Un trabajador de la construcción. / ARCHIVO

La creación de empleo toca techo y se diluye el impacto de la reforma laboral

Expertos perciben una «clara desaceleración» en el tercer trimestre y un repunte de bajas de los contratos indefinidos

Lucía Palacios
LUCÍA PALACIOS Madrid

La resiliencia que el mercado laboral ha mostrado de forma sorprendente a lo largo del primer semestre del año se tambalea al tiempo que se frenan los efectos de la reforma. Ahora ya sí la guerra, la crisis de precios y los cuellos de botella comienzan a impactar también en la creación de empleo, que podría haber tocado techo y pierde ya impulso sin haber logrado los niveles previos a la pandemia en algunos de sus indicadores. Así se desprende del Observatorio Trimestral del Mercado de Trabajo, publicado ayer por el Instituto EY-Sagardoy de Talento e Innovación, BBVA Research y Fedea.

«Los datos del segundo trimestre muestran claramente una desaceleración y los datos del registro de afiliación de los meses de julio, agosto y la primera quincena de septiembre anticipan cierto estancamiento en el número de cotizantes», advirtió durante la presentación del informe Rafael Domenech, responsable de análisis económico de BBVA Research.

Tanto el crecimiento de los ocupados como de las horas trabajadas se moderaron entre abril y junio. Así, y pese a que la afiliación está en máximos y se han ganado más de 650.000 cotizantes respecto a 2019, los datos de julio y agosto anticipan un estancamiento del número de cotizantes en el tercer trimestre, en sintonía con la desaceleración de la economía que ya se viene percibiendo en los últimos meses. Esto sucede cuando las horas trabajadas, condicionadas aún por el impacto de las bajas por covid, los puestos de trabajo equivalentes a jornada completa y la productividad siguen sin recuperar los niveles previos a la crisis sanitaria.

Sube el peso de los temporales mientras se frena la contratación indefinida, en especial de los fijos discontinuos

El paro sí continúa su senda descendente y se sitúa en mínimos de 2008, pero no consigue bajar del 12%, marcado por el alto porcentaje de desempleados de larga duración, que rozan el 50%. Paradójicamente, la tasa de vacantes sigue al alza y, pese a que España –a diferencia de EE UU y la eurozona– no ha alcanzado los máximos de 2007, sí se ha superado la media de las últimas tres décadas, según señala el informe. «Este movimiento ascendente nos indica que cada vez hay más dificultades de emparejamiento por parte de algunos trabajadores y más dificultades de algunas empresas de algunos sectores de encontrar trabajadores para atender la demanda», señaló Domenech.

Otra de la sombras que observan en estos últimos meses es un freno al impacto que estaba teniendo la reforma laboral en su impulso hacia la contratación indefinida. En este sentido, pese a que el empleo fijo se sitúa en máximos históricos y la temporalidad ha caído a mínimos, el peso de los contratos temporales ha vuelto a repuntar unos 10 puntos desde que alcanzara mínimos en abril. De igual manera, se aprecia una notable desaceleración de la contratación indefinida ordinaria en junio y sobre todo en agosto, que se traduce en un pequeño avance de apenas 18.000 afiliados más, un aumento similar al de 2019.

Alza del abandono voluntario

Este freno se percibe especialmente en la modalidad del fijo discontinuo, con un impacto mucho más limitado desde abril; e incluso desde junio se observan variaciones negativas en su afiliación. Esto sugiere, principalmente, que muchos de estos contratos se han rescindido o entrado en período de inactividad. Asimismo, es un reflejo del progresivo aumento de las tasas de baja en afiliación de los trabajadores con contratos indefinidos. En concreto, la tasa de bajas de los fijos discontinuos ha repuntado con tal intensidad, que supera por primera vez a la de los temporales y la de los indefinidos ordinarios se duplica con creces respecto a la de 2019.

El aumento de las bajas de trabajadores indefinidos se debe no solo al crecimiento de los pases a situaciones de inactividad de los fijos discontinuos, sino también al notable incremento de las dimisiones o abandonos voluntarios y de las bajas por no superar el período de prueba. Por el contrario, las tasas de baja de los trabajadores temporales por finalización de contrato no han retornado a los mayores niveles registrados antes de la pandemia y las tasas de baja totales de estos trabajadores ya se encuentran por debajo de las de trabajadores con contratos fijos discontinuos.