El presidente ruso Vladímir Putin, (en el centro), junto con los líderes de los territorios ocupados, este viernes en el Gran Palacio del Kremlin. / Gavriil GRIGOROV / AFP

Rusia dispara la tensión bélica con la anexión formal de las regiones ocupadas en Ucrania

Putin firma los decretos y anuncia que los ciudadanos de Jersón, Lugansk, Donetsk y Zaporiyia «serán siempre rusos»

RAFAEL M. MAÑUECO Corresponsal. Moscú

El presidente Vladímir Putin firmó este viernes las actas de anexión a Rusia de las regiones ucranianas de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia. Lo hizo durante una solemne ceremonia en la sala de San Jorge del Gran Palacio del Kremlin, donde también estamparon su firma los respectivos jefes de gobierno instalados por Moscú en estos cuatro territorios: Denís Pushilin, Leonid Pásechnik, Vladímir Saldo y Evgueni Balitski.

En el acto estuvieron presentes los diputados y senadores de ambas Cámaras parlamentarias, el Ejecutivo ruso en pleno y numerosos gobernadores regionales, además de líderes religiosos y la plana mayor militar. A todos ellos, Putin dirigió un discurso de casi 50 minutos para explicar las razones de una decisión que Kiev ha condenado de antemano y ha causado repulsa en el seno de la comunidad internacional.

El mandatario ruso, interrumpido a menudo por fuertes aplausos, pronunció una vitriólica alocución antioccidental, quizás la más dura que jamás antes haya lanzado contra Estados Unidos y sus aliados, a quienes acusó de seguir practicando el «colonialismo». Recordó que en el pasado fueron Estados «esclavistas» entregados a la «rapiña». «Ellos deciden qué países son civilizados y cuáles no; quién tiene derecho a la autodeterminación y quién no», añadió en alusión a que a Kosovo sí se le reconoció tal derecho, pero no a los cuatro territorios ucranianos.

Recordó que EE UU «fue el primer país del mundo en emplear armas nucleares, lo que sentó un precedente». Habló también de los «horrores» cometidos por la Casa Blanca en Corea, Vietnam, Afganistán, Irak o Libia. Denunció una vez más la expansión de la OTAN, la existencia de bases americanas por todo el mundo y las alianzas que está tejiendo en Oriente con países como Japón, Australia, Taiwán e India.

El presidente ruso sostuvo que «el modelo neoliberal, neocolonial de Occidente está sentenciado». Incluso se refirió a la moral «satánica» que se defiende en Estados Unidos y Europa «ofreciendo a los niños operaciones de cambio de sexo». «¿Realmente queremos que nosotros aquí, en nuestro país, en lugar de mamá y papá, tengamos el padre número uno, número dos, número tres? ¿Realmente queremos que se impongan en nuestras escuelas desde los grados primarios perversiones que lleven a la degradación de nuestros hijos?», se cuestionó.

Putin advirtió que «las élites occidentales están levantadas contra Rusia. Son un desafío para todos, una negación completa del hombre, el derrocamiento de la fe y los valores tradicionales. La supresión de la libertad está adquiriendo las características de satanismo absoluto», manifestó Putin, frente a una Rusia donde «defendemos los valores tradicionales y religiosos». «Nuestra lucha es por una Rusia histórica más grande».

El presidente abogó por «proteger la libertad» frente a quienes buscan la «soberanía mundial» y actúan con «doble rasero». «Occidente habla de un orden internacional basado en reglas, pero ¿de dónde vienen estas reglas?», se preguntó en medio de nuevos aplausos. A su juicio, «no nos ven como una sociedad libre», sino como «una multitud de esclavos». Los «avariciosos» gobiernos occidentales, alertó, actúan exclusivamente en beneficio propio. «Ellos no necesitan a Rusia, nosotros sí defenderemos nuestra tierra con todas nuestras fuerzas y todos nuestros medios». En ese contexto, responsabilizó a los «anglosajones» de los sabotajes en los gaseoductos Nord Stream con los que «han comenzado a destruir de hecho la infraestructura energética europea. Todo el mundo tiene claro quién se beneficia de esto», añadió.

Vladímir Putin, este viernes durante su discurso en el Gran Palacio del Kremlin. / GRIGORY SYSOEV / EFE

Putin aseguró que no aspira a reconstruir la Unión Soviética. «La URSS desapareció, el pasado no puede volverse a traer y no hay necesidad de ello hoy en día. No aspiramos a eso». Pero arremetió contra los presidentes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia que, en 1991, dieron la puntilla al Estado soviético por «destruir un gran país».

Sobre los referendos en las cuatro regiones ucranianas anexionadas, Putin afirmó que «han expresado la voluntad de millones de personas. Es su derecho recogido en la Carta de la ONU». «Se han pronunciado por restaurar nuestra unidad histórica», añadió, antes de garantizar que los vecinos de estos territorios «serán siempre ciudadanos rusos». Tras acusar una vez más a Kiev de cometer un «genocidio» en Donbás desde 2014 y guardar silencio durante un minuto por las víctimas de aquel «golpe de Estado», instó al Gobierno ucraniano a «cesar inmediatamente las hostilidades y regresar a la mesa de la negociación». Eso sí, dejó claro que las decisiones sobre las últimas anexiones y la de Crimea en 2014 son «inamovibles».

Como en Crimea

El procedimiento empleado este viernes para la incorporación a Rusia de las cuatro regiones ucranianas ocupadas ha sido idéntico al de hace ocho años y medio, cuando en el mismo escenario del Kremlin, el 18 de marzo de 2014, Putin formalizó la anexión de Crimea. Aquello fue el primer paso hacia la destrucción de las relaciones entre Kiev y Moscú, agravadas cuando el presidente ruso ordenó la invasión de Ucrania el pasado 24 de febrero.

La absorción territorial de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia escenificada ayer entre aplausos, vítores y manos entrelazadas, constituye otra peligrosa vuelta de tuerca de Putin, no sólo a Ucrania como Estado sino al orden mundial establecido tras la II Guerra Mundial. El presidente ruso se apoya en los resultados de unos referendos celebrados entre los días 23 y 27 en las regiones ocupadas, no reconocidos por nadie salvo por él mismo y los rebeldes prorrusos.

Moscú ya ha advertido a Ucrania que, de continuar su contraofensiva para recuperar estas cuatro zonas, será considerado como un ataque directo contra su «soberanía», con lo que, según advirtió Putin el pasado día 21, cuando decretó la «movilización parcial» de reservistas, su país responderá de forma devastadora. «Cuando la integridad territorial está amenazada, Rusia utiliza todos los medios a su alcance, incluidas las armas nucleares. No es un farol», avisó.

La situación ahora es de incertidumbre absoluta en la comunidad internacional. Queda por ver la respuesta que pueda dar Ucrania sobre el terreno. Y algunos analistas occidentales ven difícil que el Kremlin recurra al arsenal atómico, ya que sus efectos tendrían consecuencias sobre la población del Donbás que se ha comprometido a «proteger». Pero nadie duda de que el aumento de la tensión es mala consejera.

Miles de personas celebran la adhesión en la Plaza Roja

Miles de personas celebraron este viernes en la Plaza Roja de Moscú la anexión a Rusia de los territorios ucranianos ocupados. Desde este mítico enclave, habitual estampa de la capital, miles de simpatizantes del presidente Vladímir Putin siguieron su discurso y festejaron posteriormente la adhesión de las provincias ucranianas. «¡Bienvenidos a casa!», declaró Putin, dirigiéndose a los habitantes de los territorios anexionados. «Rusia no abre solo las puertas de su casa a esas personas, abre su corazón», afirmó desde un escenario especialmente instalado en la emblemática plaza del Kremlin. Junto al mandatario subieron al estrado los líderes separatistas. En un ambiente festivo, la multitud disfrutó posteriormente de conciertos y actuaciones. En medio del gentío se observaban banderas nacionales y algunas cintas de San Jorge con rayas de color negro y naranja, una antigua condecoración militar zarista convertida luego en un símbolo de la victoria del Ejército rojo sobre la Alemania nazi.