Desde mi sofá

Malpensados

03/12/2018

Victoriano S. Álamo

Cuentan los presentes que la lucha es feroz entre los máximos responsables de los departamentos cuando se está confeccionando los presupuestos anuales de la institución pública en cuestión. Como es natural, cada uno considera su área prioritaria y pelea hasta el último momento por conseguir hasta el último céntimo posible dentro del montante final y total.

Por ello, uno de los mayores pecados que puede tener un político, junto con la corrupción, es la incapacidad para ejecutar el presupuesto asignado en cada uno de los departamentos que están bajo su gestión. Pocos baremos son más fiables para determinar la eficacia o ineficacia de un gestor que el grado de ejecución de su presupuesto.

Lo sucedido durante los dos últimos años en el Gobierno de Canarias, en concreto en su consejería de Economía, Industria, Comercio y Conocimiento, con respecto a las subvenciones a la producción audiovisual canaria es uno de los mayores ejemplos de ineficacia conocidos del Ejecutivo que encabeza Fernando Clavijo. A estas alturas, a falta de que se conozca el nivel de ejecución del millón de euros del plan plurianual que correspondía a este año, entre el 2017 y 2018 se han quedado sin ejecutar más de 1,7 millones de euros. Este dinero desemboca, tal y como reconoce el Gobierno de Canarias, por un sumidero que acaba en Tesorería.

La pregunta que algunos malpensados nos hacemos es si este desaguisado es fruto de la pésima gestión y del desinterés o si detrás de este esperpento se esconde un plan.

Este supuesto se ha desarrollado como sigue. El Ejecutivo quiere meterse en el bolsillo al sector. El presidente se reúne con sus representantes, se fotografía con ellos y comunica que regresan las ayudas. El tercer paso consiste en reunirse con el sector para elaborar las bases y los criterios para el desarrollo de las ayudas. A continuación, apenas se tienen en cuenta las sugerencias y se incluyen apartados y plazos que se saben que son inasumibles por el sector. Se hace todo lo posible para que el tiempo pase y los plazos expiren. Así, el dinero se destina para otra cosa.

Llámenme malpensado.