Canarias7
Enrique Bethencourt

Jaula y arco iris

Educación y medios

«La proliferación de medios, especialmente digitales, o de espacios como Twitter, nos suministran información de forma permanente»

En fechas recientes he tenido la oportunidad de participar en dos interesantes encuentros sobre educación y medios de comunicación celebrados en La Laguna y Las Palmas de Gran Canaria. Organizados por el Consejo Escolar de Canarias bajo el título ¿Es la educación responsabilidad exclusiva de la escuela?, contaron con la presencia de Antonio Rubio Campañas (presidente de la Asociación de Periodistas de Investigación), la periodista Saray Encinoso Brito, Natalia Guillén Chinea, una docente que ha trabajado el tema de los medios, y, como moderador, el presidente del Consejo Escolar de Canarias, Ramón Aciego de Mendoza.

En los eventos no solo se habló de los tradicionales medios de comunicación –prensa, radio, televisión- sino del amplio mundo que incluye también a Internet. Los niños y niñas pasan más tiempo en ellos que en las escuelas o con sus familias. Estos, al igual que el conjunto de la población, reciben diariamente un bombardeo diario de información que difícilmente pueden digerir. Ya los medios tienen que seleccionar las noticias, publicando solo una parte de ellas. Lorenzo Gomis aseguraba que por cada noticia que publica, el periodista tira diez a la papelera.

La proliferación de medios, especialmente digitales, o de espacios como Twitter, nos suministran información de forma permanente. En la que se cuelan, también permanentemente, bulos, como los de los 500.000 políticos u otros. Bulos muy difíciles de combatir. Y que son difundidos, también, por personas que, por su nivel de conocimientos, deberían ser menos proclives a ser engañados y contribuir a expandir las falsedades.

Desde el ámbito educativo siempre ha existido la queja sobre el trato que los medios dan al sector. Para Esteve y Vera: «Se presenta a la educación como una actividad esencialmente conflictiva, resaltando las carencias, los errores, los enfrentamientos y todos los aspectos negativos, elevando a una categoría general brotes de violencia o situaciones desagradables muy reducidos en su alcance real». Jaume Carbonell, periodista, pedagogo y sociólogo, que fuera director de la revista Cuadernos de Pedagogía, incide en lo mismo: «Las noticias sobre educación son, mayoritariamente, malas noticias. Cuanto más cruento y morboso es el suceso, más atractivo».

hábitos culturales. Cabe preguntarse si somos tan importantes los medios y los periodistas. Algunos consideran que somos actores principales del proceso educativo. Menuda responsabilidad que no sé si estamos en condiciones de ejercer. Incluso aseguran que no informamos, educamos; y que la misión de los medios es educar permanentemente a las personas mediante la creación de preferencias, valores, hábitos culturales, etcétera. La periodista Margarita Riviére ha llegado a afirmar que el 80% «del conocimiento que poseemos proviene de los medios de comunicación, mientras que el 20% restante procede de nuestro entorno (escuela, amigos, familia, etcétera), un entorno que, a su vez, también está influenciado por los medios».

Ante esta tesitura, ante semejante responsabilidad, resulta imprescindible actuar en dos vías. En primer lugar, preparar a la gente, y especialmente a los alumnos y alumnas, para que se puedan situar frente a los medios y las redes, de forma crítica, siendo capaces de cribar y contrastar información, de no tragárselo todo. Para formar ciudadanos responsables, capaces de informarse, comprometidos con su comunidad y defensores del pluralismo y la democracia.

En ese sentido, considero muy positivo que todos los grupos parlamentarios hayan decidido que en el Pacto Social y Político por la Educación, que actualmente se debate en una subcomisión parlamentaria en el Congreso de los Diputados, figure que en la próxima ley haya una materia sobre conocimiento de los medios de comunicación y la función del periodismo en la Educación Secundaria Obligatoria (ESO).

Lo que no está tan claro es que se consiga fraguar ese Pacto, actualmente empantanado por las diferencias entre las formaciones políticas y que hace temer su más que posible naufragio. Ni, tampoco, si esto supone implantar una asignatura (una más, en un currículo suficientemente cargado de ellas), asunto que en las jornadas cuestionaron muchos de los expertos educativos, o que, de modo transversal, se trabaje en las distintas áreas de conocimiento los medios de comunicación y una lectura crítica de los mismos.

ley canaria. La Ley Canaria de Educación no universitaria aprobada en 2014, impulsada por una iniciativa popular en la que se implicaron especialmente AMPAs, colectivos docentes y algunas corporaciones locales, y no una propuesta nacida de partido alguno, como he leído estos días en varios medios de comunicación del archipiélago, fue por delante en este asunto.

Su artículo 16 está dirigido a establecer los elementos de cooperación entre el sistema educativo canario y los medios de comunicación social de las Islas. Señalando que «los poderes públicos favorecerán que los medios de comunicación social tengan en cuenta en sus códigos éticos los principios que sustentan el modelo educativo de Canarias, evitando la emisión de contenidos violentos, degradantes, ofensivos o discriminatorios». Asimismo, en el texto legislativo se establece la necesaria promoción del desarrollo «de programas o espacios de interés educativo en cualquier medio de comunicación social. A tales efectos, se podrán suscribir los oportunos convenios de colaboración» y la emisión por la Radiotelevisión Pública de Canarias «de programas de interés educativo, especialmente para la enseñanza-aprendizaje de lenguas extranjeras».

Por otra parte, hay que formar a los profesionales de los medios para que no colaboren en mantener estereotipos y prejuicios. Lo mismo que ahora se exige a los jueces, que tengan en cuenta la perspectiva de género en sus sentencias, habría que aplicarlo al mundo de la información.

Ante la violencia de género, por ejemplo, algunos siguen titulando lo de «muere una mujer». ¿Se mueren solas o las matan? O siguen entrevistando, afortunadamente cada vez menos, a personas del barrio que corroboran que el asesino era un buen chico que saludaba a sus vecinos. En el mundo del deporte se siguen valorando más los éxitos masculinos y se siguen confundiendo las gestas deportivas con machadas. Horroroso término a desterrar, el lenguaje no es nada inocente.

En cualquier caso, lo que resulta evidente es que sistema educativo y medios de comunicación no pueden seguir viviendo de espaldas, como hasta ahora. La educación es una tarea colectiva, de las familias, de los centros escolares y de los docentes, del conjunto de la sociedad. La escuela sola no puede. Los medios de comunicación, tampoco.