Canarias7
Ignacio S. Acedo

Rubén abre el grifo y la UD se recrea

La UD hizo lo que debía. Se podrán discutir las formas, el procedimiento, la manera de quitarse de encima al Nástic. Pero, en lo esencial, cumplieron los muchachos de Jiménez, que ya van sabiendo que aquí, en la Segunda, hay que subir al andamio. Ni ante diez regalan nada. Y todos sudan, corren, tienen pulmones, meten la pierna, van con todo. Los hay escogidos como Rubén, que arman el taco en una baldosa. Fidel y sus fintas. Los escorzos de Tana. Pero, en general, la trinchera es para todos. Ayer se planteaba un examen de urgencias y competencias. Dos empates consecutivos señalaban al equipo, obligado a resolver la cuestión como fuese. La UD prefirió jerarquizar. Primero, la despensa. Luego, el debate. Gano, luego existo, que vendría a ser. No es mal trato anteponer siempre el marcador. Pero esta UD da para más. Para muchísimo más. No termina Jiménez de mezclar y ensamblar. Vendrán tiempos mejores, pensará. De momento, lo que queda es esta versión que se reduce al gatillo de Rubén y a las penurias de los adversarios. En la primera jornada vino el Reus que vino, lleno de anónimos. En esta ocasión, al Nástic lo dejaron con uno menos pronto. Ojo fino el del árbitro para mandar a la caseta a Arzo por una pugna ante Rubén que podría haber resuelto con una amarilla que nadie hubiese discutido. En cuesta abajo, era una cuestión de tiempo que llegara el gol. Vinieron cuatro, y hasta pocos fueron. Lo que empezó siendo un partido, terminó en abuso, puro recreo o enseñamiento, interpreten ustedes. Quizás demasiado postizo y, convendrán, más destinado a la estima y confianza que a sacar conclusiones. Si el Nástic con once ya tenía mil limitaciones, con diez hasta le costó mantener el equilibrio. Y Las Palmas, que necesitaba una función cómoda y confortable, abrió el grifo de los goles y el fútbol a conveniencia. Anotó antes y después del descanso, para destrozo psicológico del visitante. Luego se dio lujos, con pisaditas, regates, posesiones eternas, llegadas por todas partes, ocasiones de amplio catálogo. Hasta Sacko, con minutos de saldo al final, buscó su minuto de gloria en plena crecida. Todos querían el homenaje rendido el Nástic y presto a la diablura que se preciase.

El 4-0, independientemente de cualquier lectura, es un calmante superlativo y le da la UD el efecto deseado, el exacto. Un punto para empezar a crecer y desplegar todo lo que se tiene y que, seguro, ha de alcanzar para el objetivo. Para el ascenso. Rubén está desatado, Timor calzó con buena nota, Tana sigue en proceso de volver, Fidel agrada siempre que le dan carrete, con Cala no hay balón fácil para ningún delantero, Galarreta va dejando atrás su timidez... A base de nombres propios emerge el coro llamado a dar alegrías al Gran Canaria.

En la cuarta fecha del calendario los planes de Jiménez fueron decididos. Plantó un seis posicional como Timor para aliviar a la defensa, descolgó por delante a Galarreta y Maikel Mesa y encargó a Fidel y Tana que agitaran el árbol, que Rubén no iba a dejar pasar ninguna. Por los costados, carril limpio para Lemos y De la Bella, más activo el recién llegado. Claras intenciones de ataque que, sin embargo, no se tradujeron en juego y aproximaciones hasta bien tarde. Le costó más de lo debido al equipo filtrar pases y generar espacios. Por momentos, excesiva elaboración, nula profundidad, Cala y David García sin más basculación posible. No hubo murmullos en la grada, pero por poco. Porque casi nada salía bien frente a un rival cohibido, sin chicha, con el victimismo en vena. Ya cuando el colegiado, que pasaría por alto un empujón a Manu de De la Bella en área propia, decidió que Arzo debía irse a la calle, en acción con Rubén que no es inapelable y admite comentarios, se le terminó de caer todo encima. Hasta la roja a su central, apenas amagos de Maikel Mesa, algún centro que no alcanzó Rubén, intenciones inconclusas de Tana...

Ya sin Arzo, todo se resumía en el momento en el que llegara el primer gol. Y vino justo cuando más se cotizaba, al borde del descanso, puro veneno para un Nástic que soñaba con resistir. No estaba la tarde para romanticismos y menos con Rubén Castro al acecho. Un envío de Ruiz de Galarreta a la multitud terminó disparado con dos rebotes que dejaron la pelota para la derecha de Rubén en posición inmejorable. Ya conocen el resultado. Así se llegó al entretiempo. Un 1-0 que ya inclinaba todo al interés propio y que hundía las mínimas esperanzas de rebelión.

A poco de la reanudación, Timor coló el segundo. Un zurdazo desde lejos que no pudo ver el meta y que entró por el centro y con placidez. Ya el 2-0 cerró la persiana y, con más de media hora por delante, redujo el interés a ver cuántos se incluían en la cuenta. Lemos, hasta entonces bien discreto, emergió para romper aguas. Primero con una rosca a la cabeza de Rubén, cuyo apetito es insaciable. Luego, con un zapatazo desde la frontal que le permitió anotar un gol de bandera. Enorme el lateral gallego para justificar su dorsal con un tramo final de partido que le elevó a protagonista.

Con 4-0 siguió la UD. No quería Manolo Jiménez pasos atrás, alérgico como es al conformismo. Metió hombres al frente ofensivo en busca de un marcador más amplio, consciente de que podía ser una oportunidad irrepetible para hincharse. Fueron ratos vistosos para la grada, ya sin nervios y con ganas de dejarse la garganta de alargar al máximo el grifo que había abierto Rubén.

Pero ahí quedó el resultado, que no está nada mal, dicho sea de paso. La UD pasó una buen tarde, erradicó urgencias y recuperó pegada y mensaje al resto. Aspirante a todo que, además de serlo, lo demuestra. No todos los rivales serán como el Nástic, muchos tendrán alguna intención, la mayoría competirá con once. Pero estos partidos hay que sacarlos y sí, en el meollo, la UD cubrió el expediente con ramalazos de buen gusto. Todavía se detectan aristas por limar, rendimientos desiguales, alguna desconexión típica de estas fechas, salvable y con remedio conocido.

Lo mejor es que las piezas siguen su maduración, la UD camina al galope de Rubén y de los ocho puntos que relucen en su casillero y, desde ayer, mira al futuro con paso más firme, sabiendo que sus poderes le diferencian, que le va a bastar con lo que tiene y que con muy poco, revienta al que pille.

Ya pasó el Nástic por taquilla. Rostros felices, alivio generalizado, buenas perspectivas, Rubén on fire y comieron perdices. Es lo mínimo que se le puede exigir a un equipo en despegue que exhibe mandíbula y recupera tono y sensaciones. Pero es más importante lo que viene que lo que fue. Mal haría Jiménez en regodearse de lo que tiene. No será así. Él es el primero que conoce las trampas de la autocomplacencia. Lo de ayer, tampoco se engañen, fue una faena del montón.