hay que mandar a limpiar la cantonera» de forma regular, propone Hilario Pérez.

«No sabemos para qué se han gastado tanto dinero si esto está peor que antes», explica Teresa Talavera mientras los operarios de una contrata se afanaban en limpiar los restos que la riada depositó en la calle y el imbornal.

Por si fuera poco, las rejillas que hay a lo largo de la calle tampoco tragan. En unos casos, porque están tupidas con barro y piedras; y, en otros, porque el desagüe lo tienen en dirección contraria a la que entra el agua, con lo que se dificulta la evacuación.

La escorrentía también produjo la caída parcial de un muro y de una valla, que este lunes estaba siendo retirada por los operarios municipales.

Hermine tampoco dejó conciliar el sueño a Carlos Sarmiento, presidente de la asociación de vecinos Hoya Andrea. Lleva once años reclamando la colocación de un desagüe en su calle. «Ya han venido no sé cuántos alcaldes y no hacen nada», explicó.

Está tan cansado de que su casa inunde cada vez que se producen lluvias que le ha propuesto al Ayuntamiento que haga la zanja y que él corre con los gastos de la colocación de la rejilla. Y ni con esas.

En un escrito fechado el viernes pasado, se detallaba que «cuando llueve, las aguas corren desde la ladera con piedras hacia la calle Solsticio y obstruye los imbornales, lo que provoca rebosos de agua y barro que afectan a los locales».

Los vecinos reclaman que el desagüe vaya aquí. / C7

Sarmiento reconoce que con el paso de la tormenta lo ha pasado muy mal. « Llevo dos noches sin dormir, sentado aquí por si tengo que salir con la zodiac», bromea al final para aliviar la tensión que padece.

En el caso de Reina Mercedes y El Pilar, Hermine no inundó los edificios, pero sí dejó sueltas varias piedras de grandes dimensiones que alertaron a los vecinos de la zona.

«Si coge a alguien, lo mata», denunció Juan Guerra, el portavoz de los vecinos que llevan reclamando años que el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria remate las obras de saneamiento del barrio para evitar las inundaciones de sus casas.

Piedras caídas por la zona de Reina Mercedes. / C7

La ladera afectada por estos derrumbes quedó este lunes acordonada en una de los 477 servicios que el Ayuntamiento tuvo que desarrollar en la ciudad para atender las incidencias del temporal.

El Consistorio informó de que fueron 178 atenciones relacionadas con inundaciones e incidencias con aguas; 98 con alumbrado; 54 con edificios por caídas de cascotes; 30 intervenciones relacionadas con árboles y ramas; 18 con carreteras; 8 con semáforos y 8 con muros.

Aún así, todavía permanecen cerrados el acceso al Confital, pues el terreno sigue inestable y aún se están produciendo desprendimientos; y la avenida de Luis Benítez Inglott, donde se está reparando un socavón que se ha abierto en otras ocasiones.

Durante los próximos días, Limpieza mantendrá un despliegue formado por 167 efectivos y 50 vehículos mecanizados para seguir reforzando las labores y facilitar la vuelta a la normalidad.

Un hombre saca una foto del socavón que se produjo en la zona de Escaleritas. / Juan Carlos Alonso

La gran cantidad de agua caída en la ciudad ha vuelto a recordar la fragilidad de la red de saneamiento, cuya renovación se anunció hace ya dos años, con una promesa de inversión de 660 millones de euros, y que todavía sigue sin arrancar.

Las inundaciones que ahogaron la ciudad pusieron de manifiesto que las lluvias por encima de los 50 litros por metro cuadrado suelen poner en entredicho el funcionamiento de la capital grancanaria.

En todo caso hay que reconocer que es prácticamente imposible dimensionar un sistema capaz de recibir todo el agua que dejó Hermine. Hay que tener en cuenta que en solo tres días, la zona de Tafira recibió 158,2 litros por metro cuadrado, que es una cantidad superior a lo que suele llover todo el año en la ciudad, que ronda los 150 litros.

Baste decir que Tafira fue este domingo, el séptimo lugar donde más llovió en toda España, según los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).

En cuanto a Servicios Sociales, el Ayuntamiento ofreció alojamiento y comida a 77 personas en situación de calle o emergencia en el pabellón Jesús Telo

Respecto a esto, la portavoz del PP, Pepa Luzardo, explicó que el paso de la tormenta Hermine ha puesto de manifiesto que la capital requiere que se habilite la Fábrica de Hielo como centro de atención social, para lo que la «fórmula más efectiva es la cesión del uso y explotación del centro a una organización del tercer sector mediante los procedimientos que establece la ley», siempre que tenga una acreditada trayectoria.

Para Lidia Cáceres, de Cs, es necesario «acometer ya las acciones necesarias para evitar que se repitan las mismas incidencias en la ciudad tras cada temporal en ámbitos como las redes de saneamiento y pluviales o el asfaltado así como la caída de árboles o de la red de semáforos».

Caída de árboles

Respecto a la caída de los árboles, sin la acción del viento, los expertos municipales consultados por este periódico explicaron que «el peso del agua durante tanto tiempo y no tener el centro de gravedad sobre el tronco hace que se inclinen poco a poco, y a medida que se empapa la tierra, quedan sueltos».

También ayuda «que la base esté afectada por los orines de los perros y los productos de limpieza que los dueños ponen en los botes que se utilizan para limpiar los orines».

Por su parte, el candidato de UxGC, Enrique Hernández Bento, aseguró que Hermine ha puesto de manifiesto «los problemas estructurales que tiene la ciudad en materia de infraestructuras de saneamiento y alcantarillado, así como la precaria canalización de algunos barrancos». Cree que falta un plan estratégico «que resuelva el problema. Por desgracia, se han vuelto a repetir imágenes penosas: toda la ciudad baja inundada, la playa de Las Canteras recibiendo vertidos y basuras de todo tipo, semáforos averiados, vías públicas destrozadas y túneles inutilizables».

También se produjo una afección importante a Las Canteras, en concreto a la zona de La Cícer, por el desagüe del barranco de La Ballena. Este lunes el caudal ya se había reducido bastante y se espera que pronto la playa recupere sus condiciones naturales en este punto.

Charcas de San Lorenzo, con agua. / C7

La parte positiva de las lluvias es que han permitido dar un respiro a las charcas de San Lorenzo. El agua da esperanzas de futuro a esta aspiración vecinal.