Un mercado de la capital afgana, Kabul, esta semana / LILLIAN SUWANRUMPHA / AFP

El 'Día negro' de las mujeres afganas

Organizaciones femeninas llaman a salir vestidas de negro en Kabul al grito de «trabajo, pan y libertad» en el primer aniversario de la llegada de los talibanes al poder

MIKEL AYESTARÁN Kabul

«No han podido con nosotras y no podrán, vamos a seguir luchando hasta recuperar la libertad». Son palabras de Shahla Arifi, quien después de dos décadas en el ministerio de la Mujer ahora coordina 'Mujeres en busca de justicia'. Este grupo está formado por más de 800 mujeres y forma parte de un movimiento a nivel nacional de activistas afganas que plantan cara a las restricciones impuestas por el Emirato. El próximo lunes se cumple un año de la toma del poder por parte de los islamistas y «como nosotras llamamos a este día el 'día negro', saldremos en una marcha vestidas de negro. No será el mismo día 15 porque sabemos que están muy nerviosos con la fecha, pero en torno al aniversario nos haremos escuchar de nuevo en las calles de Kabul», asegura Arifi bajo su pañuelo a rayas. El eslogan de esta marcha tan simbólica será «trabajo, pan y libertad».

Tiene 41 años, es madre de cuatro hijos y el activismo le ha costado serias amenazas en estos último doce meses. «Me han enviado fotos de uno de mis hijos y de mi marido para decirme que les siguen los pasos y que, o dejo estas actividades, o los matan», cuenta sin poder contener la emoción. Si las cosas no cambian, no descarta la idea de emigrar a Irán de forma temporal este invierno. De momento lo que hace es cambiar con frecuencia de casa en Kabul y evitar en lo posible los puestos de control talibanes.

Los derechos y libertades que la mujer afgana ganó durante dos décadas se han ido esfumando cada día que pasan bajo el Emirato. Pese a estar en plena crisis económica y humanitaria, la mujer es la obsesión para los nuevos dirigentes. Los talibanes insisten en que no son los mismos que en el primer Emirato de finales de los noventa, pero desde su regreso prohíben a las mujeres hacer deporte, no incluyeron a ninguna en su Gobierno, cerraron su Ministerio y lo cambiaron por el de Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio, les prohibieron la educación secundaria, las mantienen alejadas de los puestos en ministerios y oficinas públicas…

Shahla Arifi no descarta emigrar a Irán, tras haber recibido amenazas por su papel como activista a favor de los derechos de la mujer / E. C.

«En el fondo nos temen, por eso toman todas estas medidas y en los próximos meses pueden llegar más. Son peores que los de finales de los noventa, no pueden engañar a nadie y ya es hora de que la comunidad internacional mueva ficha porque este país volverá a ser un nido para terroristas», alerta Arifi, quien añora sus 20 años de promoción de deporte entre las niñas del país como funcionaria del Ministerio.

«Occidente nos ha abandonado»

Entrevistar a mujeres marcadas por los talibanes requiere buscar un lugar seguro en Kabul. «Estamos perseguidas y sabemos que en cualquier momento pueden venir a por nosotras», explica Estorai Yazdanparast, otro de los rostros conocidos entre las activistas de la capital, que ahora divide su vida entre Kabul y su Badakhsan natal, al norte del país. Lleva trece años relacionada con organizaciones y proyectos de defensa de los derechos de las mujeres, también es empresaria y se presentó a las últimas elecciones al Parlamento por su provincia. Empezó su labor humanitaria con organismos como Oxfam o USAID, pero ahora lo que le quedan son sus compañeras afganas y no oculta la «decepción con Europa y Estados Unidos, nos han abandonado, nos han roto el corazón».

A la hora de resumir este primer año de Emirato, Yazdanparast es rotunda y dice que «llevo doce meses en una especie de arresto domiciliario, mis hijas no pueden ir a la escuela, no puedo hablar con los medios afganos y un post de Facebook, que se mofaba del aspecto físico de un comandante talibán en el que su autor me etiquetó, me ha costado amenazas de muerte».

En estos meses, los islamistas también han recomendado a las mujeres el uso del burca -aunque en el centro de Kabul no se ve demasiado- prohibido viajar más de 72 kilómetros sin la compañía de un hombre de la familia, aparecer en series de televisión o películas y hablar por la radio.

Estorai Yazdanparast no oculta su decepción con Europa y EE UU: «Nos han roto el corazón» / E. C.

«El país está en la ruina, el desempleo disparado, la gente desesperada por emigrar y ellos han emitido 27 normas sobre la mujer, ¿qué será lo siguiente?», se pregunta Yazdanparast con el llanto en los ojos. Llora por su hija mayor. Tiene 18 años y un comandante talibán de su provincia les ha informado que quiere casarse con ella. Esta noticia les hizo salir del país durante unas semanas y fueron al vecino Irán, pero han vuelto y temen que el comandante se la lleve por la fuerza.

«Si pudiera, me iría de este país en un minuto, pero no puedo. Se lo debo a mis hijas y a las mujeres, el futuro está en juego», afirma secándose los ojos. El próximo gran reto es el 'Día Negro', en el que Yazdanparast piensa tomar parte. «En Kabul son algo más permisivos con nosotras porque hay prensa y quieren cuidar su imagen de cara al exterior, pero en las provincias como la mía hacen lo que les da la gana, no hay límites», apunta.

Afganistán es ahora una prisión para estas mujeres que crecieron y trabajaron durante dos décadas en la ficción sostenida por estadounidenses y europeos. El 15 de agosto de 2021 se acabaron los sueños y se dieron de bruces con la realidad de unos talibanes obsesionados por invisibilizarles. Un año después se verán en las calles con ese color negro como la oscuridad que se ha apoderado de sus vidas.