Los problemas de movilidad son consecuencia directa del incremento de población en las islas. / C7

¿Seguir creciendo es sostenible?

Canarias triplica ya la media estatal de densidad de población. El poliédrico y complejo debate sobre el reto demográfico vuelve a estar en primer plano

Loreto Gutiérrez
LORETO GUTIÉRREZ Madrid

Cómo abordar los efectos del aumento de la población en un territorio limitado, frágil y fragmentado es un debate recurrente en Canarias, que durante años ha pasado del primer plano al olvido de forma cíclica, con escasas conclusiones prácticas.

Ahora recobra vigencia con la decisión unánime de todos los grupos políticos del Parlamento canario de crear una comisión de estudio sobre reto demográfico y equilibrio poblacional para tratar de dar respuesta a preguntas clave sobre el modelo de sociedad del archipiélago a medio y largo plazo.

¿Es sostenible seguir creciendo al ritmo actual? ¿Es necesario -y posible- poner límites al crecimiento para garantizar la sostenibilidad de los servicios públicos esenciales y frenar el impacto medioambiental?

En su etapa de presidente del Gobierno de Canarias, Román Rodríguez, entonces en representación de CC, fue quien llevó la atención a la capacidad de carga del territorio, impulsó la primera moratoria turística que frenó las licencias hoteleras y puso en marcha en 2002 un comité de expertos sobre población e inmigración para analizar posibles medidas a adoptar, germen de las Directrices Generales de Ordenación Territorial suavizadas años después con la Ley del Suelo.

Desde la Presidencia del Ejecutivo autónomo también Adán Martín, Paulino Rivero y más tarde Fernando Clavijo abordaron puntualmente el problema de la superpoblación y el eventual control del número de turistas, pero las disquisiciones teóricas no se llegaron a plasmar en acciones institucionales.

Estadística

Los datos son significativos. Canarias, con 292 habitantes por kilómetro cuadrado, es ya la tercera autonomía con mayor densidad de población del Estado solo por detrás de la Comunidad de Madrid, con 845 habitantes/km2, y País Vasco con 307.

La comparativa de la evolución es también relevante: en las últimas dos décadas las islas crecieron un 26,7% frente al 17% de media estatal. Entre 1999 y 2007 la población canaria experimentó un boom y aumentó en 500.000 personas, pasando de 1,5 millones de habitantes a 2 millones en solo ocho años.

Luego el crecimiento se ha moderado hasta los algo más de 2,2 millones actuales, pero la proyección de la oficina europea de estadística Eurostat apunta a que al ritmo actual las islas llegarán en el año 2050 a los 2,6 millones de habitantes.

Datos clave

  • 292. Canarias es la tercera comunidad autónoma en número de habitantes por kilómetro cuadrado, solo por debajo de la Comunidad de Madrid (845) y el País Vasco (307).

  • Por encima de la media. Si se compara la evolución los datos son también relevantes: en las últimas dos décadas las islas crecieron un 26,7% frente al 17% del conjunto del Estado, una diferencia de casi 10 puntos.

  • 2050. De mantenerse el ritmo actual, la oficina europea de estadística, Eurostat, estima que la población de las islas llegará a mitad de siglo a los 2,6 millones de personas, 400.000 más que ahora.

  • Concentrados en las capitales. El 80% de la población de las islas reside en las islas de Gran Canaria y Tenerife. Si se miran las dos capitales la densidad de población se dispara a más de 3.700 personas por kilómetro cuadrado en Las Palmas de Gran Canaria y 1.400 en el caso de Santa Cruz de Tenerife.

«Las proyecciones a futuro se hacen sobre la base de la dinámica de crecimiento anterior, que la experiencia indica que no siempre se cumplen», matiza el director del Instituto Canario de Estadística (Istac), Gonzalo Rodríguez López, «pero en todo caso es muy interesante que se vuelva a abrir una reflexión sobre el reto demográfico, porque el crecimiento de población debe ir acompasado con la asistencia sanitaria y educativa, soluciones a los problemas de movilidad y una concepción urbanística distinta a la que tenemos ahora. Es un debate necesario», añade.

Rodríguez, que como sociólogo lleva más de treinta años recopilando y analizando datos, lamenta que los estudios realizados hasta ahora sobre la evolución de la población de las islas se hayan quedado solo para publicar en libros. «Algunas conclusiones de hace veinte años siguen teniendo vigencia hoy, se podía haber avanzado en ese tiempo y no se ha hecho», señala.

No se aventura sin embargo a hacer un diagnóstico genérico de la situación actual, porque a todas sus reflexiones antepone la premisa de la complejidad de abordar un debate que tiene múltiples enfoques posibles.

El aumento de población requiere soluciones políticas y normativas para transitar hacia otro modelo social

«No es posible dar una única respuesta porque intervienen muchos factores, hay que ir mirando parte por parte», expone, «¿Canarias está superpoblada? Pues relativamente, hay zonas que claramente sí, porque en las islas capitalinas vive el 80% de la población, pero en el resto de las islas -salvo Fuerteventura y Lanzarote, que han crecido mucho- no existe ese problema», añade.

El propio carácter multifactorial del resto demográfico que afronta el archipiélago requiere, en opinión del director del Istac, evaluar, jerarquizar y organizar todos los elementos para a partir de ahí buscar soluciones políticas y normativas encaminadas a una transición inteligente hacia otro modelo social, con medidas no tanto ideológicas como pragmáticas.

«En una planificación de futuro se debe valorar cómo va a quedar el sistema y las repercusiones que va a tener», señala, «si miramos la pirámide poblacional vemos que tiene forma de pino, se ha estrechado por la base porque la natalidad se ha reducido mucho y eso hay que tenerlo en cuenta para prever sus efectos en la economía».

No hay soluciones fáciles, ¿dónde poner los límites? La libre circulación de personas es un derecho consagrado en la UE y reducir plazas alojativas tendría efectos negativos para una economía altamente dependiente del turismo. La población sigue creciendo, lo que exige más servicios, infraestructuras y viviendas, en un territorio con el 40% de su espacio protegido. La capacidad de carga del archipiélago vuelve a estar en el debate político.