La lava incadescente ilumina su recorrido hacia el mar / EFe

La sismicidad profunda se intensifica y el lunes marcó su máximo desde el inicio de la erupción con 85 terremotos

Los temblores con su hipocentro a alrededor de 12 kilómetros han disminuido en frecuencia

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA Las Palmas de Gran Canaria

La sismicidad a profundidades intermedias asociada al proceso eruptivo de La Palma está reduciéndose notablemente en los últimos días, sin embargo, a gran profundidad, a más de 20 kilómetros, se está intensificando desde principios de noviembre, según explicó ayer el sismólogo del Instituto Geográfico Nacional, Itahiza Domínguez.

Tanto es así que este lunes se contabilizó el mayor número de eventos sísmicos localizados en un solo día a gran profundidad. En concreto, 85 terremotos a alrededor de los 30 kilómetros, «más del doble que el anterior valor máximo en la sismicidad profunda que se registró el 10 de noviembre», precisó Domínguez.

El resto de los cien temblores registrados anteayer tuvieron su hipocentro en el entorno de los 12 kilómetros de profundidad.

De cualquier forma, la repercusión que pueda tener el aumento de la sismicidad profunda en el proceso eruptivo está por ver. «No es fácil de saber que supondrá. El anterior repunte de los sismos profundos precedió a un aumento de sismos intermedios, todo tiene que ver no sabemos si aumentará sismos intermedios y cómo puede afectar a la erupción», indicó el sismólogo.

Estos terremotos profundos podrían estar inyectando magma al sistema desde las cámaras más profundas o podrían ser fruto del reajuste de las bolsas magmáticas tras vaciarse.

En todo caso, la sismicidad a gran profundidad se está produciendo en la misma zona donde se inició el enjambre sísmico que dio lugar a la erupción.

El temblor de mayor magnitud registrado ayer fue de 4.8, ocurrió a las 1.03 horas en la dorsal este de Cumbre Vieja a una profundidad de 39 kilómetros y fue ampliamente sentido por la población de la isla con una intensidad IV. Por otro lado, el tremor -las vibraciones que provoca la propia actividad eruptiva- permanece en niveles bajos.