¿Cuál es el truco de que nos guste tanto la magia?

No poder explicarla nos llena de interés y emoción. «Es una disciplina que auna tantas modalidades artísticas que se considera la 'reina de todas las artes'»

Elena Martín López
ELENA MARTÍN LÓPEZ Madrid

A Daniel Daortiz le regalaron su primer juego de magia a los 4 años. A los 6 ya trasteaba con las cartas y a los 11 se codeaba con algunos de los mejores magos del panorama español del momento, como Juan Escolano, Lennart Green o Juan Tamariz, grandes artistas que moldearon su actividad artística. Él vivía en Estepona (Málaga) y para acudir a dichas reuniones tenía que viajar hasta Sevilla, pues Internet o las videoconferencias no eran una opción en aquella época. «Estoy donde estoy gracias al apoyo de mi familia», dice él. «Pocas madres están dispuestas a hacer doce horas de viaje (seis de ida y seis de vuelta) prácticamente cada semana para que su hijo pase tres horas con magos».

A los 14 años escribió su primer libro de trucos y a los 20 ya viajaba por todo el mundo haciendo maravillas con los naipes. Hoy en día ha cumplido los 40 siendo una de las grandes referencias mundiales de la cartomagia (magia con cartas), el estilo de magia más promovido en España, y también asesora a otros grandes ilusionistas del panorama actual, como los estadounidenses David Copperfield o David Blaine.

Daortiz hizo de su sueño una realidad y ahora es él quien nos hace soñar con su talento, llevándonos a pensar que la magia realmente no es una ilusión y sacando el niño o la niña que todos llevamos dentro. En vísperas de dos de las noches más mágicas del año, el 31 de diciembre y el 5 de enero, hemos querido saber cuál es el truco de que nos guste tanto este arte.

«En la condición del ser humano está querer entenderlo todo. En cuanto hay algo que desconocemos, que no sabemos cómo explicar, se despierta en nosotros el interés y una gran atracción», expresa Daortiz. Su colega de profesión Juan Mayoral, inventor de trucos y director artístico del Festival 'Vive la Magia' de León, que cada año reúne a los ilusionistas más importantes del momento y que este año tiene lugar del 25 de diciembre al 1 de enero, destaca que «todos los niños han soñado alguna vez con tener poderes: volar, desaparecer y reaparecer en otro sitio, ser invisible... La magia hace que ese sueño parezca una realidad».

Se trata, además, de una disciplina tan antigua como la humanidad, pues los ilusionistas ya existían en el Antiguo Egipto y en las primeras dinastías chinas. Si bien es cierto que hubo épocas, especialmente en la Edad Media, en las que fue denostada por su supuesta relación con el demonio y otras fuerzas oscuras.

El propulsor de la magia moderna fue el relojero francés Jean Eugène Robert-Houdin, el primer mago que empleó la electricidad en sus trucos. Uno de sus efectos más famosos fue el naranjo fantástico, del que aparecían flores, frutas y mariposas.

En España, la magia no se profesionalizó realmente hasta la fundación de la Escuela Mágica de Madrid, allá por los años 70, que sentó las bases de este entretenimiento en nuestro territorio gracias al trabajo de pioneros como Arturo de Ascanio, un abogado con alma de mago. Su legado ha permitido que «en nuestro país se encuentren algunos de los mejores cartomagos del mundo y, cuando un mago español saca una baraja de cartas en alguna concentración mundial de magos, todos se callan y le miran expectantes por lo que allí vaya a ocurrir», cuenta el ilusionista y humorista Luis Piedrahita, que el próximo 5 de febrero se traslada con su espectáculo de humor 'Es mi palabra contra la mía' al Teatro Reina Victoria de Madrid.

En otros países, como Estados Unidos, la magia está incluso más extendida. De hecho, actualmente es la afición más practicada después de la filatelia (coleccionismo de sellos). Allí se han producido películas ('El ilusionista', 'El truco final'...) y programas de televisión sobre magia que después han sido imitados por otros países, promoviéndose todavía más la pasión por este arte. En España, por ejemplo, fueron muy populares 'shows' como 'Magia potagia' o 'Nada x aquí'.

El oficio de mago

La democratización de Internet también ha hecho la magia más accesible a todo el mundo. «Cada día se suben a YouTube más de mil vídeos relacionados con esta temática», destaca Piedrahita. Todo ello ha provocado que la disciplina esté viviendo en los últimos años una época dorada, incluso a pesar del daño que la pandemia ha infligido a las artes en general.

«Lo bueno de la magia es que, al estar dirigida al público familiar, existe un rango muy amplio de personas, de distintas edades, a las que interesa», señala Mayoral. «Yo siempre digo que la gente que dice que no le gusta la magia es porque no ha visto magia de calidad», agrega Daortiz.

«Los vídeos de Youtube están bien, pero deben ser un complemento, no la base del aprendizaje de la magia»

Luis piedrahita

Su mayor consumo ha generado más magos pero, si este arte no se estudia en la universidad, al menos por ahora, ¿cómo y dónde se aprende? Practicando mucho, desde muy joven a ser posible, y observando a otros magos, ya sea codeándose con ellos en conferencias o festivales o estudiando su técnica a través de los libros en los que han volcado su conocimiento 'mágico'. «Los vídeos de Youtube están bien, pero deben ser un complemento, no la base del aprendizaje de la magia», opina Piedrahita.

Otro aspecto importante en la carrera de mago es conocerse a uno mismo. «Debes saber cuáles son tus cualidades y talentos para potenciarlos. Por ejemplo, si soy simpático y divertido, puedo preparar 'shows' de magia y humor. Si soy muy hábil con las manos, puedo hacer trucos de habilidad. Hay que elegir bien, porque si te equivocas en la elección no llegarás muy lejos», advierte Mayoral.

Además, la magia es un arte que nutre de muchas otras disciplinas, como la oratoria, la danza, el teatro o la psicología. De ahí que haya sido apodada como la 'reina de todas las artes'. Por lo tanto, cuanto más completo sea el artista, mejor.

Un aspecto en el que incide mucho Daortiz es la psicología. «A diferencia de cualquier otro arte, el ilusionismo necesita tener a alguien en frente que diga un número, coja una carta o, simplemente, que se asombre con lo que haces. Un guitarrista o un pintor pueden realizar su arte sin que nadie les mire, pero el mago no, porque él ya sabe el truco, así que precisa de otro individuo para ponerlo en práctica», reflexiona.

«Sorprender a los propios ilusionistas es una de las mayores satisfacciones que puede tener un mago»

Juan mayoral

«Cuando hablamos de personas, hablamos de psicología, por eso para un mago es tan importante entender cómo piensa el espectador, cómo trabaja las emociones o qué capta su atención, con el fin ser capaz de asombrarle pasados 15 minutos, y llegar a mantenerle sin que se aburra durante un espectáculo de una hora. Eso es lo que distingue a un profesional de un aficionado, pero la magia es tan agradecida que cualquiera que estudie una técnica puede realizar un truco y hacer que la gente alucine. Sin embargo, el verdadero mago es el que consigue emocionar y mantener el interés del espectador más allá de la realización de un truco», agrega el malagueño.

Otro consejo es no dejar nunca de sorprenderse. Y es que hasta los magos consiguen asombrarse entre ellos, sin importar cuántos trucos sepan. «Mucha gente cree que cuando uno sabe magia deja de disfrutarla, pero todo lo contrario. Tener conocimiento sobre una materia solo te lleva a disfrutarla más todavía», destaca Piedrahita. De hecho, él mismo llegó a ver tres veces el espectáculo de magia 'In & Of Itself', del ilusionista californiano Derek Delgaudio, de lo impresionado que le dejó.

Por su parte, Mayoral reconoce que «sorprender a los propios ilusionistas es una de las mayores satisfacciones que puede tener un mago» y recuerda que no siempre los magos más mediáticos son los mejores, pues hay mucho talento desconocido.