«No me gusta la unilateralidad del reguetón, aborrega»

29/08/2018

Maribel Quiñones (Huelva, 1954) vuelve a Canarias para celebrar el 30º aniversario del Encuentro de Música Popular Teresa de Bolívar. Lo hará junto a su hijo, el guitarrista Raúl Rodríguez, en un concierto en el que repasará los hitos de sus tres décadas de carrera. La cita será este viernes, día 31, a las 21.00 horas, en la plaza de Sintes de Teror

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¿Cómo será el concierto que dará en Teror? ¿Cuántos músicos trae?

— Voy con mi hijo Raúl. Cuando toca la guitarra parece que está sonando el cajón y los pies bailando. Es un enamorado de Canarias y tiene muchos amigos artistas allí. Tengo la suerte de tocar en Teror con el músico que más me conoce y mejor me acompaña.

— ¿Y el repertorio?

— Es una antología de canciones de todas mis etapas desde el principio hasta ahora, con jazz, flamenco, copla, bolero, tango...

— El encuentro Teresa de Bolívar pone el acento en las músicas de ida y vuelta. ¿Habrá mucho repertorio latinoamericano teniendo en cuenta que su hijo tiende al son?

— Sí, tiene dos discos dedicados a los cantes de ida y vuelta. Es un gran conocedor de la música de raíz y es antropólogo también. Han pasado muchas cosas desde el 97 cuando fui por primera vez a América y luego metí ritmos latinos en el compás flamenco. En el 97 estuve en Teror con Compay Segundo. La gente es maravillosa, muestra un gran respeto por la música. Es un público agradecido, con ganas de compartir emoción, poesía y música.

— En junio participó en un homenaje a Miguel Vargas Bambino. ¿Hay muchos olvidados en la música española?

— Trabajo para eso también. Me ha encantado hacer un homenaje a Bambino. Se llenó. Cada artista interpretó a su manera la obra de un artista magnífico, que dejó una huella profunda. He luchado mucho por traer hasta hoy canciones y cantantes olvidados. También practico la antropología musical. Es algo que me gusta hacer y sigo haciendo. Mi próximo trabajo trata de visibilizar la obra de Bola de Nieve, un grandísimo intérprete cubano. Chano Domínguez estará al piano. Para mí eso es poner en valor cosas que han podido ser olvidadas, pero son necesarias para seguir adelante.

— Ese trabajo lo presenta en septiembre. ¿Tocará algo de él en Teror?

— A lo mejor alguna cosa se puede cantar. El proyecto es a piano y voz, con otro tipo de arreglos, pero a Raúl le gusta mucho Bola de Nieve.

— Desde 1994 trabaja con su hijo, ¿se entienden a la perfección o tienen sus tiras y aflojas creativos?

— Como él tiene su propia carrera –empezó hace 20 años con Kiko Veneno, Caraoscura y Son de la Frontera– y yo tengo mis cosas, cuando nos juntamos, trabajamos con gusto. De repente decimos: vamos a hacer esto los dos. Podemos tener puntos de vista distintos, pero hablamos en profundidad y vamos ganando la verdad y la música. Es maravilloso.

— Vivió la movida, un periodo en el que creímos que habíamos alcanzado la libertad, sobre todo las mujeres. ¿Cree que hay una regresión?

— La cosa va por épocas. Hay que seguir visibilizando el papel de la mujer. Tiene que prepararse, formarse completamente para trabajar y tener una base económica que le permita tener libertad de acción. Hay que educar a los niños y niñas en igualdad y en el respeto. El siglo XXI está en la mano de todos. Hay que acabar con estas cosas antiguas, muy manidas, que hace que no crezcamos como hombres y mujeres.

— Lleva más de 30 años en los escenarios. ¿Es más difícil ahora ganarse un espacio en la escena musical?

— Siempre ha sido difícil. Pero si tienes criterio propio y no te dejas manipular, la satisfacción es el doble. La industria no está como estaba. Está atravesando una crisis hace tiempo. Los artistas tenemos que pagarnos los discos. Hay una masificación enorme y hay medios que apoyan lo que se sabe que funciona, lo obvio, no el talento. Pero tengo una confianza ciega en la creatividad de la gente joven. Hay mucha gente muy preparada, aunque no salga todos el día en la tele.

— Tiene la llave de Medellín. Es ciudadana ilustre de Puerto Rico y ciudadana de honor de Buenos Aires. Supongo que el rechazo hacia los inmigrantes que se está fomentando le preocupa.

— Por supuesto, no puedo entender que alguien piense que es superior por nacer en una determinada familia y un lugar concreto. Yo soy tú, como tú eres yo. Hasta que no nos demos cuenta, seremos injustos. Es tiempo de abrir el corazón, los brazos y de reconocerse en los demás.

— Las gafas y las peinetas le dan un aire de performer. ¿Cuál es el fin?

— Me gusta mucho el teatro, mi personaje es teatral. Me gusta adornar mi voz con la fantasía que se me ocurre. Tengo ganas de juego, de magia y de glamour. Sigue siendo un placer llevarlas en la cabeza. Quiero hacer una exposición de ese material artesano. Merece la pena verlo.

— ¿Cuántas peinetas tiene?

— Es alucinante. No lo sé. Me estoy mudando y me ha servido para hacer balance de tantos años. Tengo cajas y de tantas cosas. Es un trabajazo grande y bonito. Además de las peinetas tengo gafas y guantes artesanales. Hay ahí mucha cultura de creación y sentimiento popular. Me gustaría exponerlas y llevarlas también a Canarias.

La música actual está dominada por el reguetón. ¿Qué le parece?

— No tengo nada que ver con eso, ni me gusta en absoluto. Me hace gracia El veranillo pa’cuando. No me gusta la música que aborrega y el reguetón me parece que aborrega. Eso no quiere decir que no me guste la música para bailar, me molesta la unilateralidad que se está produciendo. Es poco enriquecedora.

— Da charlas cantadas sobre la mujer y la copla. ¿Cuál es el papel que se le atribuye a la mujer en esos temas?

— La copla es un tesoro de la música española. Es un repertorio para siempre. Hay coplas que han pasado el filtro del tiempo y otras que no por ideas que no sirven ahora, pero cuando estos clásicos se tocan y se cantan pasando por el filtro que tú tienes, eso es una maravilla. Hay cosas que han influido en la educación sentimental de mujeres y hombres, atavismos que hay nombrar como metáfora para ver cómo han quedado en nuestro disco duro.