Canarias7
Manuel Mederos

La arista

Videojuegos en los colegios

La obsesión del Gobierno de Canarias, y en concreto de su presidente, por los videojuegos ha llegado al extremo de introducir ligas y competiciones en los centros educativos. Cuesta creer, y entra dentro del esperpento gubernamental, que un Gobierno, en contra de todos los criterios educativos, de profesores, sindicatos, padres y hasta de la Organización Mundial de la Salud, sostenga que los videojuegos son buenos para los canarios, que hay que convertirlos en un deporte, introducirlos en las aulas como elemento educativo y extender al máximo su práctica entre nuestros jóvenes creando ligas, federaciones y asociaciones.

Los videojuegos están asociados al sedentarismo, son peligrosos por el nivel de adicción que producen en millones de jóvenes que se entregan a éstos abandonando sus estudios y entrado en circuitos poco saludables. No tienen nada que ver con el deporte, con la vida saludable ni con una cultura integradora. Más bien recrean en las historias que producen situaciones violentas y de culto a la guerra y a los guerreros. A los que les gustan los videojuegos no les gusta, precisamente, la Abeja Maya, pero si los guerreros de Battlefield, los de la Segunda Guerra Mundial de Horizon Zero Down o la guerra suicida de World of Tanks. De los 10 videojuegos más jugados del mundo, 9 son de violencia y uno es el de la Fifa para jugar al fútbol. Y no son éstos datos de mi cosecha, sino de la muchos docentes, especialistas en adicciones, y de la propia OMS que los considera una verdadera lacra para la salud por el estilo de vida y la adicción que llevan aparejados. Es curiosa nuestra forma de entender la educación, siempre al servicio de un negociete. Mientras los franceses prohiben los móviles en los colegios los canarios introducimos en ellos los videojuegos.

A pesar de todo es el presidente del Gobierno el que impulsa en Canarias el consumo de videojuegos entre nuestros jóvenes. El mismo se declara consumidor con sus hijos pequeños de este tipo de ocio, y no dudó en apoyar a todo un conglomerado mercantil que, solo en España, mueve 1.360 millones, y que busca en Canarias un mercado de consumidores de este tipo de productos. Fernando Clavijo trató de introducir como «deporte» los eSport, otra forma de disfrazar lo que realmente esconden los videojuegos y sus ligas, 72 horas de competiciones delante de ordenadores. Evidentemente el reconocimiento como deporte introduce una situación de privilegio en el negocio de los videojuegos gracias a plataformas oficiales para crear federaciones y competiciones, premio y otras algaradas oficiales. Los grupos parlamentarios lo rechazaron y obligaron al presidente a prescindir de esta dudosa calificación deportiva.

No se desanimó Clavijo y creó una plataforma gubernamental y, al más puro estilo friki y abusando de la cursilería le puso un sonoro nombre en inglés: eSport Talent Canarias, con el objeto de defender «los e-Sport en Canarias a los gammers» y todo lo que les rodea, según reza en su cuenta de Facebook. Para esta tarea nombra a un profesor de la ULPGC y ex árbitro nacional de balonmano, con múltiples intereses en el sector, quien ha declarado que este «es el gran proyecto del Gobierno de Canarias para introducir en las islas el ocio digital». Increíble. Clavijo, en su afán para que nuestros jóvenes consuman videojuegos impulsó la firma de convenios con empresas privadas, medios de comunicación y clubes deportivos para rematar su idea de una Canaria enganchada a los videojuegos.

El último paso dado por el Gobierno ha hecho saltar todas las alarmas. Introducir las ligas, los campeonatos de videojuegos en las escuelas supone un salto cualitativo en la política potenciar los videojuegos en la vida de los niños y jóvenes canarios. Se pasa de «invitar» y «promocionar» esta actividad a «educar» dentro de los colegios sobre el uso de videojuegos.

En esta retórica habitual que usa el Gobierno de Canarias, la consejera de Educación, Soledad Monzón, al margen de confirmar ayer que es un objetivo prioritario del Gobierno promocionar los videojuegos, quiso disfrazar la realidad y asociar esta actividad de ocio peligroso a un «plan pedagógico», eso sí, sin dar ningún detalle del mismo para entender qué está haciendo, ni del dinero público que se gastará el Gobierno promocionado en los colegios los negocios de varias empresas privadas muy interesadas en que cada día existan más consumidores de videojuegos en Canarias.