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Estado en el que se encuentra el estanque de Cruz de Piedra en la actualidad. Cober
Un estanque que provoca pesadillas

Las Palmas de Gran Canaria

Un estanque que provoca pesadillas

Vecinos de San Francisco y Cruz de Piedra alertan del estado del viejo elemento hidráulico, que lleva décadas en estado de descomposición

David Ojeda

Las Palmas de Gran Canaria

Jueves, 29 de febrero 2024, 23:03

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Camino del Castillo de San Francisco, junto a la Cruz de Piedra que preside el cruce, se encuentra en un estado lamentable un estanque con siglos de antigüedad que antiguamente servía de elemento hidráulico sobre el cauce del Guiniguada. Esa infraestructura hace muchos años que está en desuso y que provoca pesadillas en los vecinos de los barrios que conforman ese poliedro urbano.

«Cualquier día lamentaremos una desgracia». La frase la pronuncia Felipe Sosa Rodríguez, vecino de las calles que conforman Cruz de Piedra. Pero más allá de una letanía popular de tiempos ancestrales muestra la preocupación real por la situación en la que se encuentra el estanque.

Según la carta etnográfica de la Fedac los orígenes de este estanque se remontan al siglo XIX. Ahora mismo pasar a su alrededor es un ejercicio de riesgo. Los muros de la zona de acceso, en los que se aloja la escalera que desciende hasta su fondo, han caído casi por completo. Los vecinos de la zona barruntan una tragedia, al tratarse una zona en la que juegan niños y muchas personas pasean a sus perros.

No hay ninguna medida de prevención a pesar de los riesgos que conlleva su presencia sobre el barranco. El abandonado depósito de agua cuenta con una superficie de 3.300 metros cuadrados. Y tiene una amplísima caída de fondo que hace poco probable sobrevivir a un tropiezo.

Cuentan testigos de la vida del barrio desde sus orígenes que hace ya muchas décadas se convirtió en lugar para juegos. Cuando el agua se estancaba entre sus muros y muchos de los niños de la zona se lanzaban a ella imprudentemente. «En su día murieron dos pequeños nadando allí», rememora con tristeza Luis Sánchez, activando una alerta del pasado que espera no tener que encender en el presente.

Un vecino pasea su perro junto al estanque.
Un vecino pasea su perro junto al estanque. Cober

Lo cierto es que el estanque ubicado en la calle San Francisco de Paula, en la ruta del Hospital Juan Carlos I, parece la recreación de un área bombardeada. Esta obra hecha en piedra y cal, de planta rectangular de 30 metros de ancho por 110 metros de largo, se ha ido descomponiendo durante décadas a pesar de los remiendos de bloque y cemento que se le han ido haciendo con el paso del tiempo.

El mismo entorno que lo acoge es un peligro. Una ladera cubierta de basura y sin limitar con la caída directa sobre las plataneras del comienzo del Guiniguada, unos metros más abajo.

«Solo actuarán allí cuando pase una tragedia», es el lamento coral de unos vecinos preocupados por un lugar en el que predomina el abandono y que podría propiciarse un accidente.

Okupado por vecinos inesperados

El fondo del estanque se encuentra cubierto de basura. En su muro se agolpan varios colchones. «Aunque ya, al menos, no vive nadie allí. En otros tiempos vivía un señor allí abajo, teniendo que bajar y subir por lo que queda de escalera, que también es muy temerario», indica Cristóbal Marrero Hernández.

El peligroso estado de los muros de contención del estanque, o de los pocos que quedan, lleva muchos años inquietado a los que pasan por allí que han reclamado soluciones al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria durante décadas sin encontrar una respuesta. Viendo cada día caer un nuevo trozo de piedra.

El conjunto urbano de esa zona de Las Palmas de Gran Canaria demanda soluciones desde hace tiempo. La calle Sierra Nevada, apenas unos metros más allá, lleva seis años cerrada y con la promesa incumplida de su reapertura. El propio Castillo es una infraestructura decadente a la que no se le encuentra solución. Y el mirador de la Punta del Diamante ha pasado de futuro balcón de la ciudad a un simple escenario para el botellón.

La ciudad que no se ve, la que se esconde a la espalda de la vieja muralla, necesita una acción potente que recupere sus espacios más simbólicos.

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