Los 187 despedidos volvieron a concentrarse en las oficinas municipales. / C7

Los 187 invisibles del servicio de Limpieza

Llevan diecisiete meses gritando y pitando, concentrándose a las puertas del Ayuntamiento, pero nadie los ha atendido en todo este tiempo

Javier Darriba
JAVIER DARRIBA Las Palmas de Gran Canaria

Pitan, gritan, dan palmas... pero su sonido se pierde en la sinfonía urbana. Parece que para los gobernantes, su reivindicación es una de esas psicofonías que solo añaden un ruido incomprensible. Los 187 despedidos de Limpieza, los protagonistas del primer expediente de regulación de empleo impulsado por parte del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, son también invisibles. Tras diecisiete meses de espera y de protestas, todavía nadie del grupo de gobierno se ha dignado a sentarse con ellos, aunque sea para rechazar de plano todas sus peticiones.

Alguna pita solitaria, de algún conductor solidario, los encaja en la realidad. Sus exhortaciones -ayer pedían la dimisión de la concejala de Servicios Públicos, Inmaculada Medina- no llegan a la sexta planta de las oficinas municipales. Desde allí, su protesta se difumina en el horizonte urbano.

Tras casi año y medio de protestas, las preguntas están casi agotadas. «¿Alguna novedad?». La respuesta, que da Miguel Álamo, podría haber estado escrita de manera previa a la crónica. «Esperando a ver si nos atienden, pero nadie lo va a hacer, aquí no hay ni negociación ni nada».

Las concentraciones se suceden: primero fueron manifestaciones y ahora alternan concentraciones ante las oficinas municipales y ante las Casas Consistoriales, cuando se celebran los plenos del Ayuntamiento. Pero lamentan que nadie los atiende. «Nos hemos visto solos», añade Mariló Medina.

Los 187 empleados formaban parte de una bolsa de trabajo que estaba compuesta por 245 personas. En principio, se incorporaron al servicio de Limpieza a principios de julio del año 2019. De ellos, 47 procedían de otro grupo -los 138 que fueron readmitidos finalmente en el Ayuntamiento como consecuencia de una sentencia que declaró nulo su despido- y otros once renunciaron a sus puestos de trabajo. Quedaron, en total, los 187 a los que parece que nadie escucha ni ve. Ellos estuvieron trabajando hasta principios de enero de 2020, pero como la finalización de la relación laboral no se les comunicó con la antelación debida, se les mantuvo en sus puestos hasta finales de ese mes.

El despido provocó una denuncia por parte de estos trabajadores, a los que el Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) les dio la razón. La justicia consideró que su despido había sido improcedente, de modo que al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria se le abrían dos posibilidades: o los readmitía en sus puestos o los indemnizaba.

Sin embargo, la sentencia del TSJC no fue el final del camino, sino otro paso más en su lucha por hacerse visibles. Así, estos barrenderos recurrieron ante el Tribunal Supremo para tratar de conseguir que el despido fuera considerado nulo, de modo que el Ayuntamiento no tuviera más remedio que incorporarlos al servicio.

Pero también presentó su impugnación el propio Consistorio capitalino, que defiende que el despido de estas personas ha sido procedente.

El asunto tiene ya ponente designada. Y en Madrid es donde estos trabajadores tienen puestas todas sus esperanzas. «No nos queda sino la justicia», explica Mariló Medina. Su voz ha sonado con más fuerza en los palacios de justicia de la Vega de San José y de la madrileña plaza de la Villa de París que en Santa Ana. Ni siquiera han podido expresarse en el pleno por la exclusión de un moción del PP del orden del día que el juzgado ha obligado a debatir, en primera instancia, pero que el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria ha recurrido a instancias superiores.

Apoyo de la oposición

El viceportavoz del PP, Ángel Sabroso, que ayer bajó a las puertas de las oficinas municipales para expresar su apoyo a la reivindicación de los 187 peones de limpieza, les explicó que «hay que esperar a que haya una decisión sobre el recurso, el tripartito sigue gastando dinero público en este asunto y esperamos que finalmente puedan hablar en el pleno».

«Esto se está haciendo insostenible», añadió luego la portavoz del Partido Popular, Pepa Luzardo, «en este gobierno falta ponerse en la piel de quien lo está pasando mal».

Por su parte, la concejala de Ciudadanos, Lidia Cáceres, recordó que «en este municipio tenemos casi 50.000 desempleados, por lo que no se entiende que el propio Ayuntamiento, que tiene la necesidad, la capacidad y la oportunidad de contratar a estos 187 trabajadores, llegue a estos límites intolerables». A su juicio, «la mala gestión de Limpieza lleva a que el servicio esté en precario, ya que no se toma ninguna decisión a la espera de la sentencia del Tribunal Supremo». Y añadió, en referencia a los problemas que hay también en el área de Recogida de Residuos Sólidos Urbanos con la cesión a FCC de la labor que venían desempeñando los servicios públicos, que «este tipo de contrataciones externas a las que acude el tripartito como parche, no hacen más que aumentar los costes, con un personal que mantienen en precario y que provoca que la ciudad esté cada vez más sucia».

Por su parte, el concejal de Coalición Canaria-Unidos por Gran Canaria David Suárez acusó a la concejala de Servicios Públicos, Inmaculada Medina, de «vetar a los trabajadores que se manifiestan y no escucharlos». En su opinión, la política municipal «va dando tumbos sin tener un horizonte claro» y apuntó también al alcalde, Augusto Hidalgo, como responsable. «Parece no interesarle lo más mínimo la situación de los trabajadores y su precariedad», añadió el edil.

Mientras la oposición trata de servir de altavoz de sus reivindicaciones, su voz cada vez está más acogotada por el hambre. « Hay compañeros que comen en comedores sociales y a alguno lo hemos visto ya rebuscando en un contenedor de basura», reconoce Agustín Suárez, «esto te mina desde el punto de vista moral».

Javier Trujillo es de los que tienen que hacer cola para obtener alimentos. «Con cuatrocientos euros, si pagas el alquiler, el agua y la luz, te quedas con poco». Su garganta vuelve a resonar en la calle. Su voz es el único antídoto que tiene contra la invisibilidad.