Rocío Monasterio, candidata a la Presidencia de Madrid por el partido fascista Vox. / EFE

Llamarlos por su nombre

Luisa del Rosario
LUISA DEL ROSARIO

El argumento de que los medios de comunicación están obligados a reproducir cualquier mensaje de un partido con representación parlamentaria es absolutamente falso. Eso puede vincular, si acaso, a un medio público, pero bajo ningún concepto a uno privado, salvo el que se conforme con actuar de alfombra para limpiar los pies.

Quienes tienen la responsabilidad de lo que se emite en un medio privado son quienes lo hacen, que son quienes eligen a periodistas, colaboraciones y fuentes informativas. Las voces que se escuchan en la radio y se leen en la prensa no son la imposición de nadie y no hay Rocío Monasterio que obligue a un medio de comunicación a difundir sus paridas mentales, las cuales se pueden marginar con la misma facilidad con la que los medios de comunicación marginan a diario a quienes viven en la pobreza, en las listas de espera y en colas del hambre y, en general, a quien sufre unos servicios públicos desmantelados.

Lo que sí ampara la Constitución Española es que los medios de comunicación privados se entreguen a la defensa de la causa que les venga en gana mientras sea legal, por repugnante que sea. En España rige el modelo mediático liberal: quien tiene dinero se compra un megáfono. Y cuanto más dinero, más grande. El que no tiene dinero permanece en silencio. Esta es la democracia «plena».

Eso significa que nada se puede hacer si los más grandes medios de comunicación de este país se entregan a la causa de vilipendiar y maltratar a las personas más desfavorecidas mientras repiten sin cesar los mensajes de la ultraderecha. Están en su perfecto derecho. Exactamente el mismo derecho que, a modo de premio de consolación, tenemos los demás para llamarlos por su nombre: medios fascistas.