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El sol se cuela por una garita del abandonado Castillo de San Francisco. Juan Carlos Alonso
Las Palmas de Gran Canaria

El castillo que se salvó de un Real Decreto va camino del suelo

La fortaleza de San Francisco, que evitó su demolición en 1898, es una ruina olvidada y decadente

David Ojeda

Las Palmas de Gran Canaria

Domingo, 3 de septiembre 2023

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El barrio de San Francisco, que tiene una lista de demandas del tamaño de sus edificios, clama por el pésimo estado en el que continúa el Castillo de San Francisco. También conocido como el del Rey o el del Paso Angosto. La fortaleza militar del siglo XVII, que sobrevivió a un Real Decreto en 1898 que exigía su derribo, lleva décadas abandonada y su futuro, si nadie lo evita, es su desaparición absoluta únicamente por la desidia de los que lo podían evitar.

Justo al lado del Hospital Juan Carlos I, sobre una valla que delimita su acceso, luce un pequeño panel que dice: «edificio propiedad municipal». Y es que tras siglos de historia, el Castillo de San Francisco pasó a pertenecer al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria en 1997. Han pasado 26 años y no se ha movido una piedra. Los distintos gobiernos que se han sucedido desde entonces –han ocupado la alcaldía José Manuel Soria, Josefa Luzardo, Jerónimo Saavedra, Juan José Cardona, Augusto Hidalgo y ahora Carolina Darias– han sido incapaces de construir un proyecto que recupere la histórica fortaleza, que a simple vista ofrece al que la mira la imagen de degradación que ha protagonizado hace muchos años.

Este periódico ha consultado al gobierno de la ciudad sobre los proyectos que se tienen para su revitalización. «El Ayuntamiento está haciendo todas las gestiones posibles para recuperar ambas edificaciones para la ciudad y el uso y disfrute de la ciudadanía. Se informará más adelante a medida que se vaya avanzando en el proceso», responden.

La basura se amontona en el entorno del castillo.
La basura se amontona en el entorno del castillo. Juan Carlos Alonso

El Castillo de San Francisco es Bien de Interés Cultural desde 1949. Sus orígenes se remontan a 1595, cuando el Cabildo de Gran Canaria solicitó a la Corona su construcción tras ser arrasada la ciudad por las tropas holandesas de Van der Does. Tras casi un siglo de construcciones y reformulaciones, se considera que fue en 1686 cuando estuvo plenamente operativo.

Tras sus últimos años como prisión militar, el castillo se fue degradando. Sin reclutas y con infraestructuras militares de la zona mutando en uso civil nadie se preocupó por mantener este emblema de la historia militar de la ciudad en buen estado.

En la actualidad padece el mismo aislamiento que el barrio. Sus calles paralelas se encuentran cerradas al tráfico por vallas tintadas de herrumbre y con toneladas de basura amontonadas a su alrededor. Decadencia cívica e institucional.

Su recuperación para la ciudadanía, esa de la que habla el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, parece una de esas promesas perdidas en la infinidad. Como la construcción de un mirador en la Punta del Diamante, justo al final de la calle que lo aloja, y sobre el Castillo de Mata. Allí donde se encuentra una de las mejores panorámicas de la ciudad que lo necesitó como elemento defensivo en tiempos de la guerra antigua.

Hace doce años parecía que la cosa iba en serio .Durante el gobierno socialista de Jerónimo Saavedra se dotó de siete millones de euros a un plan director que debía servir para recuperar la infraestructura. Y en 2016, durante el tripartito progresista que lideraba Augusto Hidalgo, se aceptó una moción presentada por David Suárez, entonces concejal de Unidos por Gran Canaria –ahora en Coalición Canaria– para que ese histórico inmueble respondiera a las necesidades de zonas verdes y sociales que exigían los vecinos de la zona.Papel mojado. No se ha hecho nada.

Testimonio de la propiedas municipal de la infraestrctura.
Testimonio de la propiedas municipal de la infraestrctura. Juan Carlos Alonso

El Castillo de San Francisco ocupa un espacio de 5.700 metros cuadrados. Y cuenta con un amplio valor patrimonial. Distintos arqueólogos y expertos en patrimonio han subrayado su valor monumental y la posibilidad de que, imitando a otras ciudades, desde la historiografía militar se pueda explicar la historia de la urbe. Con una oferta museística dotada de material más allá del continente, al contrario de lo que sucede con el Castillo de Mata. Cuya recuperación como museo de la ciudad no vino acompañada de una dotación material acorde a la infraestructura.

De hecho, durante los ocho años en los que Javier Doreste –Unidas Podemos– estuvo al frente de la concejalía de Urbanismo mantuvo encuentros con grupos de trabajo encabezados por el arqueólogo Julio Cuenca en los que se le planteó un proyecto conjunto que ensamblara el Castillo de San Francisco, con el de Mata, la Punta del Diamante y la parte de la muralla que aún es visible en la montaña. Tampoco cristalizó ninguna idea.

Mientras tanto el castillo va camino del suelo. Sus alrededores son bordeados por paseantes con perros, que en muchos casos no recogen las defecaciones de estos, que cubren las aceras y la parte de carretera que se mantiene cerrada.

Sus paredes son colonizadas, como gran parte de la ciudad, por largas líneas de rabo de gato. La pintura de sus paredes se cae en láminas de metros de largo. Y las garitas modernas que la coronan se desmoronan, perdiendo en muchos casos hasta las escaleras de acceso.

Siglos de historia, de cuando la ciudad se iba fraguando, se derrumban ladera arriba ofreciendo a sus pies la idílica imagen de una ciudad portuaria. Abierta al mundo y cerrada en la defensa de su patrimonio.

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