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Episodio 2

El músico del mapamundi

Borja Catanesi conquista las calles de una infinidad de países armado con su guitarra, su amplificador y sus pedales. Está considerado como el mejor 'busker' del mundo

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Miércoles, 25 de octubre 2023

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La primera vez que Borja se plantó en mitad de la calle, solo y con su guitarra, no sabía que con ese gesto estaba comenzando su carrera profesional como músico callejero. Después de aquella vinieron cientos de actuaciones: «Hay algo de vergüenza en los primeros acordes, pero una vez te sueltas, ya no hay marcha atrás».

Desde entonces, Borja ha recorrido gran parte del mundo para compartir su pasión por la música, aunque la tentación de subirse sobre un escenario le estaba esperando a la vuelta de la esquina.

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Créditos

  • Una historia de Andrea Morán

  • Edición Luis Gómez Cerezo y Carlos G. Fernández

  • Producción técnica Íñigo Martín Ciordia

  • Diseño sonoro y mezcla Rodrigo Ortiz de Zárate

  • Coordinación general Andrea Morán

  • Ilustraciones Raúl Canales

  • Dirección y producción ejecutiva José Ángel Esteban

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Transcripción

Episodio 2

El músico del mapamundi

PODCAST | EL MÚSICO DEL MAPAMUNDI
SONIDO CALLE
JOSÉ ÁNGEL ESTEBAN: Bienvenidas y bienvenidos a nuestras historias
JAE: En mitad de la pandemia, allá por la primavera de 2020, las calles de La Haya estaban casi desiertas. En Holanda no se dio un confinamiento estricto, pero aquel día la lluvia había vaciado la ciudad.
BORJA CATANESI: Para mí era un día malo. Era un día donde me hice dos horas de tren para probar a tocar en una ciudad nueva…
JAE: Era una ciudad nueva pero seguro que existía algún sitio, algún lugar en el que hacer lo suyo.
BC: Fui a tocar porque dije: «Hay un sitio con techito que ahí puedo tocar». En el techito había otro músico y dije: «Bueno, dos horas de viaje para nada». (risas)
JAE: No se dio por vencido…
BC: Fui a probar, toqué un poco, me echó la policía…
JAE: Así que definitivamente, Borja Catanesi, músico valenciano, no había elegido un buen día para tocar en la calle. Aunque estaba desanimado, recogió su equipo y perseverante, decidió intentarlo una tercera vez. En otra calle del centro, una peatonal, con un puesto de bicicletas al lado y algunos charcos a su alrededor…
JAE: Tejanos y jersey. El pelo en una coleta, sus dedos rasgando la guitarra y él, siempre en movimiento. Cuando toca, a Borja Catanesi parece que la música le atraviesa todo el cuerpo.
JAE: Y pronto, dejó de ser el único que bailaba en ese día gris…
BC: Un bailarín profesional. Tenía 68 años, va vestido siempre impecable, con su bastón, su sombrero, y se puso a bailar de una manera tan increíble.
JAE: Intercambiaron movimientos, planteándose un duelo o quizá un dúo porque uno baila y el otro responde con más pasos: pequeños saltos, juegos con la punta y el talón, adelante y atrás… así hasta agacharse y casi tocar el suelo. El suelo encharcado de La Haya, en Holanda, en plena pandemia.
BC: Al final la calle vacía, él bailando y yo bailando a muerte. Y esa sensación de: «Mira, cómo este chaval joven con este señor mayor están aquí gozando».
JAE: La conexión de la música en vivo y, en concreto, de la música en la calle. Borja la ha experimentado con desconocidos de todo el mundo. Empezó tocando sobre un puente de Valencia, con su mejor amigo del instituto, y ahora es capaz de reunir a cientos de personas, miles, en una plaza.
JAE: Es un músico callejero, pero no uno cualquiera.
BC: La música es energía. Si tú me das energía, yo te doy más.
JAE: Es el mejor del mundo.
CABECERA. FUERA DEL RADAR. EN ESTE EPISODIO: EL MÚSICO DEL MAPAMUNDI
BC: La compramos vacía la furgoneta y con un amigo carpintero, construimos todo el interior.
JAE: Esta mañana Borja se ha despertado a 2.000 metros de altura. Ha dormido en la Sierra de Madrid, dentro de su furgoneta camperizada.
BC: Tengo la cama, tengo fuego, tengo un grifo con agua. Pronto le instalo los paneles solares y bueno, eso es autosuficiente entonces…
JAE: Después de una buena reforma, la utiliza como vivienda. Una casa rodante que, más allá de algo de ropa y tres o cuatro pertenencias, le permite viajar con lo más valioso que tiene: su amplificador, sus pedales y su guitarra.
JAE: Vamos a escuchar y hasta a tararear un poco más de esta historia que sigue contando Andrea Morán.
ANDREA MORÁN: Borja Catanesi se define como un BUSKER. Sí, busker: «b-u-s-k-e-r».
BC: Cualquiera que esté haciendo una actuación callejera, ya sea malabarista, payaso, músico... Viene de la palabra 'buscar', tipo buscavidas. Es un poco eso.
AM: ¿Y qué busca Borja? Lo primero que pienso es en la aventura. Me cuenta que ha llegado a Madrid hace apenas unos días. Su novia y él han recorrido en coche cientos de kilómetros desde Holanda y la semana que viene estarán por el Levante. Ese ímpetu por el viaje, por el movimiento, le viene de familia…
BC: Mi padre era comerciante y tenía una empresa de bisutería, comerciaba, importaba. Iba a China un mes al año, traía cosas... Entonces para mí eso de ver esas fotos de Tailandia, Taiwan… Yo creo que el viaje siempre me interesó por conocer otras culturas.
AM: Esa sería otra posible respuesta, pienso. Borja busca lo extranjero, lo diferente… Desde pequeño, le ha llamado la atención, desde que vivía en Valencia:
BC: Había un barrio chino y cada vez que iba con mi madre ella me recuerda que yo siempre decía: «Mamá, tengo que viajar, hay que viajar!!».
AM: Su padre, argentino, y su madre, española, hicieron que la banda sonora de su infancia estuviera llena de influencias…
BC: Para mí estuvo presente siempre la radio, ese CD de flamenco que escuchaba mi madre, Franco Battiato… Mucha música diversa. Tengo un par de tíos músicos profesionales. Uno era el teclista de Mocedades. Y Javi, mi otro tío, toca guitarra flamenca, rumba...
AM: En la casa familiar, todas las reuniones terminaban siempre con música en directo, con alguien agarrando la guitarra. Borja tardó un tiempo en cogerla, porque primero lo intentó con el piano…
BC: Hubo un momento que dije: «Mamá, no quiero ir más a música». Yo dije: «Solo quiero ir a piano, no a solfeo». Pero no se podía. Entonces hubo que cortar.
AM: Fue a los 16 cuando se fijó en una guitarra española que tenían por casa y que estaba llena de polvo…
BC: Y mi madre dijo: «Oye, ¿por qué no la coges?» y la cogí. Estuve probando y al final me enganchó y empecé a poner etiquetas: «Vale, aquí está el Sol, aquí el La…». Aprendiendo las canciones que me gustaban. Descubrí a los Rolling Stones, a AC/DC… Todo eso fue lo que me enganchó a decir: «¡Si es que esto me gusta!», y al final, una vez cogí la guitarra ya no la dejé.
AM: No volvió al conservatorio. Su primer viaje por la música lo hizo por internet, entre páginas de descargas y descubrimientos 'ambiciosos'…
BC: Descubrí un archivo que era 'El libro de 101 álbumes que hay que escuchar antes de morir'. Y me empecé a descargar todo.
AM: Un grupo le llevaba a otro que le descubría a un cantante que le abría las puertas a un género y este a otro más… Así hasta un sinfín de referencias y nuevas sensibilidades:
BC: Para mí fue un punto clave descubrir a Fela Kuti, que es el creador del afrobeat, que es el funk africano nigeriano. Y dije: «Si esta música es buenísima, tiene un groove, tiene una marcha, tiene una fuerza!».
AM: Afrobeat, pero también música latina, salsa, hip hop… La mente de Borja (y su disco duro) se iban llenando de nombres y grupos. Tenía 16 años y compartía sus hallazgos:
BC: Pues tenía mi grupillo de amigos con los que tocábamos y compartíamos esa pasión de «Vamos a hacer un poco de ruido, la batería, aprender canciones». Decir: «Molaría poder compartirlo».
AM: Claro, pero…¿dónde?
SONIDO TRÁFICO
AM: El túnel de la estación de Bailén, en Valencia. Ahí se plantaron Borja y su amigo Mikel:
BC: Era muy ruidoso, pasaban coches, y encontré un enchufe que para mí en ese momento era la mayor incógnita. ¿Cómo puedo encontrar electricidad para una guitarra eléctrica?
SONIDO GUITARRA ENCHUFADA, PRIMERAS NOTAS
BC: Fuimos con una batería, el altavoz de 100 vatios y empezamos a hacer ruido... Dos jóvenes ahí haciendo algo en un lugar donde nunca había nada, pues siempre sacan una sonrisa a la gente.
AM: Aquello le dejó con ganas de repetir. El espacio público tenía algo de atrevimiento, de arrojo. Muchas veces salían a tocar a la terraza de Mikel, que vivía en un primer piso, y disfrutaban de ver cómo la gente reaccionaba desde la acera… Pero pronto a Borja aquello le supo a poco.
BC: Claro, hay un momento en que para tus amigos es un hobby y para mí era una pasión intensa con la que quería seguir y seguir avanzando.
AM: Se puso en contacto con otros músicos, empezó a tocar en varios grupos y bandas de Valencia, donde la cultura musical es muy popular. De repente, él, un chaval de 17 años, se codeaba con gente de 30… Alternaban el funk con el reggae. Su máxima era la fusión. Borja se quedaba fascinado escuchándolos y supo aprender de ellos:
BC: Me abrió las puertas a un nuevo mundo, también a una madurez musical de entender la música, de apreciar, de decir estamos aquí haciendo hip hop, pero la salsa nos flipa.
AM: La prueba de fuego llegó cuando quiso tocar solo en la calle, sin nadie más. Fue en pleno centro, en la Plaza de la Reina.
BC: Para mí fue un momento muy importante decir: «Voy a ir solo, me estoy enfrentando aquí a que me vea gente, amigos de mi familia o gente que me conoce».
AM: Sin la protección de un grupo, de un colega o de una batería.
BC: Los primeros acordes de vergüenza, y luego ya uno se suelta y ya no hay marcha atrás.
AM: Aquel día fue el primero de muchos. Decenas, cientos de actuaciones que estaban por venir. Borja, que se había matriculado en la universidad para estudiar Filosofía, decidió abandonar la carrera en primero:
BC: Tenía muchos ensayos. Los ensayos suelen ser nocturnos. Vuelves a casa a la una. A las dos. Conciertos… al final no, eso no cuajó.
AM: Pero sí lo hicieron otras cosas en su lugar:
BC: Empezaron a cuajar los conciertos, la música callejera, donde me di cuenta de que me abría las puertas al viaje, a descubrir otras culturas, a moverme, a ser independiente, que para mí la independencia era siempre lo primordial.
AM: Su entorno familiar lo apoyaba, pero al principio sus planes levantaron algo de suspicacia…
BC: Pues recuerdo por ejemplo mi madre decir: «Pero esto no es para toda la vida…». Y yo entiendo esa reacción. Y en el momento le dije: «Mamá, ya iremos viendo…».
AM: Fue entonces cuando Borja se embarcó en la vida itinerante que lleva ahora. ¿El objetivo? Pues compaginar música y viaje; calle y kilómetros. Con 19 años recorrió en coche gran parte de Europa junto a su novia…
BC: Tocar en Francia, tocar en Holanda, Alemania, Austria. Italia…
AM: Gracias a esas actuaciones, ya 'volando' solo, empezó a ser consciente de todo lo que se necesita para hacer música en la calle:
BC: Yo, concretamente, para lo que hago necesito un amplificador, un altavoz, junto a mis pedales, pie de micro… Voy con un carro para llevar todo, que al final son como 30 kilos de peso.
AM: Eso en lo técnico, en lo material, pero no es lo único:
BC: Y luego hace falta energía. Hay muchos músicos que se dedican a tocar música, a hacer sonidos, pero yo creo que la calle es un lugar para conectar, para crear miradas, para jugar con el público. A mí me gusta llamarme más «entertainer».
AM: Porque para Borja, gran parte de su actuación consiste en observar lo que está ocurriendo a su alrededor…
BC: Si veo una persona mayor que está disfrutando, pues me acerco para darle un momento de tocar junto a él una sonrisa, compartir movimientos, baile y al final crear un buen recuerdo al espectador.
AM: En sus redes sociales comparte muchos de estos momentos, como el que ocurrió en La Haya. Desde muy temprano, Borja entendió el poder de internet: él puede estar tocando en una calle concreta pero, al mismo tiempo, llegar a personas de todo el mundo.
BC: Tantos mensajes de gente de Japón, de Perú, de sitios donde nunca he ido. Y probablemente no voy a ir en la vida porque no me va a dar tiempo. Y gente que se ha sentido inspirada por lo que hago.
AM: Viaje arriba, viaje abajo, Borja fue comprobando además que los gustos musicales de cada país no coincidían. Y tampoco debía hacerlo su repertorio:
BC: Por ejemplo, en España nunca tocaría La Bamba, pero si la tocas en Alemania flipan. Es el topicazo español y la gente, buf, ya se siente de vacaciones.
AM: Tocar en la calle fue consolidándose como su pasión, pero también como su trabajo, con sus horarios y sus días fuertes:
BC: Es tener una constancia mental de que tengo que generar un ingreso para seguir costeando todos los gastos que tengo a diario.
AM: Este era el día a día de Borja, pero en 2015, se le presentó una oportunidad única que le llevaría a pisar un escenario… En Nueva Zelanda se celebraba un concurso internacional de músicos callejeros: buscaban formar una Global Street Band que después, como premio, haría un tour tocando por todo el país.
AM: Envió su vídeo para inscribirse: se grabó tocando con la Ciudad de las Artes y las Ciencias de fondo…
AM: Solo 5 músicos fueron seleccionados:
BC: Gustavo, batería de Colombia; Wozzeck, bajista polaco, vivía en Edimburgo; Toby, de Bélgica; Kate, de Estados Unidos…
AM: …Y Borja, de España. Durante diez días se convirtieron en una banda. Actuaron juntos y también en solitario. Aquello supuso un punto de inflexión en su carrera:
BC: Recuerdo tocar yo sólo para igual 15.000 personas, fue un concierto muy grande donde el primer ministro de Nueva Zelanda, al principio del concierto vino y nos dio la mano a toda la banda. Fue algo muy increíble.
JAE: De las calles a un estadio con 15.000 personas. Borja solo tenía 20 años y ya estaba experimentado el éxito.
BC: Fue una locura. Y a raíz de eso, en los medios, en España me titularon como el mejor músico callejero del mundo.
JAE: Estaba consiguiendo lo que un músico suele desear: subirse a un escenario delante de miles de personas. Pero su caso no tiene nada de corriente…
JAE: Enseguida retomamos el relato.
PAUSA
JAE: Así que… hay que sacar la guitarra, la pedalera, el pequeño amplificador… enchufar, preparar las primeras bases, grabar unos acordes, y sobre todo eso empezar a cantar, a hacer solos ... y todo en plena calle, bajo el sol o bajo la lluvia. La calle, el espacio al aire libre tiene su propio tono, la afinación del mundo que Borja Catanesi anda buscando.. más allá de las salas de conciertos.
JAE: Porque ahora que ya ha arrasado en los escenarios oficiales y hasta grandiosos… ¿cómo seguir? Continúa con la historia, Andrea Morán.
JAE: Sigue contando esta historia Andrea Morán.
ANDREA MORÁN: Puede sorprender que después de haber probado las mieles del éxito, después de tener a miles de personas aplaudiendo, Borja siguiera apostando por la música callejera. Pero lo tenía muy claro:
BC: Siempre existe esta dualidad de: «Tocas en la calle, pero en los escenarios es mejor. Podrías estar tocando en el escenario». Bueno, para mí es al revés..
AM: Para él, en la calle todo se vuelve más íntimo, más auténtico…
BC: Es algo… Cómo decirte. Lo que me gusta de la calle es que nadie ha pagado una entrada para verte. Me parece algo muy democrático. Y me gusta ese contacto tan puro y tan sincero con la gente.
AM: Por eso regresó a la carretera: volvió a salir con su equipo y retomó el viajar de manera espontánea, sin guías ni calendarios. Comprobó que seguía sintiendo ese subidón al actuar en público o al formar un corro:
BC: El groove. El groove es eso que te genera dentro. Cuando hay algo que tiene un buen ritmo, que te apetece empezar a moverte, que dices: «Oh, yeah!». Eso es el groove.
AM: El groove, eso es realmente lo que busca Borja. La conexión, el buen rollo, ese momento en el que es imposible no mover los pies…
BC: Y en general suelo sentir el groove con el funk, con el blues, con el reggae, cuando hay una cadencia y un ritmo con una melodía que te coge, te llama la atención y te sacude un poco.
AM: Exactamente así se podría explicar lo que le ocurrió a un niño que debía tener un par de años y que empezó a moverse al ritmo de la música que le proponía Borja. Fue en los Países Bajos:
BC: Hay muchos niños que ven una guitarra por primera vez. Es una oportunidad para mí para mostrar lo que es un instrumento, lo que se puede hacer con él, lo que genera a la gente al estar tocando.
AM: También recuerda la tarde en que un chico de 15 años le preguntó si podían improvisar juntos y hacer algo de beatboxing. Fue en Kempten, en Alemania.
AM: …O lo que sucedió actuando en Nueva Delhi, en 2020. Fue en Connaught Place, la plaza principal de la ciudad, allí encontraron una plataforma:
BC: Entonces era perfecta para poner todos los bártulos, tocar y recuerdo que fue abrir la guitarra, el estuche de la guitarra y ya teníamos un corro de gente mirando, todos serios, con una cara sorprendida también...
AM: Cuando empezaron a tocar, a sonreír, a moverse, todo fluyó:
BC: Se juntó tanta gente que todos empezaron a dar un pasito hacia adelante y era un círculo en el que al final no teníamos espacio para actuar casi, de la gente que se estaba juntando.
AM: Pero la calle también tiene sus inconvenientes y cada vez es más consciente de ellos. Algo que le afecta directamente son las leyes. Las normas por las que cada país, cada región, regula la música en la calle y el ruido. Eso le ha provocado más de un incidente:
BC: Muchas veces la policía o me ha multado o he tenido circunstancias bastante fuertes. Igual de meterme hasta en el calabozo cuando todo se va de madre, digamos.
AM: No fue en otro continente, ni en otro país, fue en San Sebastián. La policía se quedó con su equipo durante varios días. Y en Valencia le ocurrió algo similar…
BC: Me multaron en Fallas por contaminación acústica y dices: «Pero vamos a ver, si está lleno de gente tirando petardos al lado de la zona de la mascletà. Al final me di cuenta de que en España tenía más problemas que fuera de España.
AM: Borja entiende la problemática de la contaminación acústica y respeta el derecho a descansar, pero echa de menos una ley más sensible a la música, que les tenga en cuenta:
BC: Hay formas de crear un espacio cultural abierto a la ciudadanía, de respetar el descanso de los vecinos, que es fundamental. Lo que sí que es viable es como hacen en Bruselas. Es decir: «Mira, de 4 a 5 se puede de 5 a 6, no, de 6 a 7 se puede…».
AM: Cree que sería bueno para el público y para los músicos, especialmente para los que se están formando:
BC: Muchísimos músicos tocan solo en su dormitorio, ¿y por qué si puedes estar en una calle y puedes estar compartiendo…? Para mí siempre ha sido un factor extra a agradecer.
AM: En 2018 Borja participó en los Universal Street Games, un concurso en Estados Unidos que tenía como objetivo encontrar a los mejores músicos, bailarines y deportistas callejeros del mundo. Borja quedó en primera posición. En 2022 repitió podio en Corea: terminó tercero en el concurso internacional de Buskers …
BC: El primero y el segundo fueron coreanos, así que para mí… (risas)
AM: Han pasado diez años desde aquella primera actuación en el túnel de la estación de Bailén, y es ahora cuando Borja mira atrás y nota la evolución…Está contento con los resultados:
BC: Yo he podido vivir desde el momento más o menos uno haciendo lo que me gusta, dirigiendo mis tiempos, eligiendo mi proceso de creación, de crecimiento personal…
AM: ¿Y en el futuro…? Quién sabe. Cuando le pregunto hasta qué edad alguien puede ser artista callejero, Borja me habla de Markus, uno de los muchos amigos que tiene repartidos por el mundo.
BC: Es holandés, pero vive en España y es un viajero de la vida. Viaja más que cualquier joven que conozco, Tiene una energía vital increíble y tendrá más de 60. Yo creo que al final es un poco la actitud que tienes, la edad no quiere decir mucho. Es solo cómo te enfrentas a la vida.
JOSÉ ÁNGEL ESTEBAN: A los músicos callejeros se les conoce como los juglares del siglo XXI.
BC: Me parece que es un acto social muy grande el llevar la música a todas partes.
JAE: Borja Catanesi está convencido del poder que tiene la música y se siente afortunado de poder vivir de ella, y hacerlo mientras viaja y comparte experiencias con la gente de a pie.
BC: Yo disfruto mucho de la música y disfruto mucho de gente que intenta poner energía en hacer algo que no es lo común, ya sea salir a hacer algo o enfrentarse al miedo de tocar en la calle o simplemente conectar con otros seres humanos…
JAE: Gracias a una campaña de micromecenazgo, publicó un disco en 2018, 'Road Echoes', que se puede escuchar en plataformas. Y entre sus planes está hacer una obra de teatro, dar forma a nuevas canciones y seguir compartiendo sus vivencias:
BC: La semana pasada escribió un chico de Japón que me dijo: «Perdona, pero me encanta lo que haces. Te voy a intentar copiar si no te importa». Y para mí es un orgullo decir que alguien disfrute lo que hago, que quiera aprender.
JAE: Para aquellos que desprecian la calle en favor de los escenarios, Borja sabe qué responder:
BC: Yo creo que a muchos músicos de escenario le hace falta más calle para al final enfrentarse al público real, que si no le gusta lo que haces pasa de largo.
JAE: Y para aquellos que a veces vamos con tanta prisa, nos pide que levantemos la mirada del suelo.
BC: Escuchar un minuto, ¡tampoco es pararse una hora!, pero valorar así los pequeños detalles que te da el día a día, como puede ser un músico callejero.
JAE: Para Borja, la música en la calle es todavía un secreto por descubrir.
BC: Yo siempre cuando empecé en la calle tenía la corazonada que es algo que va a explotar. ¿Cómo puede ser que cada ciudad no esté llena de mínimo tres o cuatro o cinco músicos?
JAE: Gracias a Borja Catanesi, por contarnos su historia, y gracias a Andrea Morán por narrarla.
JAE: Esta ha sido una más de las historias de Fuera del Radar. Soy José Ángel Esteban, gracias por escuchar.
JAE: Fuera del Radar es un podcast narrativo producido por los periodistas de las cabeceras regionales del grupo Vocento. La coordinación general es de Andrea Morán Ferrés. Carlos G. Fernandez y Luis Gómez Cerezo han hecho la edición, la producción técnica es de Iñigo Martin Ciordia, el diseño sonoro y la mezcla es de Rodrigo Ortiz de Zárate y la dirección y producción ejecutiva de José Ángel Esteban.