S.I.B.

Cinco años del 1-O

Los cinco errores policiales que desataron la «tormenta perfecta» del 1-O

Los servicios de información fueron incapaces de encontrar las urnas, se dejaron engañar por los Mossos y el Gobierno desoyó las recomendaciones de los expertos de una operación de mucha menor envergadura y sin desalojos

MELCHOR SÁIZ-PARDO | ÓSCAR CHAMORRO

Aquel domingo en Cataluña se desató una «tormenta perfecta» (expresión de uno de los mandos policiales de Interior de la época) cuyos efectos se sintieron con intensidad durante meses y cuyos coletazos todavía hoy se perciben. Las duras imágenes de policías nacionales y guardias civiles tratando de impedir las votaciones del 1-O y enfrentándose a ciudadanos dieron la vuelta al mundo y cinco años siguen en la retina de muchos. El Gobierno de Mariano Rajoy consideró aquellos sucesos como un desenlace inevitable del órdago del Ejecutivo de Carles Puigdemont, sin embargo son muchos los protagonistas de aquellos días que creen que la batalla campal del 1-O si que podía haberse evitado y que un cúmulo de errores de diferente signo se unieron para que el desenlace fuera el que ocurrió.

El mayor fracaso de la historia del CNI

Las urnas

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Sin duda si las urnas no hubieran llegado a los 2.300 colegios electorales el 1-O no hubiera existido como tal. O hubiera sido muy diferente. De hecho, conseguir la imagen de ciudadanos votando en cajas de cartón improvisadas fue desde el primer momento la gran obsesión de los servicios de inteligencia y de los analistas del Ministerio del Interior, sabedores de que esa fotografía echaría por tierra buena parte de la legitimidad del referéndum, sobre todo a nivel internacional.

Los servicios secretos no anduvieron ni cerca de encontrar las urnas que desde finales de julio estaban en tres contenedores en el puerto de Marsella

El CNI, según han revelado en las últimas semanas fuentes de 'La Casa', destinó cerca de un millar de efectivos a tiempo completo a encontrar las urnas. Pero no anduvieron ni siquiera cerca. Los servicios secretos, probablemente en el mayor ridículo de su historia, no tuvieron un solo indicio de que las 10.000 urnas fabricadas por una empresa china de Guangzhou estaban desde finales de julio de 2017 en tres contenedores en el puerto de Marsella. Tampoco el CNI se enteró de nada cuando el 14 de agosto tres camiones llevaron las 800 cajas con las urnas a un almacén a la localidad catalanofrancesa de Illa. Ni la Policía Nacional ni la Guardia Civil ni el CNI lograron interceptar a uno de los centenares coches particulares que introdujeron el cargamento electoral en España durante los días y horas previas a la consulta ilegal.

Los policías del 'Piolín'

Falta de discreción

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El Ministerio del Interior que dirigía por entonces Juan Ignacio Zoido -tras el cariz multitudinario de las movilizaciones, sobre todo a partir del asedio de la Consejería de Economía el 20 de septiembre- decidió hacer conscientemente una exhibición de fuerza para tratar de disuadir a los independentistas de la consulta y no hizo nada por ocultar el enormes despliegue policial 'Copérnico-Avispa' que acabó por movilizar a 12.000 policías y guardias civiles. Es cierto –explican mandos de la época- que hubiera sido imposible 'camuflar' la llegada de esa envergadura, pero la decisión, entre otras, de alojar a buena parte de los efectivos en barcos del puerto Barcelona y en otros lugares muy conocidos por la ciudadanía facilitó el seguimiento a los operativos durante las operaciones de los días previos para tratar de abortar la consulta. El domingo del referéndum los movimientos de los agentes fueron radiados en directo por todas redes sociales.

Objetivos imposibles

Despliegue más modesto

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La cúpula de Interior desoyó las recomendaciones de los especialistas -y muy en particular de los servicios de Información- y forzó un «dispositivo» muy diferente al que proponían los técnicos de las fuerzas de seguridad. Los especialistas, conscientes de que de los 12.000 agentes solo algo menos de 3.000 pertenecían a unidades de «contención de masas» y que con ese contingente era imposible intentar si quiera «personarse» en los más de 2.300 colegios de Cataluña propusieron un despliegue mucho más modesto.

Los mandos de las Unidades de Intervención de la Policía (UIP, andisturbios) de las Unidades de Prevención y Respuesta (UPR) del CNP y de los Grupos de Reserva y Seguridad (GRS) de la Guardia Civil avisaron con varios días de antelación de que era materialmente imposible intentar desalojar a cerca de los 500 centros que se barajaron en un primer momento. Aunque la resistencia fuera exclusivamente pacífica -alertaron- con ese plan algunos grupos de 50 operativos tenían que desalojar hasta 20 colegios diferentes.

Cada grupo salió con las órdenes imposibles de desalojar 20 colegios. Los operativos más eficientes no superaron los 5 y totalmente exhaustos

Al final, ningún contingente consiguió llegar a más de 5 ó 6 colegios y el número final de centros clausurados por los funcionarios de las fuerzas de seguridad del Estado terminó siendo de solo 92. Aun así, los funcionarios salieron de los barcos, hoteles y cuarteles con la orden de intentar llegar al medio millar de centros.

Mucho más fácil impedir la entrada

«Ocupar, no desalojar»

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Nadie en la cúpula de Interior valoró seguir la recomendación de los técnicos policiales: «Ocupar, no desalojar». Los especialistas en contención de masas propusieron hacerse con el control desde el inicio (madrugada) de entre 30 y 40 centros electorales «clave», tanto de la ciudad de Barcelona, donde se concentraban los grandes medios nacionales e internacionales, como de otros grandes núcleos de las cuatro provincias. Nada de expediciones de cierre. Centros escogidos por su «relevancia mediática» pero también por la escasez de público.

Si los congregados no abandonaban el colegio, cerrar el mismo, precintarlo y establecer un cordón de seguridad para impedir la entrada de público y, sobre todo de las urnas. Los defensores de esta opción, alegaban que así se daba la imagen de firmeza contra el 1-O ordenada desde Moncloa y se evitaban las inevitables imágenes de forcejeos para desalojar colegios previamente ocupados por centenares de personas.

La policía catalana nunca tuvo órdenes de desalojo

¿Engaño de los Mossos?

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Diego Pérez de los Cobos, el máximo responsable del Ministerio del Interior contra el 1-O, en el juicio a su 'enemigo íntimo', el mayor Josep Lluís Traper,o reconoció que los expertos de las fuerzas de seguridad del Estado se «equivocaron» al apostar que el día del referéndum los Mossos d«Esquadra iban a actuar, al menos a medio gas, para impedir la consulta ilegal. Básicamente, Pérez de los Cobos adujo que el Gobierno e Interior fueron engañados por la Generalitat y los Mossos.

Sin embargo, lo cierto es que los servicios de Información de las fuerzas de seguridad, e incluso el CNI, advirtieron hasta la saciedad de que los colegios iban a estar ocupados por una muchedumbre si el despliegue de las Fuerzas de Seguridad no concluía antes de las cuatro de la mañana del 1-0. Es más, que no tenía sentido esperar a que los Mossos comenzaran a actuar a las seis de la mañana porque ya habían avisado de que no iban a desalojar ningún centro. Las órdenes del propio mayor de la policía autonómica el 29 de septiembre en un documento de cinco páginas ya dejaban meridianamente claro que los funcionarios autonómicos tenían prohibido el «uso de la fuerza». Aun así, se esperó a constatar fehacientemente que los Mossos habían montado un dispositivo para garantizar la seguridad en las votaciones, no para evitarlas.