El escritor Nilo Palenzuela presenta las ediciones facsimilares de 'Las Rosas de Hércules'. / C7

Nilo Palenzuela: «En la genealogía poética de Tomas Morales también asoma el este de África»

El escritor y catedrático de Literatura presenta este jueves en la casa-museo del poeta las ediciones facsimilares de 'Las Rosas de Hércules'

GABRIELA VICENT Las Palmas de Gran Canaria

La Casa-Museo Tomás Morales de Moya sigue celebrando el centenario del poeta con la publicación de los facsímiles de los dos tomos de 'Las Rosas de Hércules', una de las ediciones más emblemáticas de la literatura contemporánea canaria. Nilo Palenzuela, escritor y catedrático de Literatura de la Universidad de La Laguna y uno de los grandes conocedores de la obra de Tomás Morales, defiende la importancia del poeta como «gran figura insoslayable» y referente de la poesía del siglo XX.

Este jueves, a las 18.30 horas, en el Salón de Actos del citado museo del Cabildo grancanario, se presenta el facsímil de los dos tomos de 'Las Rosas de Hércules' (I y II), con portadas de Néstor y Miguel Martín Fernández de la Torre, guardas de José Hurtado de Mendoza y retrato de Colacho Massieu, «tal como lo concibieron sus contemporáneos y lo ideó el propio Tomás Morales», señala Palenzuela.

Curiosamente, la obra más reciente de Palenzuela, 'Otro mar, otro suelo' es un poema largo que conecta, a modo de viaje homérico, con África, al igual que Tomás Morales en 'Las Rosas de Hércules', sin perder de vista la conexión atlántica de las dos miradas.

¿Hay similitudes en ambas visiones? «Mi libro se publica en 2022 porque he querido que coincidiera con el centenario de la segunda entrega de 'Las Rosas de Hércules'; y también con el año en que se edita 'La tierra baldía', de T.S. Eliot, el poema que enseñó que el orden ascendente occidental había tocado fondo tras la Gran Guerra. 'Otro mar, otro suelo', justamente por ello, sigue la estela de una tierra que va quedando cada vez más baldía. Toma dirección contraria a la 'Oda al Atlántico' de Morales, hacia al Este, hacia este complejo espacio que es África, nuestro continente, y que, salvo contadas excepciones, ha resultado tabú para la poesía en nuestra lengua», señala el catedrático.

«Homero, Odiseo, Morales, están aquí, pero tratando de escuchar otras voces que no acaben, como el Ulises del 'Inferno', ahogadas en el entorno de las Islas Canarias, en el entorno solipsista de una cultura que quiso desplazarse siempre hacia el Oeste. Digamos que parto de 'Oda al Atlántico' -y de Quesada- para escuchar voces que vienen del Este, de África, un poco como el Omerus, de Walcott. Desde mi dominio más cercano, mi punto de partida es Morales», dice.

«Lo curioso es que en la genealogía poética de Tomas Morales también asoma el este de África. Leconte de Lisle, el poeta parnasiano que impulsa una intensa recreación grecolatina y que es su precursor, nació en la isla de La Réunion, en el océano Índico, y fue un antiesclavista. Es después de varios viajes a La Réunion cuando pude reconocer mi espacio atlántico y también hallar espacios vivenciales africanos que se enfrentan a la sordidez expansiva del poder económico y neocolonial euroamericano», añade.

'Otro mar, otro suelo', como la foto de Teresa Correa tomada del Pont des Martyrs en Bamako y que sirve de portada al libro, traza puentes bajo la huella de la tragedia. «Es, por así decir, el reverso de la mirada atlántica, algo que en modo alguno podría haber llevado a cabo sin dar la vuelta al viaje de Tomás Morales, incluso a su manera de 'exotizar' el mundo de los negreros, esa tragedia invisible para los modernistas», avanza el ensayista.

Palenzuela ha reflexionado en numerosas ocasiones sobre el concepto de identidad, normalmente destacando su dispersión o como contrapunto de la universalidad. Cuando se le pregunta sobre el papel que juega nuestra posición insular atlántica en el complejo mapa mundial que se nos presenta en esta segunda década del siglo XXI, responde: «Hace mucho, a partir de la exposición 'Islas', celebrada en el CAAM, mostré que la identidad carece de sentido si no se abre y está dispuesta a transformarse en diálogo con los otros, si no se es consciente de que solo puede existir bajo una poética de la relación, que toma en múltiples direcciones (hacia el fondo de la memoria, hacia otras culturas y lenguas, hacia otros territorios)».

«Esa identidad porosa y en permanente cambio, desde mi perspectiva, puede darse en los círculos concéntricos de cualquier nacionalismo, en sentido amplio de pertenencia a un lugar, a un país, a un estado, a una cultura. La identidad siempre es pasajera, pero requiere de tiempo y de espacio, de visión regional, sea una región pequeña o inmensa (sea insular, nacional, europea, hispanoamericana...). En estos momentos comparto más 'identidad' con algunos saharauis de Dakhla que con el presidente de Gobierno de Canarias o de España. También los políticos se empecinan en crear lamentables mantras», sostiene. «Cuando joven, pensé que esta identidad existía, esa metafísica de la insularidad. Después de haber transitado por el pensamiento, el arte y la literatura me parece una simpleza de creyentes y megalómanos».

Según Palenzuela la edición de 'Las Rosas de Hércules', editada apenas pasado el final de la Primera Guerra Mundial y apenas dos años después de la Revolución de Octubre, muestra un mundo de contradicciones que llega de la vieja memoria de una cultura y que colisiona con la irrupción de una condición histórica diferente. «Tomás Morales es el escritor canario de la primera mitad del siglo XX con más presencia en el espacio editorial español», concluye.