Canarias7
Rafael Álvarez Gil

Opinión

Trabajadores del mundo

En los próximos días las familias canarias (las que se lo puedan permitir) se irán de vacaciones. Muchas de ellas optarán por irse al sur a un hotel o apartamento como gran cosa, que lo será, y por algo vienen los extranjeros, marcando así implícitamente una línea divisoria en la población isleña. Es decir, los que se tumbarán en Maspalomas o den un salto a Fuerteventura (antaño la gente con posibles se iba a Tafira) y los que queden encerrados en la ciudad entre días nublados y aprovechando los ratitos de sol en el paseo de Las Canteras. Y esto ocurre a poco que se ha publicado la Encuesta de Población Activa (EPA) en relación al segundo trimestre de 2018 que arroja una tasa de paro en Canarias del 20,06% superando la media nacional del 15,28%. El archipiélago, como siempre, se halla en el vagón de cola junto a Extremadura, Andalucía, Ceuta y Melilla. Es tendencia. Y eso que los datos conocidos con esta EPA son positivos.

«El Archipiélago, como siempre, se halla en el vagón de cola junto a Extremadura, Andalucía, Ceuta y Melilla. Es tendencia»

Otro debate es la calidad del empleo que se genera. Una cuestión que, en el fondo, enlaza con el dilema moral de distinguir entre libertad teórica y libertad real. Una cosa es que puedas por ejemplo casarte y divorciarte en varias ocasiones formando diferentes familias y otra distinta que puedas mantenerlas a todas en paridad económica. Y esto en el sector del empleo vendría a ser que una cosa es que el trabajador tenga posibilidad de cambiar de puesto de trabajo y ser representado y otra bien diferente es que la realidad le sea propicia. Y por muy bien que salga la EPA del horno, siempre habrá un segmento poblacional que será puro proletariado y preso de las circunstancias.

Con todo, mejor lo tienen los amparados aún en el corporativismo. Y no me refiero a los repartidores de agua en las islas (una imagen muy nuestra que no se da en la península) sino pongamos por caso a otros repartidores. Si estas jornadas han leído la prensa nacional se habrán percatado que hay un conflicto laboral en Madrid de primer orden a cuenta de los llamados ruteros que reparten la prensa a los quioscos en la capital. Sin quedar claro por la información contradictoria que se va conociendo si tienen una relación laboral o mercantil con la empresa Boyacá, llevan varios días realizando paros que de manera colateral inciden en pérdidas para los quiosqueros (que son otro poder en Madrid) y las cabeceras de tirada nacional; incluso, el periódico El Mundo destinó un editorial esta semana al asunto de marras. Estos ruteros tiran de corporativismo como lo podrían hacer los árbitros de fútbol (sin ellos no hay liga) y amén de esa presión simbolizan un mundo pasado en el que los conflictos laborales eran más iguales.