En la imagen, el secretario general de Reporteros Sin Fronteras, Christophe Deloire. / EFE

Matar al mensajero

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Las Palmas de Gran Canaria

El último informe de Reporteros sin Fronteras pone los pelos de punta. Solo 12 países en el mundo cuentan con libertad plena para ejercer el periodismo. Y advierte, además, de que la pandemia ha dado pie a que se limite aún más esta actividad. España, por cierto, no figura en ese top de los 12 mejores. Nos sitúan en el puesto 29, en el grupo de 35 estados donde la situación es calificada de bastante buena.

Pero advierte de indicadores preocupantes en dos frentes. Por un lado, en la polarización creciente, que ha llevado a que se haya erosionado la confianza de la sociedad en los periodistas y que se haya reforzado el discurso de odio contra la prensa, cada vez más estigmatizada y convertida en diana fácil para el insulto (no la crítica, que sería legítima). Y por el otro, en la falta de transparencia, como la sufrida para cubrir la llegada de migrantes a España o las trabas impuestas para informar sobre los estragos de la covid en los peores meses de la pandemia.

A mi juicio, el panorama del que alerta este colectivo es extremadamente grave. No existe una democracia real si no se garantiza el derecho a la información, a una información diversa y plural. Y no ayuda que desde el poder, o desde los partidos que aspiran a ocuparlo, se señale de forma sistemática a periodistas porque no les bailan el agua. No soy lector habitual de La Razón ni de Okdiario, ni tampoco de Última Hora, por citar dos extremos, pero siempre defenderé que existan y que la gente pueda elegir. Y es verdad que, aparte de diversa, la información ha de ser veraz. Contra la que no lo es siempre estará la opción de recurrir al amparo de los tribunales. La lapidación pública no parece un instrumento muy democrático. Digo yo.