La Semana Santa pasa de largo en El Cotillo

09/04/2020

Las furgonetas de las empresas de surf aparcadas por casi todas las calles dan la bienvenida en El Cotillo, en el municipio de La Oliva. Es la primera señal de la conmoción económica que vive este pueblo que en Semana Santa se llena de visitantes y que ve cómo pasa de largo por las medidas contra el contagio por coronavirus.

El Muelle Chico vacío de gente en terrazas y restaurantes también es indicador de la crisis. En el paseo marítimo, sólo se oyen las olas y no el menudeo de charlas, sol y salitre. En el Roque de la Mar, el movimiento es un poco mayor porque los pescadores siguen saliendo a faenar, aunque con un cupo diario de kilos. Desde este refugio pesquero donde se mecen unos 17 barcos, Piedra Playa es un regalo para la vista, pero no para el sector deportivo náutico. Hacia el faro, los zarapitos son los únicos seres vivos en las playas de La Concha y Bañaderos, los goros empiezan a entullirse de arena y las olas rompen en soledad.

Del faro de El Tostón hacia Majanicho, la estampa se repite. La única ventaja es que se ha frenado el expolio de los rodolitos, las algas marinas que se popularizaron en las redes sociales como palomitas y que todos querían llevarse de recuerdo.

En el pueblo de El Cotillo, Luzma Rodríguez, presidenta del colectivo cultural Cotillo Joven, sale de su casa a unas aceras vacías de visitantes, pero aguarda con un mensaje positivo «Antes que nada, felicitar a nuestros vecinos. Ya sabía que éramos un pueblo activo, pero ahora puedo asegurar que somos unos campeones por el compromiso con el confinamiento». Son unas 800 almas que se han mantenido en el aislamiento domiciliario -como todo el país- a pesar de la tentación continúa del mar, que les pestañea desde las azoteas y les llama con el ruido de las olas. El Cotillo simboliza, esta Semana Santa atípica hasta por sin viento, el descanso infinito y la desconexión de la cotidianeidad que es la playa.

Por encima del Roque de la Mar, algo se mueve rompiendo el confinamiento: son los delfines que Cotillo Joven ha colgado en un vídeo en sus redes sociales. No hay ninguna actividad más que rompa el silencio de un pueblo que en Semana Santa triplica su población y en verano «la multiplica por cuatro y sin exagerar», confirma la presidenta del colectivo que mira con inquietud el después del Covid-19. «Somos un lugar acostumbrado a recibir gente y ahora vemos peligrar hasta este verano».

A Kilian de León González, también miembro de Cotillo Joven, el colectivo que se fundó en 1983 a partir de la comisión de fiestas, le cuesta más la cuarentena. «Uff, pues ahí vamos. Yo. como Luzma, no soy de estar todo el día en casa sino de estar activo para un lado y para otro, haciendo cosas, hablando con la gente». Este profesor de zumba ha cambiado sus clases en los centros culturales por la azotea de la casa y sus paseos con el perro se limitan al solar de enfrente, cuando antes daban largos paseos por la costa.

Aunque estamos en primavera, para el sector marinero empieza ahora su verano de pescas. Lo dice José Francisco González Pérez, patrón mayor de la cofradía de Corralejo y pescador en El Cotillo. En la lonja desde donde se ve el Roque de la Mar, la actividad continúa, pero en ralentí. El cupo de 30 kilos diarios de capturas ha bajado los ingresos de un sector que echaba casi todo el pescado a los restaurantes y que ahora, por la bajada brutal de la demanda, termina en una cadena de supermercados. «Es nuestro verano porque ahora empiezan las calmas y el buen tiempo, desde abril hasta junio. Sin embargo, no podemos coger el pescado porque no tenemos compradores».

Por eso, manda el mismo clamor de ayudas económicas para el sector que la agricultura y la ganadería. «Ahora mismo, sólo nos da para escapar en la pesca».