Carmen Laucirica, presidenta de Plena Inclusión / R. C.

Carmen Laucirica / Presidenta de Plena Inclusión

«Las personas con discapacidad tienen derecho a vivir en sus propios barrios»

Asegura que para lograr la conciliación de las familias sin recursos se buscan alianzas con otros colectivos y defiende la educación inclusiva

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPE Madrid

El hermano mayor de Carmen Laucirica, que es la nueva presidenta de Plena Inclusión -un movimiento que agrupa a 950 asociaciones dedicadas a las personas con discapacidad-, sufrió asfixia durante el parto y la falta de oxígeno le causó discapacidad intelectual. Tiempo después, su hijo, que ahora tiene 33 años, fue diagnosticado de autismo. Partiendo de su propia historia, Laucirica, que nació en Guernika y vive en Canarias, mantiene que, desde entonces, se ha avanzado en la conquista de derechos y en la mejora de los cuidados de las personas con discapacidad, pero «partimos de una situación muy debilitada y las personas con discapacidad necesitan que nos demos más prisa en todo lo que tiene que ver con mejorar su calidad de vida».

Con 69 años y después de una carrera en el sector bancario de la está jubilada, Laucirica es la primera mujer que preside Plena Inclusión, organización que está apunto de cumplir seis décadas. «Vamos rompiendo techos y no pasa nada. Hay que normalizar que una mujer asuma cualquier responsabilidad, pública o privada».

-En 2019 las personas con discapacidad intelectual pudieron votar por primera vez, ¿era una de las reivindicaciones más importantes?

-Mi hijo no tenía derecho a voto. Votar fue una sensación emocionante para él y para todos los que participamos. Era inconcebible que hubiera ciudadanos de tercera que no podían expresarse.

-También se ha prohibido por ley que las mujeres con discapacidad sean esterilizadas.

-La esterilización forzada es un drama que afecta a las mujeres con discapacidad en general, pero que tenía consecuencias terribles para las que la tienen intelectual. Se la hacían sin que fueran conscientes del proceso. Era una lacra.

-¿Cuál es el próximo paso?

-Vamos a abrirnos a la comunidad y trabajar con el resto de los colectivos. Se habla mucho de la generosidad. No tiene ningún sentido que caminemos solos, cuando estamos interrelacionados. Cualquiera de las opciones que hay en un ser humano se mezclan en una persona con discapacidad intelectual. Siempre que los colectivos unamos fuerzas vamos a ir muchísimo más rápido y, sobre todo, no vamos a desperdiciar esfuerzos.

-¿Y las líneas estratégicas para esta década?

-Primero, lograr más leyes que apoyen a las familias, en particular una de conciliación. No está suficientemente regulado el derecho de las familias a tener su propio espacio.

-¿Era su caso?

-Yo tengo una familia muy cohesionada, que nos apoyamos unos a otros, y personas que trabajan en casa desde hace muchos años. Tanto mi marido como yo teníamos horarios de puestos de responsabilidad, y para conciliar necesitábamos ese apoyo. Podíamos pagarlos. Pero quien no gane lo suficiente, tiene que quedarse en casa, haciendo esa labor. Los padres y las madres deben poder decidir, sin que el tema económico les condicione.

-¿Entre cuidados o derechos qué es prioritario?

-El derecho implica cuidados sociales. Pero más que de «cuidados», ahora hablamos de «apoyos». Proporcionarles apoyo para que consigan cualquier meta. Sería un sinsentido pensar que vamos a dejar a las personas con discapacidad intelectual a su libre albedrío sin apoyos. Sería un fracaso total desde el principio.

-Habla de lo económico. ¿Qué necesidades se cubren con amor y cuáles no?

-Con amor sólo se cubren las afectivas. Vuelvo a personalizar mi respuesta, porque el apoyo que necesita mi hijo, Mario, es exactamente igual en todas las familias: hay necesidades que puede tener un hombre joven de 33 años para las que debe sentirse independiente, como tener una vida en comunidad, desplazarse en una vivienda... se necesitan recursos. Entonces, por desgracia, tenemos que hablar siempre de dinero.

-¿Cómo es la integración ideal?

-Creo más en la inclusión. La ideal sería que las personas con discapacidad tengan el derecho a vivir en sus entornos naturales, en sus propios barrios y con los mismos recursos que tenemos todos. La mejor forma para que tengan su espacio dentro de la sociedad, sin forzarlas, es con la educación inclusiva. Pero es difícil incluir si el resto de la sociedad no ha conocido la discapacidad, al no tenerla en su entorno.

-Como madre de una persona con autismo, ¿qué ha aprendido?

-Mi hijo me enseña paciencia, que yo tenía poca, y me enseña generosidad. Ayuda a la familia a unirse, nos da una perspectiva del mundo diferente, mucho más social. Hay muchísimas cosas positivas. Obviamente hubiera preferido que Mario no tuviera los 'handicap' de su condición, pero nos ha enriquecido mucho. También depende de cómo puedes afrontar esta situación. Nuestro entorno es favorable, vivimos en un pueblo de Gran Canaria, con todas las condiciones que hacen que la vida sea más amable.