Trump con los principales líderes tecnológicos en la reunión que mantuvieron en 2016. / AGENCIAS

¿Neutralidad en las redes sociales?

Mark Zuckerberg blinda Facebook a los mensajes políticos para no repetir los errores que permitieron a Rusia interferir en las anteriores elecciones presidenciales

IÑAKI JUEZ

«Fue mi error y lo siento». Mark Zuckerberg, con gesto compungido, entonaba así el 'mea culpa' por el escándalo de la consultora Cambridge Analytica durante su comparecencia ante el Congreso de EE UU el 10 de abril de 2018. El cofundador y director ejecutivo de Facebook fue interrogado en vivo por los legisladores para tratar de delimitar su papel en el uso indebido de la información personal de 87 millones de usuarios de su red social durante la campaña de las presidenciales de 2016. La filtración de datos fue utilizada para la manipulación psicológica del electorado a través del lanzamiento, desde Rusia, de mensajes masivos a favor de la candidatura republicana de Donald Trump, en perjuicio de su oponente demócrata, Hillary Clinton.

En su intervención, Zuckerberg se comprometió a llevar a cabo una serie reformas dentro de su empresa para que algo así no se volviera a repetir. Más de dos años después, el niño bonito de Silicon Valley ha cumplido con su promesa de garantizar la neutralidad del gigante azul –y, de paso, de todo el valle californiano famoso por sus empresas tecnológicas–, en unos comicios. Eso sí, a su manera.

En esta ocasión, Mark Zuckerberg ha optado por blindar a la red social ante anuncios y mensajes políticos durante la semana previa a las presidenciales del 3 de noviembre. «Es importante que las campañas se puedan desarrollar, y creo que, para que no se produzca un mal discurso, es mejor no añadir más discurso», señalaba Zuckerberg en un largo comunicado publicado en la propia red social para explicar su controvertida decisión, cuyo extenso plazo viene motivado por el incremento del voto por correo debido al coronavirus.

De esta forma, se elimina de un plumazo cualquier intento de intromisión por parte de Rusia y otras potencias extranjeras en la carrera hacia la Casa Blanca. El bloqueo de publicaciones de corte electoralista durará hasta que se conozcan los resultados definitivos. Y, además, se limitará el reenvío de mensajes a través de Messenger, su popular servicio de mensajería, durante el recuento electoral, de cara a «reducir las posibilidades de violencia y disturbios alimentados por la desinformación y el contenido dañino».

Tanto en Facebook como en Instagram, su otra exitosa red social, los mensajes políticos dejarán paso a la información sobre cómo votar por correo o cómo registrarse para poder acudir a las urnas en cada Estado. «Estas elecciones no van a ser como siempre. Todos tenemos la responsabilidad de proteger nuestra democracia. Eso significa ayudar a la gente a aclarar la confusión sobre cómo funcionará esta elección», explicaba el CEO.

En consonancia con el propósito de garantizar el derecho a voto de miles de estadounidenses en plena pandemia, Mark Zuckerberg y su esposa, Priscilla Chan, han donado 400 millones de dólares para reforzar la seguridad ante posibles contagios. Por ejemplo, mediante la adquirisición de equipos de protección anti-Covid destinados a los trabajadores de los distintos organismos y centros electorales.

Sin embargo, nada de todo esto ha servido para acallar las voces críticas, sobre todo de los simpatizantes del candidato republicano, que no han dudado en enarbolar la bandera de la libertad de expresión contra su veto a los mensajes políticos en la red y censurar su respaldo explícito al voto por correo, algo que Trump considera que puede prestarse a irregularidades y perjudicarle en su reelección.

Aprendiendo la lección

La decisión de garantizar a toda costa la neutralidad de su compañía es el mejor ejemplo de la postura que han adoptado el resto de líderes tecnológicos de Silicon Valley ante la tesitura de tener que tomar partido públicamente entre Trump o Biden. Nada que ver con la situación que se produjo hace cuatro años.

A Silicon Valley le horrorizaba la idea de ver instalarse en la Casa Blanca a un hombre con un discurso tan reaccionario y frontalmente opuesto al ambiente de permisividad y libertad que se respira en esta zona de California, a muy poca distancia de San Francisco, una de las ciudades más tolerantes de EE UU en materia de homosexualidad e inmigración. A la meca de la tecnología solo le importa el talento de sus directivos y trabajadores y no su procedencia, algo que chocaba con las duras políticas del magnate republicano.

Mark Zuckerberg, durante una presentación. / AGENCIAS

En aquel entonces, 140 ejecutivos, empresarios e inversores –entre ellos, Sherly Sandberg, directora operativa de Facebook; Rick Schmidt, presidente de Alphabet y exdirector de Google; o Reed Hasting, presidente de Netflix– firmaron una carta de apoyo a la candidatura de Clinton. Tim Cook, el sucesor de Steve Jobs al frente de Apple, recibió a una representación de la plataforma que no dudó en calificar a Trump como «un desastre para la innovación».

Elon Musk, fundador de Tesla y SpaceX, fue más allá y participó en la donación de fondos para la campaña de la aspirante demócrata, que consiguió recaudar en el valle 55,7 millones de dólares. Una cifra que contrasta con el solitario millón logrado por Trump gracias a los apoyos de Peter Thiel (exfundador de Pay Pal y republicano confeso) y Palmer Luckey, creador de las gafas de realidad virtual Oculus, ahora propiedad de Facebook.

Tras su elección, y consciente del rechazo a su figura en Sillicon Valley, el nuevo presidente se reunió el 15 de diciembre de 2016 con los pesos pesados de la industria tecnológica estadounidense para tratar de limar asperezas y despejar sus temores. Además de Sandberg, Cook y Musk, acudieron al piso 25 del edificio de Trump Larry Page (director de Google), Satya Nadella (CEO de Microsoft), Jeff Bezos (propietario de Amazon) y Chuck Robbins (presidente de Cisco Systems). Al término del encuentro, en un discurso inusualmente conciliador en él, Trump expresó a los directivos sus buenas intenciones: «Queremos que sigan con la increíble innovación. Cualquier cosa que podamos hacer para ayudar a que esto siga, estaremos a su lado».

Continuas provocaciones

La mayoría de los invitados abandonaron la reunión sin hacer declaraciones. Y callados han seguido durante cuatro años, salvo contadas excepciones, como Jeff Bezos, propietario también del periódico 'Washington Post', de línea editorial muy crítica con la política del presidente, o el fundador de Microsoft, Bill Gates, que ha censurado al Gobierno por la gestión de la pandemia, aunque sin cargar las tintas sobre Trump.

Mientras, el republicano no ha dejado pasar la oportunidad de buscar la confrontación con ellos durante todo su mandato. Acusó a Twitter de censurar sus mensajes; amagó más de una vez con limitar el poder de las grandes corporaciones, exigiendo a Apple que fabrique sus dispositivos en suelo estadounidense bajo la amenaza de costosísimos aranceles comerciales; y vetó a Huawei en aras de la salvaguarda de la seguridad nacional, lo que ha terminado perjudicando en especial a Google, que suministraba a los móviles del gigante chino el sistema operativo Android, que incluye servicios tan populares como YouTube o Google Maps.

Pese a todo ello, la mayoría de los líderes de las multinacionales tecnológicas han optado por morderse la lengua para evitar ser acusados por Donald Trump de utilizar su poder en webs y redes sociales para poner a los internautas en su contra. Pero, fuera del foco público, la balanza electoral parece decantarse una vez más hacia el lado demócrata en el valle del silicio. Según la Comisión Electoral Federal, los trabajadores de empresas como Google, Apple, Amazon o Facebook han contribuido a la candidatura de Trump para estos comicios con unos pírricos 239.000 dólares. La hucha de su oponente, Joe Biden, sumó 4,7 millones.