ILUSTRACIÓN: Felip Ariza

Pandemia de varices: cómo prevenir la segunda enfermedad con mayor prevalencia mundial

El sedentarismo, la obesidad, la vejez o la mala alimentación favorecen su aparición

Elena Martín López
ELENA MARTÍN LÓPEZ Madrid

Juan tenía 30 años cuando empezó a notar las piernas cansadas. «También sentía pesadez y picores», cuenta. Al tiempo descubrió que tenía varices. «Por aquel entonces trabajaba como entrenador de natación (ahora está jubilado) y pasar muchas horas de pie en un ambiente húmedo y cálido no ayudaba», expresa este madrileño. A ello se le sumaba el componente genético, pues cerca del 90% de las personas con varices tienen antecedentes familiares, según datos de la Sociedad Española de Radiología Vascular e Intervencionista (SERVEI), y así era en su caso.

Las varices francas (conocidas como varices) son la manifestación de una enfermedad venosa crónica y aparecen, principalmente, en la zona de la pantorrilla y la cara interna de las piernas, aunque también pueden originarse en otras zonas, como el esófago, la región anal y los testículos. En su versión más pequeña se denominan arañas vasculares o varículas, mientras que las varices reticulares son más grandes que las varículas pero menos que las varices francas.

– ¿Qué las motiva?

– Las varices se producen cuando las venas no consiguen retornar adecuadamente la sangre al corazón, motivado por una anomalía de la estructura de la vena, en cuyo interior hay un sistema de válvulas que se abren y se cierran para dejar pasar la sangre hacia dicho órgano e impedir que vuelva. Cuando estas válvulas se debilitan, o no cierran adecuadamente, la sangre se acumula en las venas, que se dilatan y elongan para albergar este líquido, volviéndose varicosas. Es en ese momento cuando aparecen las varices, que generalmente tienen un tono morado o azulado y se ven en relieve sobre la piel –aclara José María Abadal Villayandre, vicepresidente de la SERVEI y radiólogo vascular intervencionista en el Hospital Universitario Severo Ochoa de Madrid.

Los síntomas habituales de este trastorno son: dolor, hinchazón y pesadez en las piernas, picor, hormigueo (sobre todo en la zona de los tobillos) y, en casos más avanzados, cambios en la coloración de la piel por debajo de la rodilla y úlceras que no cicatrizan. Lo peor de todo es que dichos efectos son más comunes de lo que parece pues se considera que 1 de cada 4 personas de la población adulta del mundo occidental tiene varices francas. «Si se tienen en cuenta las arañas vasculares y las varices reticulares, el porcentaje se incrementa hasta el 70%», alerta Abadal. De hecho, según la OMS, tras las caries dentales las varices son la enfermedad con mayor prevalencia en la población mundial. En el caso de España, se calcula que 2.500.500 personas, aproximadamente, tienen varices.

Aunque esta enfermedad se puede manifestar en cualquier persona, hay algunos factores que la favorecen, principalmete la genética, pero también la edad y el género. El envejecimiento provoca que las paredes de las venas se debiliten, mientras que los cambios hormonales, como los provocados por la menopausia y los anticonceptivos, aumentan el riesgo de aparición de varices. También se relacionan con el embarazo y el parto, etapas en las que aumenta la cantidad de sangre y presión en las venas. «Esto puede provocar varices en la pelvis y los genitales y llegar a constituir lo que se conoce como síndrome de congestión pélvica», destaca Abadal. De ahí que esta sea una patología con mayor prevalencia en mujeres que en hombres.

Posibles tratamientos

El estilo de vida también es un factor influyente. «La obesidad, por ejemplo, genera un aumento de presión intraabdominal que se transmite a las venas de las piernas, empeorando los síntomas; mientras que el sedentarismo favorece el estancamiento de la sangre en las piernas, pues al estar sentado períodos prolongados de tiempo dejamos de utilizar la bomba muscular de extremidades inferiores», detalla el especialista. Si además nos sentamos con las piernas cruzadas, peor, pues se oprimen los vasos sanguíneos, provocando que el músculo no reciba suficiente oxígeno y dificultando el retorno venoso.

«El mejor tratamiento para esta patología es la prevención. Evitar el sedentarismo, llevar una alimentación baja en grasas saturadas o aplicar agua fría en las piernas, pueden mejorar la circulación y prevenir las varices», aconseja Abadal. «No obstante, una vez que las varices se hayan establecidas, se pueden emplear fármacos venotónicos o medias de compresión para mejorar la sintomatología y evitar el empeoramiento».

En último caso se puede realizar una intervención. Así lo hizo Juan. «Hay gente que se opera por razones estéticas, pero en mi caso fue para mejorar en calidad de vida», declara. «Mi problema es que tuve que operarme dos veces, porque la primera fue un desastre. Resultó que el médico que me habían recomendado no era tan bueno. En cambio, la segunda intervención fue un éxito y del postoperatorio ni me enteré», añade.

«En la actualidad, existen varios tratamientos para las varices. Por un lado, la fleboextracción, que es la cirugía clásica para extirpar las venas varicosas. Por otro, las nuevas técnicas 'minimamente invasivas'», orienta el radiólogo vascular. «Entre ellas encontramos la esclerosis con espuma ecoguiada, que consiste en inyectar dicha espuma a través de una fina aguja para dañar la pared de las venas varicosas para y que éstas se encojan y desaparezcan; la ablación endovenosa de varices (con radiofrecuencia o láser), que supone la inserción, a través de una mínima incisión, de un catéter (tubo fino) que emite energía dentro de las vena para producir el daño de la pared; y el adhesivo médico endovenoso, que es el más novedoso y se basa en sellar la pared de las venas enfermas para redirigir la sangre hacia las venas sanas», agrega.

El médico incide en la importancia de tratar las varices más allá de una cuestión estética pues, «en caso de no hacerlo, empeorará la sintomatología y la calidad de vida del paciente».

Sanitarios, hosteleros, oficinistas... sufren varices con frecuencia

En profesiones que exigen permanecer mucho tiempo sentado (oficinistas, conductores…), se aconseja levantarse cada 40-50 minutos y realizar alguna tarea de pie o caminar un rato para recuperar la buena circulación de las piernas. Quienes más sufren las consecuencias de las varices, sin embargo, son los profesionales que trabajan muchas horas de pie (hosteleros, sanitarios, dependientes, auxiliares de vuelo, peluqueros…).

De hecho, los estudios calculan que un 60% de las personas que pasan muchas horas sin sentarse sufren trastornos circulatorios en las piernas e insuficiencia venosa. Quienes trabajan en ambientes cálidos (cocineros, empleados de fábrica...), también pueden ser susceptibles de sufrir varices, pues el calor dilata las venas y provoca que la sangre se acumule dentro de ellas.