De izquierda a derecha, Salomé Garcés, José Carlos Ramos y Nira Álvarez. / C7

«Te pitan, te insultan, creen que la calle es suya»

Tres profesores acuden cada día a su trabajo en bici. Piden una campaña de concienciación para que los conductores de automóviles conozcan y respeten el modo de desplazarse de los ciclistas

Javier Darriba
JAVIER DARRIBA Las Palmas de Gran Canaria

Su convicción tiene que luchar, en ocasiones con el miedo. Porque aunque su determinación por desplazarse en bicicleta y apostar por una ciudad de Las Palmas de Gran Canaria más amable es firme, hay veces que se enfrentan a un muro de incomprensión por parte de los conductores motorizados con los que tienen que compartir el uso de la calzada. Son tres profesores del Instituto de Mesa y López los que reclaman del Ayuntamiento una campaña de concienciación y la mejora de la señalización para que todos tengamos más claro cómo deben convivir la bicicleta y el coche.

La última encuesta de movilidad apuntaba un descenso de los desplazamientos en vehículos a motor hasta el 50% de todos los movimientos urbanos de la capital. Sin embargo, a juicio de los profesores Nira Álvarez Ferri, Salomé Garcés Nebot y José Carlos Ramos Navarro, los conductores de automóviles siguen considerando a la bicicleta como un obstáculo, lo que denota un sentimiento de propiedad de la calzada. Como si los pedales fueran una especie invasora, ajena al ecosistema del asfalto.

«Te pitan, te insultan, consideran que la calle ha sido diseñada para ellos solos», detalla Salomé Garcés. La sensación es compartida por Nira Álvarez: «Algunos taxistas son lo peor, yo recibo insultos todos los días».

Vivencias irritantes

Sus experiencias como ciclistas están llenas de muescas de vivencias desagradables. «Iba por Pérez del Toro y una mujer se me echaba encima, iba todo el rato pitándome e insultándome porque no me apartaba y tuve que sufrirlo hasta que llegué a la calle Canalejas», expone Álvarez.

Esta joven reconoce que a consecuencia de esta vivencia estuvo un tiempo sin acudir a su centro de trabajo en bicicleta, aunque al final ha vuelto a impartir clases sobre la Sitycleta.

«No hay paciencia», añade su compañera, «ni hay conciencia de los beneficios que para la circulación representa el hecho de que vayamos en bicicleta, como el hecho de que al no usar el coche se agiliza el tráfico y no disputamos los aparcamientos».

Ella también relata que hubo un tiempo que dejó de ir por la calle Secretario Padilla «porque un coche me pasó cerca» tras acosarla para que se apartara.

Una velocidad excesiva

Para José Carlos Ramos Navarro, el problema principal es la velocidad a la que se circula en las ciudades. Como la inmensa mayoría de los conductores no respeta los límites, al final la bicicleta se erige como un freno al ritmo de vida. « Si todo el mundo fuera a la velocidad que marcan las señales, se podría convivir».

La situación, no obstante, ha mejorado. Salomé Garcés se instaló en la ciudad hace dieciséis años. «Era terrible», recuerda, «no te permitían ir por la ciudad». Ella venía de Bolonia (Italia), donde su experiencia como ciclista era antagónica, y le sorprendió la animadversión que existía en el tráfico palmense hacia las bicis. «Todos los días había alguien que te enseñaba el código de circulación y no de buenas maneras», relató.

Hoy en día les sigue pasando. «No se dan cuenta de que nosotros también tenemos carné de conducir», exponen.

Por eso reclaman del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria que ponga en marcha una campaña de concienciación que trate de hacer visible al ciclista como un conductor más, que merece el mismo respeto que el resto de usuarios de la vía.

Y aquí un apartado especial para el mundo del taxi. «Muchos van al límite, te frenan delante», asegura el profesor, «el otro día un taxi casi me arrolla».

En paralelo, solicitan que las señales se hagan más visibles para que el resto del parque automovilístico se percate de los recorridos que tienen que hacer los ciclistas, en especial en los carriles bici que están en dirección contraria a la circulación de los coches. «Los conductores piensan que el carril bici es para las dos direcciones y nos fuerzan, a veces de modo amable. y generalmente con poca amabilidad, a que cojamos el carril bici en dirección contraria, y eso sería peligroso para nosotros», expone Salomé Garcés.

Ellos forman parte del 1,5% de los ciudadanos que ha apostado ya por los modos blandos de desplazamiento. «Y no pienso dejarla aunque una persona sola basta para causarte una sensación de miedo e impotencia», asegura José Carlos Ramos.

Nira Álvarez es, además, una de las 17.000 personas que la sociedad municipal de aparcamientos, Sagulpa, tiene contabilizada como usuaria habitual del servicio público de Sítycleta.

Los tres formen parte de la comunidad docente del instituto Mesa y López. Muy cerca de allí está el colegio con el que comparte nombre y que es el único de la capital adscrito al proyecto 'STARS' de la Dirección General de Tráfico. Su objetivo es cambiar las pautas de movilidad entre el alumnado, reduciendo la dependencia del vehículo a motor y promoviendo una movilidad más sostenible.