S.I.B.

Cinco años del 1-O

Regreso a octubre de 2017, el mes que Cataluña flirteó con la independencia

«Nunca nos planteamos arriar la bandera española del Palau de la Generalitat», dice Dolors Bassa en el quinto aniversario del 1-O

CRISTIAN REINO | SARA I. BELLED

Octubre de 2017 fue el mes más convulso de la reciente historia de Cataluña. Algunos vieron la independencia casi «a tocar», como insistía la propaganda oficial del movimiento secesionista. Se consumó lo que se había advertido como un gran choque de trenes: entre la Generalitat y la España constitucional. Fue una gran operación política para situar el caso catalán en el foco europeo y para intentar forzar al Gobierno central a sentarse a negociar. «Siempre estuvimos dispuestos a sentarnos a hablar», afirman los líderes independentistas de la época.

Fue más o menos un mes. Del 20 de septiembre, el día en que la Guardia Civil irrumpió en la Consejería de Economía y unas 40.000 personas permanecieron durante horas impidiendo la salida a la comitiva judicial, al grito de «no hay que dejarles salir», hasta el 27 de octubre, el día culminante del 'procés': el Parlament aprobó la declaración unilateral de independencia y el Gobierno central aplicó el 155, destituyó al Govern al completo y convocó elecciones autonómicas. Tras hacer cima, como decían los líderes del independentismo, empezó otro proceso, el judicial, que llevó a los dirigentes secesionistas a prisión y algunos, como Puigdemont, al 'exilio' de Waterloo.

El día del referéndum

El día icónico de los llamados hechos de octubre de 2017 fue el 1 de octubre, jornada soñada por los secesionistas, que ya habían hecho un primer ensayo tres años antes, el 9-N. El Gobierno había afirmado por activa y por pasiva que no habría un referéndum y que no habría urnas ni papeletas. Fue un pulso entre Madrid y Barcelona. Un total de 2,2 millones de personas acudieron a votar. El 90% votó sí a que «Cataluña sea un estado independiente en forma de república».

Culminaba una tarea, ejecutada entre la sociedad civil y el Govern, que comenzó el 22 de abril de aquel año, con una reunión del entonces llamado estado mayor del ‘procés’ que lo que decidió fue asignar a Jordi Sànchez, presidente de la ANC, esos días, y más tarde secretario general de Junts, como máximo responsable de la operación urnas.

Unos ciudadanos levanta una urna en un colegio de Barcelona. Josep Lago/AFP

Las compró en China, las descargó en el puerto de Marsella y desde Illa (Francia), 40 coches particulares las llevaron a Cataluña hasta ocho almacenes. El 20 de septiembre supieron que habría urnas y que el referéndum unilateral podría celebrarse a pesar de que el Gobierno de Rajoy insistía en que no sería posible. Porque vieron que la gran operación policial llevada a cabo por la Guardia Civil, con el epicentro en la Consejería de Economía, no tocó ninguno de los ocho almacenes. Ni la Policía, ni Puigdemont ni Junqueras sabían dónde se guardaban aquellas cajas de plástico, ‘made in china’ y con el logo de la Generalitat, que costaron ocho euros cada una.

«Fue un día muy complicado. Había dudas sobre si debíamos seguir»

Dolors Bassa

Exconsejera de Trabajo y Asuntos Sociales



«El recuerdo del día es una dicotomía», afirma Dolors Bassa, consejera de Trabajo y Asuntos Sociales del Govern de Puigdemont. Fue condenada a 12 años de prisión por sedición y malversación y posteriormente indultada por el Gobierno de Pedro Sánchez. «Íbamos con mucha ilusión. Primero lo viví en mi pueblo (Torroella de Montgrí, Girona) para ir a votar a primera hora de la mañana. Era un día de felicidad», señala. Pero de inmediato la llamaron para que regresara a Barcelona porque Puigdemont había convocado a su gobierno en el Palau de la Generalitat. Las cargas policiales dieron la vuelta al mundo. Mil heridos (la gran mayoría leves). «Fue un día muy complicado». «Había dudas sobre si debíamos seguir», señala la exconsejera. El día acabó con mucha pena. «¿Cómo puede ser que la Policía reaccionara así contra la gente?», se pregunta aún hoy.

La Policía incauta urnas en Barcelona.​ AFP

Jordi Pesarrodona es el actual vicepresidente de la ANC. En octubre de 2017 era concejal de ERC en Sant Joan de Vilatorrada, pequeña localidad de Barcelona. Se hizo popular tras posar con una nariz de payaso junto a un agente de la Guardia Civil el 20-S. Fue condenado por desobediencia por impedir a los agentes acceder a un centro escolar el 1-O. Cree que fueron a por él como «venganza» por lo de la nariz de payaso. «Recuerdo el 1-O con mucha pena», señala. «Si el Estado tenía alguna credibilidad, aquel día la dejó de tener absolutamente. Aquel día rompí totalmente con el Estado, no hay ninguna posibilidad de reconciliación», afirma.

«Si el Estado tenía alguna credibilidad, aquel día la dejó de tener absolutamente»

Jordi Pesarrodona

Vicepresidente de la ANC



Para Bassa, el 1-O fue un acto de «empoderamiento» de la sociedad. Para Pesarrodona, un «referéndum vinculante», por eso se aprobó la declaración unilateral, señala. En cambio, para Carlos Carrizosa, líder de Ciudadanos en Cataluña y entonces segundo de Inés Arrimadas, jefa de la oposición, el 1-O fue un «atraco» a los catalanes y a los españoles. Y, a su juicio, el independentismo usó a los manifestantes en los colegios como «escudos humanos». «Buscaban una foto» y buscaban su «día de gloria», dice. Su sensación también es de «frustración», pues entiende que el Gobierno central estaba «a por uvas» y tenía que haber activado el 155 tras las jornadas parlamentarias del 6 y 7 de septiembre en que aprobaron las leyes de la desconexión.

Huelga de país

A los dos días, cientos de miles de personas salieron a la calle, en una «huelga de país», que fue multitudinaria, pero tampoco logró colapsar Cataluña. «Yo era consejera de Trabajo», era su negociado, recuerda Bassa, que rememora la jornada con mucha «alegría». Hasta la noche. El Rey pronunció su discurso y «ya nos dimos cuenta de que tendríamos problemas», dice.

Manifestación en el barrio de Gràcia. Alberto Estévez/EFE

«Es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones», afirmó Felipe VI. Hasta el día 3, el independentismo tenía un plan, con las urnas y la movilización.

«El discurso del Rey puso las cosas en su sitio»

Carlos Carrizosa

Líder de Ciudadanos en Cataluña



A partir de ahí, entraron las dudas, los enfrentamientos y la división. Nadie sabía muy bien qué hacer. «Nos dijeron que había posibilidad de mediación para abrir una negociación con Madrid», señala Bassa. Eran días frenéticos, con una tensión enorme. «El discurso del Rey puso las cosas en su sitio», reflexiona Carrizosa. «No lograron paralizar Cataluña», afirma el dirigente naranja. Vieron que la sociedad en su conjunto no les secundó, solo tenían el apoyo de los suyos, remata.

DUI de ocho segundos

El día 10, Puigdemont convocó pleno en el Parlament de Cataluña para declarar la independencia. La DUI que duró solo ocho segundos. «No entendía nada», admite Pesarrodona, que ese día ya vio que el ‘procés’ «no iba a ningún lado». «Empezamos a deprimirnos y a darnos cuenta de que los partidos y el Govern no estaban tan dispuestos a hacer aquello que habían prometido», critica. «Fue muy difícil de gestionar», señala Bassa. Argumenta que el mandato del 1-O «no estaba claro». Y es que la mitad de la población no se había sentido interpelada a votar.

Alegría y desconcierto en apenas ocho segundos. Reuters

Los Jordis entran a prisión

El día 16, la juez de la Audiencia Nacional, Carmen Lamela, decreta prisión incondicional para Jordi Sànchez y Jordi Cuixart, presidentes de la ANC y Òmnium, respectivamente. Ingresan en Soto del Real. Se entra en una dinámica de «acción-reacción», señala Bassa.

Jordi Sànchez y Jordi Cuixart llegan a la Audiencia Nacional el día del juicio. J. C. Hidalgo/EFE

El Parlament declara la independencia...

La reacción del independentismo fue quemar todas las naves y proclamar la república, en una sesión del Parlament, celebrada el 27 de octubre, tras varios días en que Carles Puigdemont había amagado con convocar elecciones. Lo llegó a tener decidido, después de una tensa reunión con el estado mayor en el que los dirigentes de ERC hasta le propusieron que se apartara para que ellos pudieran seguir adelante con la DUI. Puigdemont se echó para atrás y finalmente siguió adelante con la proclamación de la república. A las 15:27 horas del 27 de octubre de 2017, el Parlament aprobó una resolución que proclamó la república catalana.

La mitad de la Cámara catalana (Ciudadanos, PSC y PP) se ausentó del hemiciclo. La votación no se publicó nunca en el boletín oficial del Parlament.

Nadie ordenó arriar las banderas españolas del Palau de la Generalitat y del Parlament. «Nunca planteamos que bajaríamos la bandera española», señala Bassa. Un buen ejemplo de que el ‘procés’ no era lo que esperaban miles de independentistas. «A alguno le entró el miedo y ordenó la retirada», denuncia Pesarrodona.

Puigdemont (2i), tras la votación. Josep LAGO/AFP

... y Rajoy aplica el 155

Por la tarde, Mariano Rajoy pulsó el botón del 155 y por primera vez la comunidad catalana quedó intervenida por el Estado. El presidente y todos los consejeros fueron cesados. Ninguno se resistió a la decisión. «El 155 fue un alivio», dice Carrizosa. Tras la declaración de independencia, ellos mismos, relata, no podían disimular su preocupación y eran conscientes de que la habían «liado».