Una sala de billares. / Juancar hernández

Macarrismo, del Vaquilla a Dum Dum Pacheco

El antropólogo Iñaki Domínguez disecciona este fenómeno de la España de los 60 y 70 en su nuevo libro

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTO Madrid

Los billares, las verbenas y las discotecas de barrio vieron florecer en los años 60 y 70 a un nuevo personaje urbano, el macarra, que se organizaba en bandas y vivía al límite de la ley, si no fuera de ella. Desde hace casi cuatro años, el antropólogo Iñaki Domínguez (Barcelona, 1981) recupera las historias de estos personajes, retratados en películas legendarias como 'Perros callejeros' que hasta crearon un género, el 'cine quinqui'. Tras 'Sociología del moderneo', 'Cómo ser feliz a martillazos' o 'Macarras interseculares', Domínguez se remonta al origen de este movimiento en su nuevo libro, 'Macarrismo' (Akal).

Aunque el macarrismo, con sus diferentes matices, no es un fenómeno exclusivamente español, aquí tuvo unas características propias vinculadas al tardofranquismo. El desarrollismo económico, el boom de la natalidad, el éxodo del campo a la ciudad, la apertura a influencias extranjeras (la película West Side Story como ejemplo) o la cooptación del lumpen para el espectáculo de consumo son el caldo de cultivo para el auge del macarrismo en España, afirma Domínguez. «Es un fenómeno que se da sobre todo en las grandes urbes, que en esa época, reciben la llegada de jóvenes del campo y al crecer, también integran a los pueblos. La mezcla de los mundos rural y urbano fomenta el macarrismo», explica el autor.

El Vaquilla, Jaro o el boxeador Dum Dum Pacheco mandaban en los extrarradios. En su libro, Domínguez los retrata sin juzgarlos, pero huye de la imagen idealizada que de ellos tiene una parte del progresismo político. «Robar a otra persona no tiene nada de romántico. El pecado de esta izquierda, que cree que todos los de su ideología son buenos 'per se', es proyectar bondad en todos aquellos que no tienen privilegios», dice el autor, que se considera de izquierdas, pero rechaza los identarismos. Y de hecho, recuerda, había macarras de izquierdas, pero también de derechas.