Un ciclista pasa junto a los militares ucranianos que hacen guardia en un puesto de control en el centro de Kiev. / EFE

El tiempo se congela en Kiev

Un toque de queda en la trinchera informativa

Solo milicianos, voluntarios del Ejército y militares están en las calles. El resto, incluidos los periodistas, bunkerizados durante 35 horas

MIKEL AYESTARAN Enviado especial a Kiev

Las calles de Kiev congeladas durante 35 horas. No es el frío. Esta vez es el silencio del riguroso toque de queda. Bendito silencio roto solo por explosiones puntuales que desgarran el cielo azul y recuerdan a los dos millones de kievitas que se han quedado en sus casas que la guerra llama a las puertas de la capital. Solo milicianos, voluntarios del Ejército y militares están en las calles. El resto, metido en sus hogares con un oído en los rugidos que llegan del frente y el otro en las noticias sobre las declaraciones positivas de Ucrania y Rusia respecto a la evolución de las conversaciones. El periodismo nacional ha sufrido un terremoto a causa de la guerra y se ha formado un frente informativo entre los siete canales principales del país para emitir durante las 24 horas.

Sin poder salir a la calle, bunkerizados, los ciudadanos de la capital viven una jornada que les retrotrae a los días de confinamiento durante la pandemia. Ese recuerdo se rompe cuando estalla la artillería. ¿Alto el fuego temporal u operación a gran escala de Rusia? Es la pregunta que flota en una ciudad fantasmagórica, donde la posición realista apunta a la segunda opción tras la experiencia de las últimas tres semanas.

«Estoy pegada a las redes sociales», afirma Anabel Sotelo, editora de libros de Literatura Hispanoamericana en ucraniano. El ataque de primera hora de la mañana se ha producido muy cerca de su refugio, junto a la parada de metro de KPI, y ha pasado horas intentado comprobar si todos los amigos que viven allí se encuentran sanos. Además de las redes, la población cuenta con un canal que emite noticias día y noche. La guerra ha provocado un cambio en el sistema de televisiones y todas ellas han unido esfuerzos y equipos para emitir por turnos en un solo canal. Viktoria Tyshchuk, alias 'Vika', es periodista y trabaja para el canal 1+1, del magnate Ihor Kolomoyskyi. La mañana del 24 de febrero acudió a trabajar como un día más, pero estalló el conflicto. «Una de las primeras decisiones del Ministerio de Información fue pedir a las cadenas que creáramos un frente informativo para tener a los ciudadanos informados de continuo», explica 'Vika', que desde entonces forma parte de la «maratona», como le llaman en Ucrania.

Adiós al ruso

La situación de seguridad ha hecho que algunos canales tengan sus estudios en un búnker o los hayan trasladado fuera de Kiev. Se reparten franjas de seis horas y la emisión en directo está garantizada en todo momento. «Para nosotros, y para la audiencia, es una sorpresa ver juntos a eternos competidores como 1+1 o ICTV (del oligarca Victor Pinchuk), pero la guerra nos ha unido y además emitimos sin ningún tipo de publicidad», precisa.

Toda la información es en ucraniano. El ruso, segunda lengua del país y la materna de un tercio de la población, ha desaparecido de estas cadenas. «La guerra de 2014 fue un punto de inflexión. Desde entonces, el ruso ha ido desapareciendo de la escena pública para dejar paso al ucraniano. Ocurre también en el cine, donde ya no se encuentran películas dobladas al ruso», apunta Anabel, desde el refugio en el que pasa el toque de queda. Le acompaña en estas horas tan largas Yevheniy Stasinevych, reputado crítico literario de Kiev, quien va un paso más allá y pide también «la prohibición de los libros en ruso, porque sus empresas editoras pagan impuestos a un Gobierno que luego destina el dinero a enviar tanques para matar a nuestro pueblo. Hay que cortar toda vía de suministro de dinero a Moscú, aunque suponga tener que prohibir la venta de las obras de Dostoyevski».

Ni en el cine, ni en las librerías, ni en las noticias. El pulso entre Kiev y Moscú se ha llevado por delante al ruso y el propio Volodímir Zelenski decidió prohibir los tres mayores canales en ruso del país (112, NewsOne y ZIK) justo unos días antes de la invasión por considerarlos «armas al servicio del Kremlin». Analistas políticos como Igar Tyshkevich justificaron esta decisión y defendieron que «en una zona en conflicto no puede haber medios financiados por el enemigo. Es como si Hamás tuviera en Israel su propio grupo mediático, no es posible».

A diferencia de los ucranianos, los medios extranjeros presentes en Kiev para cubrir la guerra no tienen permiso para salir de los hoteles. Unos colegas de una gran agencia prueban fortuna, pero apenas avanzan unos minutos en su coche y les paran en un puesto de control. Todos sus permisos están en regla, pero para moverte en toque de queda cada día hay una contraseña diferente… y esa la desconocen, así que tienen que darse media vuelta.

Al caer la noche, el silencio se hace aún mayor y las explosiones del frente norte suenan más graves. Apenas hay luces en la que hasta hace tres semanas era conocida como 'la ciudad de la luz'. La gente respeta el toque de queda de manera marcial. Se queda en casa, alejada de las ventanas, por si hay bombardeos, y pegada al móvil o la televisión siguiendo la 'maratona'. En ese canal de 24 horas ven los horrores de una guerra que ha destrozado Járkov o Mariúpol y rezan para que no se extienda a Kiev.