Cinta Arribas

Deportes extremos: ¿peligrosos o beneficiosos?

«Están más controlados de lo que parece y quienes los practicamos no estamos tan locos como se piensa»

Elena Martín López
ELENA MARTÍN LÓPEZ Madrid

Empezó a esquiar a los tres años y desde entonces no ha parado. Actualmente tiene 26 y es un apasionado del esquí fuera de pista, un deporte considerado de riesgo o extremo. Se llama Álvaro Robledano, es madrileño, pero vive en Francia (cerca de los Alpes) y sube a la montaña dos o tres veces a la semana (en invierno) a practicar su deporte favorito.

Él es uno de los muchos españoles aficionados a algún deporte extremo, denominación que reciben las actividades de ocio o profesionales que comparten un componente de peligrosidad, real o aparente, para la integridad física de quienes los practican, por las condiciones difíciles o arriesgadas en las que se desarrollan. Espeleología, alpinismo, salto BASE, escalada libre, barranquismo, ala delta, alpinismo, parkour, paracaidismo, puenting, surf, esquí acuático, kitesurf, buceo, rafting, motocross… La lista es interminable.

– ¿Por qué nos atraen tanto?

– Existen diferentes factores que hacen que los deportes de riesgo sean atractivos. Por ejemplo, hay personas que buscan emociones fuertes o desafíos, desconectar de la rutina, liberar tensiones, el contacto con la naturaleza o compartir experiencias con amigos, entre otros. Igualmente, hay quien tiene baja percepción del riesgo o que encuentra en estas actividades experiencias psicológicas positivas y un sentido vital de sí mismo que enriquece su vida cotidiana– explica Alejo García-Naveira, psicólogo del deporte y coordinador de la Sección de Psicología del Deporte del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid (COPM).

La edad también influye. «Cuando eres joven hay una parte de ego, sobre todo en los hombres, pero con los años pasa a ser una forma de descargar adrenalina de forma puntual, de salir de la zona de confort o de superación personal», expresa Robledano. García-Naveira añade que, a edades avanzadas, salir del aburrimiento y demostrarse a uno mismo que aún se es competente pueden ser otros motivos.

Seguridad ante todo

Al exponernos a situaciones de riesgo, además, nuestro cuerpo libera adrenalina, dopamina, serotonina y endorfinas, hormonas y neurotransmisores que generan sensaciones de felicidad y bienestar. Estos efectos juegan un papel importante en la atracción hacia los deportes extremos. Tanto, que pueden ser incluso adictivos. «La constante búsqueda del placer y satisfacción puede generar cierta adicción en determinados perfiles de personas. La dependencia aparece cuando el individuo pierde el control sobre su conducta, lo que ocasiona problemas personales, familiares, laborales y emocionales (ansiedad, estrés y depresión)», expresa García-Naviera.

No es lo habitual pero, en caso que el deportista perciba signos de que la actividad que realiza le dificulta el desarrollo de su vida de alguna forma, el psicólogo recomienda buscar la ayuda de un profesional.

Sea cual sea el motivo por el que se practican, la realidad es que estos deportes, a pesar de sus riesgos, están cada vez más solicitados. El paracaidismo, por ejemplo, ha experimentado un aumento progresivo en los últimos cinco años, exceptuando el 2020, que ha sido atípico. Eso sí, «durante el verano, el único momento que no hubo restricciones, la demanda fue similar a la de 2019», declara Daniel Paredes, director comercial de la empresa de paracaidismo Skydive Madrid. Sobre las causas, opina que «parece que hay una cierta moda por el deporte en sí. Puede que por el mayor acceso a imágenes y vídeos sobre ello que se comparte en redes sociales, que han hecho que más personas se planteen querer hacerlo, y también porque, en el fondo, aunque se llame deporte extremo, es muy seguro».

«Al exponernos a situaciones de riesgo, nuestro cuerpo libera sustancias que generan felicidad y bienestar»

ALEJO GARCÍA-NAVEIRA

La seguridad es precisamente un aspecto que destacan quienes lo practican. «Todo está mucho más controlado de lo que aparenta y quienes practicamos estas actividades no estamos tan locos como se piensa. Detrás hay muchas horas de entrenamiento y formación (cursos, libros, fines de semana con profesionales…), pero eso no se ve ni en los vídeos ni en las fotos», afirma Robledano. Destaca, además, la experiencia. «Al igual que cuando aprendes un idioma no sabes hablarlo a la perfección el primer día, cuando haces alguno de estos deportes al principio también cometes errores y te equivocas, pero con el tiempo ganas una experiencia que te ayuda a evaluar los riesgos, a tomar mejores decisiones y a renunciar. Las cosas salen bien porque muchas veces te das la vuelta, porque la experiencia te permite ver el riesgo y evitarlo. Eso tampoco se ve, pero es casi el pan de cada día», afirma.

En seguridad también se ha ganado gracias a la mejora de los materiales y herramientas que se utilizan para practicar estos deportes. En paracaidismo, por ejemplo, «todos los paracaídas llevan un dispositivo de activación automática (AAD) que se despliega por sí solo cuando detecta que llegas a cierta altura a una velocidad superior a la indicada. Es decir, si se diese el caso de que alguien se desmaya en el aire, este dispositivo abriría el paracaídas de emergencia y evitaría el impacto», detalla Paredes.

Esta es solo una medida de prevención, pero hay muchas otras, lo que ha permitido reducir la prevalencia de fallecidos en este deporte, que actualmente ronda la cifra de una muerte por cada 200.000 saltos. «Evidentemente, saltar de un avión conlleva su riesgo, pero este no es mayor que el de otras actividades mas cotidianas de nuestra vida», dice Paredes.

Lo que quizás eche para atrás a más de uno no es tanto el riesgo, sino el precio. No son deportes baratos, pues los materiales necesarios para practicarlos son muy especializados y, al principio, alguien nos tiene que enseñar. En Skydive Madrid, por ejemplo, los precios de los saltos tándem (con instructor) rondan entre los 199 y los 335 euros.

«Saltar de un avión conlleva su riesgo, pero este no es mayor que el de otras actividades mas cotidianas de nuestra vida»

daniel paredes

Tampoco los puede practicar cualquiera. «Hay que entrenar para rendir y beneficiarse de ellos, tanto a nivel técnico-táctico como físico y mental. Por ejemplo, preparar un plan psicológico para la actividad, aprender estrategias de autogestión emocional o trabajar la motivación y concentración», expresa García-Naveira. Además, habrá que tener en cuenta los requisitos que exige cada deporte. En paracaidismo, «ser mayor de 16 años (con autorización de los padres), medir mínimo 140 cm y máximo 200 cm, no exceder los 100 kg de peso, estar en un estado físico normal y no sufrir enfermedades graves que impidan realizar la actividad», señala Paredes.

Los riesgos no desaparecerán y, en cierto modo, ahí está la magia de estos deportes, pero debemos ser prudentes. El psicólogo lo tiene claro: «Practicados de forma moderada y regular son sinónimo de salud física y mental, pues ofrecen la sensación de que has superado tus límites, se asocia al esfuerzo y el trabajo con resultados y es una manera de estar en forma y de relacionarnos».

Algunos ejemplos

Los deportes más extremos

Aunque todos los deportes entrañan cierto riesgo, el nivel o condiciones en las que que se practican pueden aumentar su grado de peligrosidad. Estos son algunos ejemplos de los deportes más extremos.

Salto BASE

Está considerado el deporte más peligroso del mundo, aunque cada salto está muy calculado y estudiado. Los principales riesgos, que la altura desde la que se salta es relativamente 'baja', por lo que el tiempo de reacción se limita ante cualquier incidencia, y que puede haber obstáculos alrededor (paredes de montañas, edificios…).

Vídeo. El salto BASE más alto del mundo (7220 metros sobre el nivel del mar) realizado por el ruso Valery Rozov desde la cara norte del Monte Everest. / Red Bull

Escalada integral

Aunque en el documental 'Free solo' el escalador Alex Honnold diese la impresión de que escalar sin cuerda es sencillo, nada más lejos de la realidad. Requiere una técnica y una concentración que no están al alcance de todo el mundo, pues cualquier mínimo fallo implica caer al vacío.

Vídeo. Alex Honnold escala sin cuerda El Sendero Luminoso en El Potrero Chico, México. / The North Face

Buceo en cuevas o bajo hielo

Explorar los fondos marinos puede ser muy emocionante, pero también arriesgado. El riesgo de practicarlo en cuevas o bajo hielo recae en la alta presión atmosférica a la uno se expone, los posibles ataques de hipotermia y los posibles problemas en las bombonas de oxígeno.

Vídeo. Christian Redl, buceador libre con múltiples récords mundiales, explora las profundidades de una antigua mina abandonada e inundada en Budapest. / Go Pro

Tow surf

Se trata de surfear olas de más de ocho metros en condiciones meteorológicas adversas (tormentas, ventiscas...) con el riesgo de ser sepultado por toneladas de agua. De ahí que se trabaje mucho la apnea bajo el agua en los entrenamientos, es decir, la capacidad de aguantar la respiración lo máximo posible.

Vídeo. Curso de entrenamiento y gestión de riesgos en el surf de olas grandes por Greg Long, Daniel Lorenzo y Ramon Navarro. / Movistar Deportes

Alpinismo

Implica exponerse a alturas a las que el cuerpo humano no está preparado para sobrevivir, por lo que pueden aparecer diversos problemas. Mal de altura, congelaciones, edemas cerebrales y pulmonares, hipotermia, quemadura de córneas o neumonía son algunos de sus riesgos más comunes.

Rafting en aguas bravas

Es una actividad común de turismo activo, pero cuando la dificultad aumenta, el peligro también. Por ejemplo, el rápido número 9 (de grado 4) del rafting del rio Zambeze (África), se llama 'Suicidio comercial'.

Vídeo. Rafting en los rápidos del Río Zambeze.