Por si le interesa

A ver si abren los ojos

16/05/2018

No me gustan las etiquetas. Tampoco las ideológicas. Pero es verdad que existe cierto estereotipo que vincula a las mentalidades de izquierda con una más acusada actitud de rechazo a todo aquello que huela a xenofobia, segregación, desigualdad o intolerancia. Por eso mismo me descoloca la simpatía con la que movimientos de esa naturaleza han saludado el proceso de supremacismo rancio y casposo que se ha abierto camino en Cataluña y del que, a mi juicio, es un caricaturesco exponente el ya, por suerte, y pese a todo, nuevo president de la Generalitat, Quim Torra. Digo por suerte porque, de no haberlo elegido, los catalanes se habrían visto abocados a otro callejón sin salida, es decir, a unas elecciones.

Me descoloca la simpatía con la que movimientos de esa naturaleza han saludado el proceso de supremacismo rancio y casposo que se ha abierto camino en Cataluña

Y es que me cuesta entender que haya gente de izquierdas, que la hay, incluso jóvenes, que sigan viendo con buenos ojos un movimiento como este que está siendo capitaneado por un tipo tan grotesco y que nada tiene que envidiar, a mi juicio, a las bufonadas del mismísimo Trump, al que, por cierto, en este caso, sí convierten en blanco de sus iras. ¿Qué diferencia hay entre las barbaridades que ha dicho Trump de los mejicanos y las que ha dicho Torra de los españoles? Y no hablo desde la herida, no es que me haya entrado una fiebre de fervor patriótico ante la ofensa al pueblo del país al que pertenezco. No, hablo desde el sentido común, aquel que ha de respetar a las personas, sean de donde sean, tengan el color de piel que tengan o sumen más o menos dinero en el bolsillo. Aquí van algunos de sus tuits. «Sobre todo lo que sorprende es el tono, la mala educación, la pijería española, sensación de inmundicia. Horrible, o Pobres (en alusión al PSC), hablan el español como los españoles, o Los españoles en Catalunya son como la energía: no desaparecen, se transforman».

Insisto. Se me escapa. A lo mejor se limitan a taparse la nariz porque simpatizan con la idea de que lidera una lucha contumaz e inasequible por la república que tantos españoles querrían también para España, por más que en sus comportamientos Torra actúe como un mediocre cortesano que se presta a ser usado como un títere por Puigdemont, a quien, por paradójico que resulte, reverencian cual castizo monarca absoluto.