El cineasta y escritor Gonzalo Suárez. / r. c.

Gonzalo Suárez / Escritor y cineasta

«Soy un explorador que sigue dando palos de ciego»

Muy activo a sus 87 años, publica 'El cementerio azul', una heterogénea colección de cuentos en los que «la memoria compite con la ficción»

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCI Madrid

De retirarse, nada. Gonzalo Suárez (Oviedo, 87 años) sigue más que activo. Casi nonagenario, aspira a rodar una nueva película y acaba de publicar un libro de relatos, 'El cementerio azul' (Literatura Random House). Como los grandes sabios socráticos, sabe que apenas sabe nada y tiene una vaga idea de quién es. «Soy un explorador, pero sigo dando palos de ciego».

-¿Es un escritor que hace películas o un cineasta que escribe?

-Pues vaya. La primera pregunta no me la sé. No me confundo con lo que pueda ser, pero tampoco está muy claro lo que hago. Las dos cosas son muy similares. Todo empieza por contar una historia...

-A estas alturas del partido, ¿no tiene muy claro lo que es?

-Ni creativa ni personalmente. Es una pregunta continua que no tiene respuesta.

-Dicen sus editores sus que cuentos tienen tonos de 'noir', borgeanos, de ciencia ficción y terror gótico. ¿Que dice su autor?

-Me abstendría de explicarlo. Rompes a andar por la hoja en blanco y en base a unas palabras que luego sustentan y suscitan imágenes. Lejos de toda simbología, no me gustaría predisponer al lector. Sinceramente, no sé dónde voy. Hay retazos reales y biográficos, como el cuento del niño que aborda a Einstein, que cuando llegó a Barcelona nadie se acordó de recogerlo en la estación. Es un episodio verdadero, pero no estoy seguro de que se encontrara con el niño y de que el niño fuera yo.

-¿Ficción memoria y realidad siempre acaban mezclándose?

-No hay mucha diferencia. Uno tiene la noción de lo que sucedió de verdad, pero se tergiversa al contarlo o recordarlo. Y también se confunde con lo imaginado. La memoria y la ficción compiten por ocupar los mismos lugares.

Un lugar desconocido

-Podía haberlo titulado 'Once veces once' o ¿es que no tiene nada que ver con 'Trece veces trece', su legendario libro de cuentos elogiado por Vicente Aleixandre o Max Aub?

-Aquel libro de 1964, como no podía ser menos, era mucho más espontáneo. Más descondicionado. Y por fortuna aún tiene vida. Me temo que en este se note más la elaboración literaria. Es inevitable. Pero pretendo también que conduzca a un lugar donde uno puede asomarse, a un lugar donde no has estado antes.

-¿Le deprimiría más no poder rodar o no poder escribir?

-Puesto en esa la tesitura, rodar está más cerca de lo que más me apetece, a pesar de que escribir es lo que me ha acompañado toda la vida. Y me apetece más rodar por la acción y por aquello de que conoces gente. Cuando escribes las imágenes sobrevienen.

Sorprender al lector

«Quiero que el lector se asome con mis cuentos a un lugar donde nunca estuvo antes»

-¿Cómo va el proyecto de la película que tiene pendiente?

-Quiero pensar que, simplemente, es posible. Preferiría que no estuviera lejana, pero el problema es que todavía no sé qué es. Cuando busco doy palos de ciego. Pero esto que no lo sepan los productores. No tengo título. Hoy la perspectiva de hacer cine, si no eres el productor, es un combate muy difícil e incierto. No tiro la toalla, pero ahora, como en los principios, hay que inventarlo sabiendo que no se inventa nada. Como siempre, hay que echarse al monte.

-¿Se atreve a definir su estilo como cineasta y narrador?

-Creo que tengo estilo y lo reconozco como de oídas, cuando la cadencia de las palabras me lleva por delante de lo que cuento. Pero ni sé definirlo, ni me preocupa.

-De usted han aprendido muchos cineastas pero ¿detesta que le llamen maestro?

-No es que no me guste. Es de agradecer que te llamen maestro antes que cualquier otra lindeza. Pero no me casa. Más me alegraría ser reconocido como explorador. Es lo que soy. Pero sospecho que la selva africana de mi infancia ni es selva, ni es africana. Ni sé donde está ni me apetecería mucho adentrarme ahora en ella con las noticias que me llegan de lo que es el mundo de fuera.

«La debilidad del individuo»

-Nació poco antes de una guerra y ahora vivimos otra que quizá se extienda. ¿El género humano no tiene remedio? ¿No aprendemos de nuestros errores?

-Me temo que no. Y lo que es peor, no quiero excluirme del género humano cuando decimos que la gente está loca. Es peligrosísimo, a poco que te descuides. Por eso me gusta el contacto persona a persona. No creo mucho en la cosa gregaria. Dicen que la unión hace la fuerza. Vale. Pero yo prefiero la debilidad del individuo solitario.

-¿Le ha salvado de algo el sentido del humor?

-Pues tampoco lo sé. No es tanto que te salve, pero ayuda a recuperarte y te permite defenderte.

-Estudió filosofía y fue boxeador. ¿Cómo casan ambas disciplinas?

-Muchísimo. Se unen en el paso atrás. En verlas venir y, a poder ser, esquivarlas.

-No le gusta ver sus películas. ¿Tampoco relee sus libros?

-No es que no me guste. Prefiero hacer otras cosas y no mirar atrás. Puedo volver a un libro si es susceptible de ser adaptado al cine, pero en el cine no ha lugar. Prefiero no ser crítico de mis películas. Me lo podría aún más difícil.

-¿Qué libro y qué película ha leído y visto más veces?

-No he sido ni cinéfilo ni bibliófilo. Sí ha habido películas que me gustaron, pero no he repetido compulsivamente. Ahora me viene a la memoria 'La jungla de asfalto', de John Houston. No me importaría volver a verla. El libro es 'El forastero misterioso', de Mark Twain. Es breve pero muy intenso y habla del diablo. Twain ha pasado a la historia como un autor para adolescentes y tiene una extraña mala baba interior que cuando sale te da una idea del ser humano que, por desgracia, está de actualidad.