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Victoriano S. Álamo Las Palmas de Gran Canaria

«Gracias a ‘La Sala’ me estoy reencontrando con la isla de mi infancia»

Lola Solozábal es «una mujer fuerte, que hace lo que piensa y lo que considera justo». Esta jueza de instrucción brillante y con un don natural para manipular a los sospechosos trabaja durante años mano a mano con el laureado inspector Yago Costa, hasta que éste se presenta un día en la comisaría y asesina, sin motivo aparente, a su superior.

El personaje de esta jueza cobra vida en la piel de la actriz lanzaroteña Goya Toledo, desde el pasado 27 de agosto y durante las siguientes nueve semanas de rodaje íntegro en Gran Canaria de los ocho capítulos de la serie de televisión La Sala.

La actriz, que ha estado nominada al Goya en tres ocasiones, solo da pequeñas pinceladas de su personaje para no desvelar aspectos clave de este thriller policíaco cuyo hilo argumental se desarrolla mediante constantes saltos temporales. Se trata de una producción de Isla Audiovisual SL, Gestión Audiovisual de Canarias SL, Funwood Ibérica SL y Serie La Sala AIE.

«Me gustan mucho el guion y los personajes. Cada uno es distinto, no se parecen. Eso le da mucho colorido a la historia y me encantan los compañeros que tengo. Hay un ambiente muy bueno. Se respira trabajo y todos están con ganas de hacer algo muy bueno», señala la actriz tras culminar la grabación de varias escenas en una parte del Centro Sociosanitario Hoya del Parrado, en Tafira, donde se desarrolla el 50% de esta producción en unos set en los que se recrea la sala de interrogatorios que da nombre a la serie, una comisaría y el vis a vis de una cárcel de un lugar sin identificar.

Lola Solozábal, apunta la actriz, es «un personaje de los que nunca acaban», ya que constantemente le encuentra nuevos y posibles matices debido a la riqueza del guion.

De primera mano. Para moldear a esta jueza de instrucción, Goya Toledo optó por acudir a unos juzgados de Madrid en busca de inspiración y para descubrir, de primera mano, la realidad de la judicatura.

«Para investigar un poco me fui a unos juzgados. Y allí pude ver una imagen de las juezas que no es la tópica de traje y chaqueta que habitualmente contemplamos en el cine y la televisión. Son mujeres con sus vestidos, con tacones... normales, que ejercen su trabajo cada día», señala.

Durante esta aventura real, la protagonista de filmes como Amores perros (2000), del oscarizado Alejandro González Iñarritu, contempló la caída de otro tópico. «Al menos, en el juzgado al que yo fui, había más juezas que jueces. No sé si solo ocurre en el aquel lugar, en todo el país o en todos los países, pero había más juezas y fiscales mujeres que jueces y fiscales masculinos. Donde estuve, vi un juez y seis juezas», explica.

Avanza que el espectador de La Sala se topará «con un formato de serie que hace cinco o seis años era impensable en las televisiones españolas». «A mí me mantuvo muy intrigada desde la primera línea del guion y me parece una apuesta estupenda, ya que cuenta con un formato poco común y con unos personajes nada esterotipados», apunta.

Sobre sus compañeros de reparto, Goya Toledo se transforma en un torrente de elogios, incluido Francesc Garrido, que da vida al protagonista de esta ficción, el inspector Yago Costa. «Francesc es una gozada, no solo es un gran actor que te arropa muchísimo, sino un compañero de trabajo maravilloso. Lo mismo sucede con Raúl Prieto, Natalia Rodríguez y con los actores canarios que dan vida a los personajes secundarios. Con algunos ya había coincidido anteriormente», apunta la protagonista de Mararía (1998), de Antonio Betancor.

Los casi tres meses de rodaje íntegros en la isla implican también para Goya Toledo la realización de «un viaje emocional y personal».

«Estoy encantada de poder estar en la isla tanto tiempo. Cuando me voy fuera del archipiélago es por trabajo. Mi base es Canarias, me muevo desde aquí. Esta serie me ha permitido reencontrarme con Las Palmas de Gran Canaria. ¡A ver si no me pongo a llorar mientras te lo cuento! Me han pasado cosas fantásticas estos días, porque al pasear por algunos sitios recuerdo cosas de mi infancia, de mi madre, de mis hermanos... Está siendo un viaje en el tiempo personal, que me pone los pelos de punta. Esto indica que en la vida las cosas no pasan porque sí», explica emocionada. «A Teror iba mucho los fines de semana, cuando era una niña, y tengo muchas ganas de volver. También quiero ir a Mogán y a otros pueblos que recuerdo con mucho cariño», desvela.