Del director

La censura y los espejos

Salvo cambio de última hora, Podemos registrará este viernes en el Congreso la moción de censura contra Mariano Rajoy. Sí, aquella que anunció Pablo Iglesias de manera sorpresiva y que casi habíamos olvidado, pues han pasado tantas cosas y tan graves desde entonces que hay disco duro con capacidad para retener tanta información.

La censura está condenada al fracaso pero eso le importa poco a Podemos. Es más, Pablo Iglesias puede encontrarse con que nadie, salvo los suyos, vota a favor, pero también creo que le da igual. Lo que se buscaba era ganar protagonismo, cargara contra el PP y, de paso, lanzar un misil en la línea de flotación del Partido Socialista, a ver si así se contribuye a su hundimiento y se puede seguir pescando votos en sus aguas revueltas. Es más, la fecha elegida para la presentación de la censura, si finalmente se produce este viernes, tampoco es casual: en vísperas de las votaciones en el PSOE para elegir al nuevo secretario general.

Iglesias es consciente, como lo es toda España, del mar de confusión en que navegan los socialistas, que siguen preguntándose qué necesidad tenían de haber contribuido a la investidura de Rajoy. El argumento entonces era que precisaban de tiempo para rehacer el partido tras la herencia de Pedro Sánchez, pero ahora resulta que este sigue vivo y que puede alzarse con el triunfo, de manera que ese tiempo ganado solo habría servido para que el ex secretario general se recompusiera y volviese con más bríos... y con evidente deseo de venganza.

Pero al margen de lo que pase en el PSOE el domingo, la censura augura un debate la mar de intenso en el Congreso. En especial con un PP que ve cómo la sospecha de la corrupción sigue latente, como agua contaminada que pringa a todo el que se acerca. Y ahora es la propia Guardia Civil quien señala al partido como beneficiario de votos ganados de manera tramposa, que es probablemente lo peor que se le puede echar en cara a un partido y lo que más contribuye a que el ciudadano desconfíe de la democracia en la que cree vivir.

Así las cosas, la censura será inútil pero no por ello ineficaz. Servirá para agrietar al PSOE todavía más si el domingo no hay un resultado claro; contribuirá a extender la sombra de duda sobre la limpieza de los procesos electorales... ¿y servirá para afianzar el liderazgo de Pablo Iglesias? Ahí ya no lo tengo tan claro, porque el mayor enemigo de Iglesias es el tipo que aparece cuando se mira en el espejo. Y creo que se mira muy a menudo y en una habitación que en lugar de paredes tiene espejos.