Tropas españolas desplegadas el 7 de noviembre de 1975 para vigilar la Marcha Verde de Marruecos sobre el entonces Sáhara español. / E. P.

El eterno conflicto del Sáhara

Medio siglo después, tras una descolonización y las presiones de Rabat para que se reconociese su soberanía, el Gobierno español respalda el plan marroquí de 2007

María Eugenia Alonso
MARÍA EUGENIA ALONSO Madrid

El contencioso diplomático entre Marruecos y España por el Sáhara Occidental parece estar próximo a concluir, una vez que Madrid acepta el plan de Rabat de 2007 para la autonomía de ese territorio. Así lo anunció este viernes el gabinete real de Mohamed VI, tras recibir una carta de Pedro Sánchez en ese sentido, y poco después lo confirmó la Moncloa.

El Gobierno de Madrid explicó que esta inflexión en las relaciones entre España y Marruecos tendrá «una hoja de ruta clara y ambiciosa» para «garantizar la estabilidad, la soberanía, la integridad territorial y la prosperidad» de ambos países y «afrontar juntos los desafíos comunes» sobre todo «la cooperación en la gestión de los flujos migratorios en el Mediterráneo y el Atlántico».

Cabe recordar el conflicto que supuso para las relaciones con Marruecos la llegada a España, la noche del 18 abril de 2021, del líder del Frente Polisario Brahim Ghali para tratarse de la covid-19. Llegó en avión a la Base Aérea de Zaragoza con identidad supuesta y fue ingresado en un centro médico de Logroño. El caso llegó a los tribunales y el pasado lunes 14 de marzo, el juez de Zaragoza Rafael Lasala, que investiga las circunstancias de la entrada en España del líder del Polisario, apuntó al presidente del Gobierno Pedro Sánchez como supuesto responsable de la misma y de que no se informara a la Audiencia Nacional, donde este tenía procedimientos abiertos por diversos delitos. Un incidente que ahora parece que se da por superado.

Pero hasta este viernes, las posturas eran totalmente muy distintas y controvertidas. La crisis diplomática tuvo su origen en el conflicto del Sáhara Occidental, enquistado desde hace 47 años sin que las partes implicadas, el Gobierno alauí, el Frente Polisario y la vecina Argelia, ni tampoco Naciones Unidas hubiesen conseguido desbloquearlo. Un contencioso que la comunidad internacional parecía haber relegado al olvido hasta que en diciembre, en una de sus últimas decisiones, el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconoció la soberanía marroquí sobre el territorio y abrió la caja de los truenos. El movimiento de Trump, que por ahora no ha sido rectificado por su sucesor Joe Biden, reforzó al Ejecutivo marroquí, que comenzó a exigir a sus socios europeos que se alineen con esta postura.

La legislación internacional es clara al respecto: el Sáhara sigue siendo un territorio «no autónomo» y, por tanto, pendiente de descolonización, del cual España es la potencia administradora responsable de culminar dicho proceso. Hasta ahora, el Gobierno de Pedro Sánchez, por su parte, ya advertía que no iba a reconsiderar su postura y mantinía que la solución pasaba por cumplir las resoluciones de la ONU para alcanzar una solución negociada sobre el futuro de la excolonia española.

El conflicto se remonta a 1975 cuando Marruecos se anexionó esta franja costera, rica en bancos pesqueros y fosfato, aprovechando un proceso de descolonización iniciado por España tras la recomendación de la ONU y la fragilidad de Madrid en los estertores del franquismo. Rabat lo hizo tras impulsar Hassán II la conocida Marcha Verde, que precipitó la salida de las tropas españolas de la zona, además de la huida de miles de saharauis. Apenas unos días después, se firmaban en Madrid los Acuerdos Tripartitos por los que el Gobierno español cedía la que había sido hasta entonces su colonia en el norte de África sin contar con el Frente Popular de Liberación de Saguia al-Hamra y Río de Oro, más conocido como Frente Polisario, que llevaba años reivindicando la independencia del territorio. Paralelamente, comenzaba el exilio de miles de saharauis hacia unos campamentos cercanos a la localidad argelina de Tinduf, en pleno desierto, donde aún continúan hoy.

Tan solo unos meses después, el Polisario fundó la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), mientras iniciaba una guerra que obligó a Mauritania a retirarse de su porción del territorio, de la que se adueñó Marruecos. El enfrentamiento se prolongó hasta 1991 cuando Rabat y la organización dirigida por Luali Mustafa Sayed alcanzaron un acuerdo que preveía un alto el fuego y un referéndum de autodeterminación de la población saharaui que no se ha celebrado por desavenencias en el censo.

El papel de la ONU

Para apoyar el proceso, el Consejo de Seguridad creó la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (Minurso), una operación que aún hoy sigue sobre el terreno y que tiene como uno de sus mandatos monitorizar que se cumpla el alto el fuego. Casi por inercia, las potencias del Consejo han ido extendiendo el mandato de la Minurso sin que ésta haya conseguido avanzar en el desbloqueo del conflicto por esta vía. El Polisario está enrocado en la necesidad de que se celebra un plebiscito mientras Marruecos reclama el territorio para sí y a lo más que ha llegado es a proponer un plan de autonomía limitada.

Ninguno de los mediadores enviados sobre el terreno consiguió tampoco el más mínimo acercamiento entre las dos partes. James Baker fue el primer enviado especial de la ONU, nombrado en 1997 para negociar un referéndum. Pero dimitió en 2004 tras los constantes rechazos a sus sucesivos planes de resolución del conflicto. Le tomó relevo Peter van Valsum, que organizó cuatro rondas de diálogo, pero que acabó afirmando que la autodeterminación no era una vía realista. Le sustituyó, entre 2009 y 2017, Christopher Ross, que renunció ante el boicot de Rabat. Tras la dimisión hace dos años de Horst Köhler la tensión volvió a aumentar sobre el terreno, con algunos choques armados y el Polisario declarando la ruptura del alto el fuego.

Rabat optó entonces por silenciar esta ruptura y continuar adelante con sus planes para que España y la Unión Europea reconocieran la marroquinidad del Sáhara. Desde la Transición, los distintos gobiernos han tratado de resolver por la vía de la diplomacia este espinoso asunto sin éxito porque para el vecino del sur el Sáhara es innegociable. Todo hasta el anunció de este viernes.