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Una mujer utilizando el generador de textos de ChatGPT. JUAN CARLOS ALONSO
La inteligencia artificial reta a la universidad: «No es plagio, pero el trabajo no es tuyo»
Educación

La inteligencia artificial reta a la universidad: «No es plagio, pero el trabajo no es tuyo»

La ULPGC se alinea con la Conferencia de Rectores y apuesta por explorar herramientas como el ChatGPT y mitigar sus riesgos. Prohibirla «no es factible», dice el Gobierno

Luisa del Rosario

Las palmas de Gran Canaria

Domingo, 16 de abril 2023, 02:00

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La llegada de internet obligó a las universidades a parapetarse contra el plagio adoptando sistemas de reconocimiento de texto para evitarlo. Hoy cualquier escrito académico debe pasar el filtro de alguno de los programas que cotejan con miles de documentos si hay «corta y pega». Pero ya no parece suficiente. La irrupción de la inteligencia artificial (IA) con herramientas como el ChatGPT, capaz de resolver preguntas o escribir párrafos sobre diferentes cuestiones que se le planteen, obliga a dar un paso más.

Si el alumnado utiliza el ChatGPT para redactar un ejercicio o un artículo, «no es plagio, pero el trabajo no es tuyo», asegura Norberto Ramos, director del Campus Virtual de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC). Y eso supone un reto para la universidad.

El Gobierno cree que la opción de prohibirla no es factible, pero hay que analizar el impacto que tendrá sobre la docencia y la evaluación. Para ello el Ministerio de Universidades y la Conferencia de Rectores (CRUE) han creado un grupo de trabajo.

Coincidencias textuales

«Los sistemas antiplagio buscan coincidencias textuales en una base de datos indexada», explica Ramos. Para quien también estos programas no son suficientes. «Buscan el porcentaje» de ese posible plagio, pero eso solo «no vale nada», añade. Se refiere a que quizás el tanto por ciento de coincidencias sea elevado, pero está teniendo en cuenta las citas que, por otro lado, pueden estar bien referenciadas. «Es la visión del docente que corrige» la que marca la diferencia, añade Norberto Ramos.

Con la IA el problema es por completo «diferente». La generación de texto es «excepcionalmente buena», reconoce Ramos. Aunque sí se nota «cierta mecanicidad». Ramos recuerda en buena parte de las universidades, incluyendo la ULPGC, se está experimentando haciendo pruebas con profesores para investigar los efectos que tiene y cómo aprovechar las ventajas que proporciona sin sufrir los inconvenientes.

Impacto de la IA

A mediados de febrero el comité de aprendizaje y enseñanza de la Asociación Europea de Universidades (EUA), al que pertenece la CRUE, publicó un documento con «consideraciones clave sobre el impacto de las herramientas de inteligencia artificial (IA) en la Educación Superior y el uso responsable» de las mismas. A juicio de la asociación, estos sistemas pueden tener aún «deficiencias», pero hay que tener en cuenta las ventajas, al tiempo que considera «inútil» prohibir su uso en la docencia por las virtudes que puede aportar.

Una de las claves que destaca la EUA es que «las universidades deben discutir formalmente el uso responsable, ético y transparente de las herramientas de IA y otras tecnologías emergentes con el personal y los estudiantes».

Proyectos de IA en las universidades

La IA puede coadyuvar a mejorar los sistemas de enseñanza y de aprendizaje. De hecho, como recuerda Ramos, desde las propias universidades se trabaja en distintos proyectos de inteligencia artificial. El problema se centra, especialmente y con urgencia, en la evaluación. Ramos lo compara con el uso de internet cuando esta surgió. Parecía que acudir a la web era «hacer trampa». En su opinión, hay que aprender cómo contesta la IA para, por un lado, mejorar las preguntas que se hacen al alumnado y, por otro, cómo respondería a la prueba una máquina entrenada.

Es incontestable que las ventajas son obvias. Adaptando la IA a las necesidades docentes, el alumnado puede «aprender más rápido» y el profesorado aprender nuevas formas de enseñar como ocurrió cuando la educación se tuvo que adaptar a la pandemia. Además, su irrupción abre otra senda, la de ofrecer nuevas titulaciones que sean «sensibles a la nueva formación» que se abre con la IA. Entre las desventajas, destaca Ramos, que hay que tener en cuenta que los algoritmos pueden tener «sesgos». Cuando la IA «aprende» también capta nuestros propios prejuicios con todo lo que conllevan.

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