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Las Palmas de Gran Canaria

Las plataformas que auparon al carnaval

La gala drag de este viernes celebra su 25 aniversario siguiendo el legado del primer ganador, Heaven, pero con una evolución patente

Jueves, 2 de marzo 2023, 19:38

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Como todo mito, la gala drag de Las Palmas de Gran Canaria envuelve su origen en una nebulosa, tal y como ocurre en las tardes de invierno de Las Troyanas. El rasgo más distintivo del carnaval, su elemento diferenciador de otras fiestas, su atributo más identitario se funde en las brumas de los recuerdos, de las sensaciones que se vivieron hace veinticinco años. Probablemente, aquel nacimiento sea el resultado de la suma de todas las emociones que surgieron en torno a un proyecto nuevo, una gala que reanimó el carnaval de una de las ciudades más carnavaleras.

Desde ahí, la historia y la leyenda encaminaron sus pasos hacia el sur. Un viaje en coche a ver Traveskarnatival (un certamen transformista) en Maspalomas para ver si su fórmula era exportable a la fiesta palmense y el impacto que generó la película 'Las Aventuras de Priscila, Reina del Desierto' (1994), sobre el viaje de tres drags por el secarral australiano, formaron una aleación de plataformas sobre la que se levantó esta fiesta.

Los elementos necesarios para esta fusión de metal estaban ya dispuestos. «Ya estaba en el ADN de la ciudad», explica el actual director del carnaval, Israel Reyes, uno de los metalúrgicos de esta aleación inquebrantable, «Las Palmas de Gran Canaria ya tenía, a fines de los años 60, una decena de locales en los que triunfaban transformistas como Melo o Félix de Granada; y en las cabalgatas se aplaudía a personas como Juanito el Pionero o La Palmera porque eran valientes».

Osadía

La valentía es una palabra clave en este devenir. A la osadía de salir como drag se unía la de integrar la gala en el programa oficial de actos. Para entender cómo se superó este miedo hay que ermontarse unos años atrás, al famoso y desastroso carnaval que se celebró en Las Canteras, en 1994, y que culminó con la dimisión de la edila Lucía Romero.

Al año siguiente, en las elecciones municipales, se produjo un vuelco importante. La ola nacional del PP se anticipaba en la ciudad, y en los círculos políticos locales ya se había instalado la famosa frase que corre siempre por las Casas Consistorales:«El carnaval no da votos, pero sí quita gobiernos».

La entonces concejala de Cultura, Pepa Luzardo, reconoció hace poco, en un artículo de opinión sobre sus recuerdos sobre el nacimiento de la gala, que «fue un riesgo que nos asustaba».

Con este temor instalado en la mente de los gobernantes y la necesidad de restañar las heridas que había sufrido la fiesta, llegamos a mayo de 1997. Por vez primera, en un consejo de administración se plantea con seriedad la posibilidad de abrir la puerta al mundo drag.

Se produce entonces una concatenación de planos, como en el universo cuántico. Y ahí se solapan varias aportaciones sobre la dirección que podía seguir la fiesta. Tita Suárez, Anatol Yanowsky, Hamid Blell, Paco Medina, Pepe Aguilar, Paco Rubiano, Israel Reyes, Carolina Medina o Luzardo participaron todos, en mayor o menor medida, para que la nueva gala naciera el 19 de febrero de 1998.

Es probable que la historia de la gala drag sea un puzle compuesto por todos estos nombres y otros. Las únicas certezas son que la gala se celebró, que lo hizo un jueves para tratar de que el posible rechazo popular pasara desapercibido y no desembocara en otra crisis de gobierno, y que el concejal de Hacienda, Francisco Fernández Roca, fue el único político que se subió a las tablas para entregar el premio a Kimba Ébola.

Todo lo demás son versiones y opiniones que, aparte de intereses políticos y filias y fobias personales, ni enriquecen el carnaval, ni le aportan nada. Porque, como dice el exgerente de la fiesta, Paco Medina, «la gala drag fue el éxito de una ciudad plural, abierta, diversa y tolerante, y todo se debe a la sociedad, a todas las personas que participaron en la organización de la gala y al talento de los drag queen».

Enraizados

El arraigo inmediato de la fiesta tuvo que ver con este espíritu palmense, tan abierto siempre a todas las corrientes, marinas o no. Este aspecto lo analiza el antropólogo Joaquín Carreras en el documental acabado de estrenar 'El Origen de la Gala Drag de Las Palmas de Gran Canaria'. Tras su análisis, concluye que la sociedad de Las Palmas de Gran Canaria estaba ya madura para recibir, aceptar y abrazar una gala como ésta. «La idea surge de determinadas personas, pero, en realidad, es una idea de ciudad», explicaba a este periódico hace unas semanas. Y eso era posible porque la ciudadanía ya disfrutaba de pasarelas de transformistas entre las terrazas Derby y Río, en el corazón de Santa Catalina; por el modo en que muchos homosexuales se integraron en La Isleta; o por la tradición de los concursos de disfraces en los que participaban travestis haciendo monólogos.

La sociedad lo asimiló rápido, pese a que tampoco se tuviera muy claro el concepto drag. De hecho, en la primera gala participan tres reinonas más propias de la Traveskarnatival. Carlos Menéndez, que ganó la primera gala como Heaven, recuerda que «cuando vi a las reinonas, pensé que iba a hacer el ridículo, pero fue todo lo contrario», Este joven que se declara como un gran tímido, que nunca había pisado un escenario y al que las plataformas le llegaron una semana antes de la gala, explica que ya se conocía lo que era un drag. «Lo que no se sabía era si la gente lo sabía o no».

Aquellos primeros momentos fueron de confusión. Los periodistas no teníamos claros si los drags requerían el artículo masculino o femenino. Carlos Menéndez se llegó a levantar de algún programa de televisión porque las preguntas versaban sobre su condición sexual y no sobre su propuesta artística.

Drag Heaven en la gala que ganó en 1998.
Drag Heaven en la gala que ganó en 1998. C7

Afortunadamente, el drag impuso su arte y al año siguiente ya nadie preguntaba nada más allá de las propuestas escénicas. Israel Reyes, en su recién editado libro 'El Arte a 25 centímetros del Suelo', lo define como «un personaje sin género, un artista que, desde la ambigüedad, juega a crear una ilusión, unevo ser que compate alegría y apota una visión libre a una sociedad llena de etiquetas y perjuicios».

Desde entonces la gala drag, que cumple 25 años -aunque solo ha celebrado 24 ediciones tras la cancelación de 2021 por la pandemia- no ha hecho sino crecer. En el año 2000 ya hubo que hacer la primera preselección porque elnúmero de inscritos se había duplicado, y se fueron incorporando los atrezos, los cuerpos de baile, las acrobacias y hasta el fuego. Incluso, explica Reyes, ha habido peticiones para llegar en globo o subirse a una grúa.

Pero todos han seguido la huella de las plataformas de Carlos Menéndez. De hecho, estos elementos se han convertido en la seña de identidad de los drags canarios. «Fuera de Canarias se ponen tacones, no plataformas», asegura Reyes.

Sobre ellas se aupó el carnaval. La fiesta se reinventó a un cuarto metro del suelo.

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