Agricultura con raíces y en clave 2.0

03/12/2018

Un joven agricultor de Valle de los Nueve demuestra que se puede generar riqueza en el campo con ayuda de los últimos adelantos técnicos y los conocimientos científicos, pero sin perder el arraigo a las tradiciones y el respeto al medio ambiente. El embrión de su modelo es una finca en García Ruiz. Le quitan las naranjas de las manos

David tiene alma de boyero y cerebro de capataz agrícola. Solo suma 31 años, pero ya podría servir de ejemplo de esa necesaria comunión entre el sabio de la tierra y el técnico formado. Es un joven de Valle de los Nueve que se crió y aprendió tras un arado, el de Tomasito, pero que ahora recurre a la tecnología 2.0 para sacar rendimiento a sus cultivos.

Esta mañana David Rodríguez echa horas en la Finca García Ruiz, en las estribaciones de las medianías teldenses. Recoge mandarinas que saben y huelen a mandarinas. Pega en la faena con la fresca, desde que clarea el día, a eso de las 06.30 horas. Por eso a las 10.00 de la mañana ya tiene la cosecha lista para plantarla en los puntos de venta. Entre ellos, las tiendas y clientes de Spar. A esto es a lo que se le llama producto kilómetro cero. David es uno de los seis productores que firmaron días atrás un convenio con la cadena de supermercados para sacar la producción de naranjas de Telde durante esta campaña.

Su hermano Alfredo trabaja con él. También tiene tarea por delante. Saluda y sigue con la mirada puesta en la faena. Con paciencia y tacto ordena las naranjas en cajas. Busca que no se cuele ninguna que no responda a los exigentes requisitos de calidad que se autoimponen estos jóvenes que, pese a ser millennials y manejarse como peces en el agua con las nuevas tecnologías, labran su futuro pegados al surco que dio de comer a sus abuelos.

Pero hay una diferencia. Sus ancestros, como la mayoría de los agricultores de antes, o eran jornaleros o cultivaban un cacho de tierra que apenas les daba para subsistir. El modelo al que aspira David quiere, además, crear economía y empleo, investigar mejoras de rendimiento y explorar nuevas variedades de frutos, pero sin perder nunca el apego a la tradición y el respeto al medio ambiente. ¿Y eso cómo se hace con 31 años? David lo hace sencillo aunque no lo sea, porque no todos tienen su arrojo ni su instinto ni sus conocimientos. No es un terrateniente. Le arriendan las fincas. Sobran terrenos agrícolas abandonados. Tampoco nació millonario ni se ganó la lotería. Así que bucea en los programas de ayudas de las administraciones y capta subvenciones y recursos.

Un embrión de su proyecto es esta finca de García Ruiz, una explotación de 30.000 metros cuadrados que le han arrendado por 15 años, que cogió a principios de 2017 con 470 árboles y donde ya ha plantado otros 500 más. De entrada, le cambió todo el riego. Del que estaba por aspersión ha pasado a otro por goteo. Riega a diario y ahorra agua. Se lo controla todo un ordenador de riego que le mide conductividad, ph, etcétera. Unos sensores desplegados por el cultivo hacen que riegue cuándo y dónde la tierra lo necesita. Con eso, y tras aplicar técnicas de poda, eliminar herbicidas, usar estiércol de ganadería tradicional y aplicarle al suelo un compost con restos de la poda para enriquecerlo de materia orgánica, en solo un año ha logrado que árboles de más de 40 años en un suelo que estaba sobreexplotado pasen de una producción de 18.000 kilos en 2017 a 30.000 este año.

Con mimbres así, lo normal es que le quiten las naranjas de las manos. En el mercado agrícola de Ingenio hace dos semanas llevó 700 kilos y a las 12 ya se quedó sin mercancía. Ayer llevó 1.200 y le sobraron 40. Poco a poco, David construye su futuro, y mientras tanto, contribuye a rescatar el paisaje agrícola de Telde y a conservar su fama como morada de la mejor naranja de Gran Canaria.