Iván Redondo (izq) y Óscar López (dcha) / R.C

El poderoso gurú de la comunicación política cae frente al hombre de partido

Sánchez sustituye a Redondo por el que fuera su gran amigo y 'cachorro' de José Blanco, Óscar López

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERAS Madrid

La posibilidad de que Pedro Sánchez estuviera pensando en sacar del Gobierno a Carmen Calvo rondaba desde hacía ya semanas las conversaciones sobre una eventual crisis de Gobierno. Lo que nadie sospechaba es que su marcha no signifcaría una victoria para quien ha sido uno de sus íntimos enemigos, Iván Redondo, «el vicepresidente en la sombra». Seguramente, ni siquiera él, que hasta este mismo viernes seguía haciendo planes como jefe de gabinete del presidente.

Redondo -contratado por Sánchez en 2018 y recibido de uñas en el PSOE por su perfil de mercenario (trabajó como asesor político para dirigentes populares como el extremeño José Antonio Monago o Xavier García Albiol , exalcalde de Badalona)- había sido dado por muerto en otras ocasiones. Por ejemplo, tras las generales de noviembre de 2019. En la cúpula socialista le atribuían la decisión de ir a una repetición electoral y el diseño de una campaña destinada a conquistar al electorado de Ciudadanos para prescindir de Unidas Podemos y los independentistas. El rotundo fracaso de la estrategia, sin embargo, quedó sin castigo.

Tras el abrazo con Pablo Iglesias del que tanto había abjurado Sánchez, Redondo no solo no fue relegado sino que aumentó su poder. Ya controlaba la agenda del presidente pero además pasó a tener bajo su mando la secretaría de Estado de comunicación, se convirtió en secretario del Consejo de Seguridad Nacional y se situó al frente de una Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia de País a Largo Plazo.

Es difícil distinguir cuánto hay en su figura de leyenda y cuánto de realidad; entre otras cosas, porque, como experto en comunicación política, siempre se encargó de intentar que sus operaciones fueran percibidas como un «win -win», un término que empleaba con frecuencia para argmentar que, independientemenete de cómo evolucionaran los acontecimientos, su plan conduciría a una victoria. Esta será también una ocasión para comprobar cuál era su peso en los a menudo ostensibles cambios de discurso del jefe del Ejecutivo. Pero entre sus aciertos suele contarse la moción de censura contra Mariano Rajoy que llevó, contra todo pronóstico, a Sánchez a la Moncloa, y el diseño de su primer gabinete, el llamado «Gobierno bonito».

A Iván Redondo se le achaca también la 'operación Illa' que volvió a situar al PSC, por primera vez desde Pasqual Maragall, como primera fueraza política de Cataluña. Pero entre sus más claros patinazos está la campaña del 4-M en Madrid, la que acabó con una rotunda victoria de Isabel Díaz Ayuso y una sonora derrota de Sánchez, implicado de lleno en la contienda.

Vuelve el 'aparato'

Su marcha puede leerse, en cualquier caso, como una victoria del partido. Quizá no de Calvo ni de José Luis Ábalos, otro gran perdedor de esta crisis, pero sí de Ferraz y de quienes desde allí o desde Moncloa han trabajado de forma más discreta para que las cosas funcionaran, como Santos Cerdán, de facto secretario de Organización, o Félix Bolaños, ascendido a ministro de Presidencia. La elección de quien será su sustituto, Óscar López, también puede leerse en esa clave porque, pese al distanciamiento del propio Sánchez en las primarias de 2017, el que fuera número dos de José Blanco con José Luis Rodríguez Zapatero, secretario de Organización con Alfredo Pérez Rubalcaba y portavoz en el Senado con el hoy presidente, mantenía buena relación con el 'aparato'.

López, también durante varios años secretario general del PSOE en Castilla y León, era amigo de juventud de Sánchez. Ambos crecieron bajo el ala de Blanco, pero entonces era a él al que se presuponía más futuro político. Con Antonio Hernando, portavoz en el Congreso en la primera etapa del jefe del Ejecutivo como líder del partido, formaban un trío que saltó por los aires cuando Sánchez fue defenestrado en el traumático Comité Federal del 1 de octubre de 2016. Ni López ni Hernando le apoyaron en su intento de recuperar el poder. El primero impulsó la candidatura de Patxi López. El segundo se convirtió en el portavoz que defendió la abstención en la investidura de Mariano Rajoy.

Pese a la ruptura, Sánchez hizo a Óscar López presidente de Paradores. En los últimos meses, la confianza se ha restaurado. Ahora será él el hombre que susurre al oído del presidente, aunque probablemente con menos funciones que su predecesor.