Ellos disfrutan y sus familias descansan

29/08/2018

Una veintena de personas con algún grado de discapacidad se reúne cada mañana para divertirse y aprender, mientras los familiares que les cuidan todo el año disponen de un merecido tiempo de ocio

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Son felices. No cabe la menor duda.

Se les nota en cada gesto, en las miradas y, sobre todo, en las sonrisas que aparecen en sus caras al vernos llegar.

Sólo una de ellas se muestra retraída, alza una mano hacia la cámara y dice, muy seria, «yo no quiero fotos» y, acto seguido, nos da la espalda.

El resto nos acoge con excitación y nos saluda. Una con ojos sonrientes, otro con las manos y sonoras carcajada y la que parece la más joven con un «¡holaaaaa!» entusiasta acompañado de repetidos aplausos.

Minutos después, la joven que se negaba a ser fotografiada se relaja y se concentra en su manualidad. Todo es así de sencillo.

«Hablan de sus cosas y se hacen muy amigos. Se cuidan unos a otros y se divierten».

Así describe Patricia Delgado, una de las especialistas que trabaja con ellos, una jornada del programa Respiro Familiar, Diviértete sin Barreras, que se desarrolla en el centro de educación especial Petra Lorenzo y que pretende mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad y de sus familiares.

La iniciativa, que acomete cada verano la Concejalía de Servicios Sociales, tiene ya cerca de 15 años de existencia y, dados sus buenos resultados, le quedan bastantes más.

El concejal del área, Diego Ojeda, detalla que se trabaja con personas con autismo, síndrome de Down, parálisis cerebral y otras discapacidades y manifiesta su satisfacción por los resultados que se consiguen cada año.

«Muchas veces, las mismas caritas regresan. Para ellos, es una alegría salir de su casas. Muchos no tienen centros a los que acudir durante el año y dependen de sus familias. Por eso, salir, conocer nueva gente y recibir el apoyo que les prestamos favorece su crecimiento personal».

En esta edición, se atiende a 22 personas, de entre 18 y 70 años, que han sido distribuidas en dos grupos de trabajo, por quincenas, ya que muchos de ellos presentan un alto grado de dependencia. Con esta mecánica, se les garantiza la mejor atención posible.

El programa se desarrolla durante el mes de agosto, de lunes a viernes, y cuenta con una subvención del Cabildo de poco más de 17.000 euros.

Energía y ganas. Siete profesionales les dedican sus mañanas: una integradora social, cuatro auxiliares sociosanitarias y de discapacidad, una terapeuta ocupacional y una limpiadora.

La rutina, como su nombre indica, debería ser monótona. Nada de eso. Cada día es una aventura... para todos.

Cuando bajan de las guaguas que les llevan al centro, entran directamente en el gimnasio, donde hacen deporte entre una hora a una hora y media haciendo. Gimkanas, todos los juegos con pelotas imaginables y, sobre todo, aerobic, al que se entregan con energía, porque todos son grandes amantes de la música. Para terminar, un sesión de relajación tan eficaz que alguno que otro termina roncando.

Tras lavarse las manos, desayunan y se enfrascan en las actividades del día. Desde cocinar bolitas de coco y leer y contar cuentos tradicionales hasta todo tipo de manualidades, que es lo que más reclaman.

También hay días de cine, con palomitas y bebida, y jornadas para aprender a hacer las tareas caseras, como doblar roba.

Patricia afirma que sólo puede sentir satisfacción. «Les sacamos de su rutina diaria, ayudamos a sus familiares y a nosotras nos enriquecen. Ellos son felices. Nosotras también».