Leonid hace acopio de varias piezas de muebles que pueden arder para mitigar el frío. / M. AYESTARAN

La guerra del frío

Supervivientes del cerco de Chernihiv recogen cualquier resto de madera de las casas arrasadas para hacer fuego y poder calentarse este invierno

MIKEL AYESTARAN Enviado especial. Chernihiv

La guerra llegó a Chernihiv el mismo día que empezó la invasión. Situada a apenas 70 kilómetros de la frontera con Bielorrusia, esta ciudad de 280.000 habitantes estuvo cercada desde el 24 de febrero hasta el 4 de abril por tropas rusas. El principal puente de acceso sobre el río Desna está reventado y solo se puede llegar a través del puente de pontones instalado por los militares. La aparente normalidad en el centro se rompe cuando emerge la silueta rosada del hotel Ucrania, con las tres últimas plantas destrozadas por el impacto de un misil.

A unos pocos minutos en coche está la calle Chornovola. El reloj se paró en esta calle el 3 de marzo a las 12.15, la hora en la que los aviones rusos lanzaron seis misiles y mataron a 47 personas. Dos grandes bloques de viviendas y un hospital resultaron seriamente dañados. Siete meses después los vecinos de esta zona intentan recuperar poco a poco la normalidad, tarea nada sencilla. Valentina ha vuelto a su piso, pero reparar las ventanas le ha costado 95.000 grivnas (2.400 euros al cambio), toda una fortuna en país en el salario mínimo no supera los 200 euros. «Al principio pusimos unos plásticos, pero en cuanto pude lo cerramos. Llega el invierno y no sabemos si tendremos o no calefacción, pero somos ucranianos y vamos a trabajar y trabajar para salir adelante», comenta desde el balcón de su casa.

El frío es una de las grandes preocupaciones de los vecinos. Los termómetros pronto bajarán de los cero grados y el país sufre una grave crisis debido a los continuos ataques de Rusia contra plantas energéticas. Kirilo Timoshenko, 'número dos' de la oficina del presidente, Volodímir Zelenski, hizo un llamamiento a los ciudadanos para que «utilicen la energía de forma inteligente por la mañana, entre las 8.00 y las 11.00 horas (hora local), y por la tarde, entre las 17.00 y las 23.00 horas». La necesidad de reducir el consumo puede llevar incluso a cerrar los colegios y volver a la enseñanza en línea durante el invierno.

Leonid y su hijo Volodímir no tuvieron la suerte de Valentina y su piso quedó arrasado. Es el tercero de una torre de diez pisos en la que no queda un solo vecino. «Ahora venimos para rescatar todo aquello que se pueda quemar este invierno, muebles, libros, marcos de puertas y ventanas… el invierno será largo y los muebles arden bien. Aunque finalmente tengamos servicio de gas, es demasiado caro y no podremos pagarlo así que espero que los muebles ardan bien», comenta Leonid, antiguo conductor de una fábrica local. Su hijo es quien lleva las piezas de mayor peso y las baja hasta la puerta desde el tercer piso.

«¿Ayudas? Las autoridades vinieron el primer día y nos dieron un certificado en el que constan los daños que hemos sufrido. Prometieron que nos ayudarían, pero con la situación que vive el país suponemos que la ayuda no llegará hasta que termine la guerra y eso no sabemos cuándo será», dice Volodímir. Padre e hijo no tienen un minuto que perder. Cargan su Lada 1200 azul con la madera y abandonan este lugar fantasmagórico que hasta febrero era su hogar.

La amenaza del norte

El frente parece ahora lejano de Chernihiv, pero todos saben que la amenaza sigue presente y está muy próxima. El presidente bielorruso, Alexánder Lukashenko, decretó el estado de alerta y ha desplegado sus fuerzas a la largo de la frontera. El aliado de Vladímir Putin advierte de la «amenaza terrorista» y «por lo tanto, comenzamos un procedimiento conjunto de defensa entre el ejército bielorruso y unidades de la Federación Rusa».

La contraofensiva ucraniana se centra en el este y sur del país, donde las autoridades prorrusas han pedido incluso a Moscú ayuda para evacuar a los civiles. Rusia, por su parte, ha demostrado su capacidad de golpear en cualquier punto del territorio. Además de los misiles de crucero, en la última semana se han repetido los ataques con aviones no tripulados y el ministro de Defensa, Alexei Reznikov, aseguró que el enemigo cuenta con «alrededor de 300 unidades» de estos drones kamikazes suministrados por Irán. Según Rezkinov, Rusia estaría en conversaciones con la república islámica para comprar «miles de aparatos más».

En la antigua Avenida Lenin, rebautizada como Myru, Sergei sigue en su móvil las últimas noticias de la guerra y se muestra preocupado por los movimientos de Lukashenko. «No creo que dé el paso de cruzar la frontera y reforzar a Rusia, pero en caso de que lo haga aquí le esperamos. Si conseguimos que los rusos dieran marcha atrás, lo mismo haremos con los bielorrusos, no hay duda».