Crítica Música

Los dos mundos de James Rhodes

06/12/2019

Existen, parece, dos James Rhodes. Uno es el que hemos visto frecuentemente en programas de televisión, hablando de las bondades de España con pelos de loco, deportivas e indumentaria informal que lleva casi a modo de militancia, o de sus libros basados en terribles abusos infantiles y de cómo la música le salvó la vida. El otro, es el que se sienta al piano. El personaje público y el artista son dos caras de una misma moneda, pero es con el segundo cuando constatamos que no todo es marketing. Precisamente, de eso se trataba el único concierto que ofreció el intérprete en Canarias este miércoles durante su tour, de los mundos «internos» y los «externos».

«El personaje y el artista son dos caras de una moneda, pero es con el segundo cuando constatamos que no todo es marketing»

Rhodes entró al cielo estrellado del Cuyás –del que se maravilló en redes– como pidiendo permiso, sin decir una palabra y quitándose las gafas ante una pieza de sus músicos fetiches: Bach. Tras el calor de ese primer aplauso del público, ya entró el británico en confianza y cogió el micrófono para explicar el que sería el hilo conductor de todo el concierto. La oscilación entre el intimismo y la explosión de sentimientos de músicos que lidiaban con sorderas y depresiones, perdían los pantalones por dar clase a jovencitas de alta cuna o se emocionaban ante la adquisición de un piano nuevo en casa. Lo interesante del estilo de Rhodes es ese lado humano de la música, que ha conseguido captar nuevamente a un público que rechaza de pleno la pomposidad del mundo clásico y no entiende ni su contenido ni su forma. Y eso, guste en mayor o menor medida, es de admirar.

El concierto comenzó con una pieza larga, por la que se disculpó con un gracioso spanglish «el resto son más cortas, lo juro». Una sonata de Beethoven, conocida como Pastoral, que supuso una perfecta carta de presentación con una dificultad técnica que sentó el tono de todo el concierto. Gracias a las claves de Rhodes, el público pudo intuir al músico, casi sordo, caminando por la naturaleza, interrumpido por sus pensamientos y el constante latido de su corazón (un re repetido con la mano izquierda hasta 32 veces).

Luego le tocó el turno a Chopin, «un tío muy triste» a juzgar por la mayoría de sus obras, explicaba el británico, pero que también supo sacar su lado juguetón con piezas como ese Scherzo n.2., en contraste con el carácter menos festivo de su célebre Nocturno in C minor. Para terminar, de nuevo, Beethoven con Waldstein, una sonata que demostró que con las tres bases del piano (escalas, acordes y arpegios), se puede alardear de virtuosismo. Una hora y media de música clásica supo a poco y cayeron dos bises. El público aún demandaba más, pero como todo buen postre, lo mejor es quedarse con ganas.

James Rhodes Tour 2019

Intérprete: James Rhodes.

Repertorio: Beethoven (Sonata in D minor Op 28 Pastoral), Chopin (Scherzo n.2 in B flat minor Op 31), Chopin (Nocturne in C minor op 48/1), Beethoven (Sonata nº 21, op53, Waldstein).

Fecha: 4 de diciembre.

Recinto: Teatro Cuyás.