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Enrique Rubio (Efe) / París

Benalla se alinea con la versión del Elíseo mientras sube la tensión política

Macron tiene delante una tormenta perfecta en la que confluyen varios factores: la mala gestión de un asunto aparentemente menor, la voracidad de una oposición que había entrado en coma tras las elecciones del año pasado y la sequía informativa propia del verano.

Por eso, las palabras de Benalla, su exresponsable de seguridad en el Elíseo (aunque cuál era su misión exacta es una de las zonas de sombra en esta polémica), se esperaban con interés.

En una entrevista con el diario Le Monde, el mismo que reveló el escándalo, Benalla asumió la "gran estupidez" que cometió con su "vigorosa intervención" contra unos manifestantes el pasado 1 de mayo cuando acompañaba a las fuerzas de seguridad como observador.

Aunque está imputado por esos hechos, insistió en que "no se trata de un delito, sino de un error político o de imagen", ya que "nunca debiera haber estado allí".

"Ha habido en primer lugar una voluntad de atacar al presidente, eso seguro. Y yo soy el eslabón débil, lo reconozco (...) La gente que ha sacado esta información son de un nivel importante", dijo.

Víctima de envidias

Benalla se esforzó por presentarse como la víctima de las envidias y los juegos de poder dentro de las altas esferas, que observaban con recelo la cercanía al presidente de un joven ajeno a las élites de la política o de la seguridad.

Y dijo que su función en el seno del Elíseo era "ocuparse de los asuntos privados del presidente, porque tiene una vida a un lado de sus funciones, con Brigitte Macron, la de un francés normal. Va al teatro, al restaurante, de vacaciones".

La versión de Benalla no puso fin a la polémica. Los poderes del Estado se han volcado desde que estalló el escándalo, con una investigación judicial, otra interna de la policía, comisiones parlamentarias en la Asamblea Nacional y el Senado, comparecencias del círculo más próximo a Macron...

Pero los medios y la oposición recuerdan que las grandes preguntas del caso siguen sin resolverse. El problema no son los hechos en si, dicen, sino la sensación de que el Elíseo trató de encubrir a este misterioso personaje. Son las promesas de transparencia y regeneración de Macron lo que está en juego.

"Es una tormenta en un vaso de agua", minimizó el presidente en declaraciones a la prensa, con la que se ha mostrado muy crítica.

Nada impidió que el partido conservador Los Republicanos, el principal de la oposición, presentaseeste jueves su anunciada moción de censura contra el Gobierno.

Pese a que otros partidos de la oposición como los socialistas o la izquierda radical meditan votar a favor, la moción no saldrá adelante por la amplia mayoría de la que dispone el partido de Macron, La República En Marcha, en la Asamblea Nacional.

Servirá de todos modos para ilustrar la inusual convergencia de la oposición contra la "arrogancia" que perciben en Macron y su Ejecutivo.

Esta alianza ya se vio ete jueves en la decisión de Los Republicanos y de la izquierda radical de La Francia Insumisa de abandonar la comisión de investigación en la Cámara Baja, al considerar que la mayoría gubernamental "torpedea" sus trabajos.

Uno de los barones conservadores, Eric Ciotti, reclamó las comparecencias de Benalla y del secretario general del Elíseo, Alexis Kohler (quien, sin embargo, sí compareció este jueves ante el Senado, controlado por la derecha).

"No aceptaremos la asfixia que se quiere imponer a esta comisión, que es un fracaso total", dijo Ciotti.

De la misma forma, el diputado izquierdista Eric Coquerel avanzó el boicot de La Francia Insumisa a esta comisión y reclamó la dimisión de su presidenta, Braun-Pivet, por "obstruir" la investigación.