Colas a la salida de La Isleta esta semana. / Juan Carlos Alonso

La ciudad es una ratonera

El aumento del tráfico por navidad, el cambio de modelo de movilidad, la falta de policías y la eternización en la ejecución de soluciones técnicas condenan a la ciudad a un trombo circulatorio sin fin

Javier Darriba
JAVIER DARRIBA Las Palmas de Gran Canaria

Desde que se inició diciembre, la capital se transformó en trampa. La ciudad ha devenido en una ratonera que transforma en irracional cualquier desplazamiento: un trayecto de apenas diez kilómetros empieza a requerir una hora de su tiempo si por su camino se cruza la rotonda de Belén María. El atasco es permanente en la GC-1. Empieza a mediodía como una gran cadena que parte de Torre Las Palmas y en la que solo cambian los eslabones, cuando unos coches sustituyen a otros en esta procesión contaminante.

Las compras navideñas son el detonante de esta situación. El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria calcula que en este momento del año el tráfico aumenta en torno a un 20%. Si se tiene en cuenta que en torno al 60% de los desplazamientos que se producen en la ciudad se justifican en la realización de compras, gestiones personales u ocio, una estimación aproximada del número de desplazamientos adicionales ronda los 88.000. Esto supone la incorporación de casi 30.000 coches al ya de por sí complicado tráfico habitual.

Las infraestructuras muestran dolencias prepandémicas, con carreteras modernas que no soportan la intensidad de tráfico, como ocurre en la circunvalación, donde numerosos barrios de Tamaraceite quedan sentenciados a un atasco diario, como si la planificación de las vías no hubiera tenido en cuenta la proliferación de casas y áreas comerciales que van surgiendo a sus orillas.

Otro momento del atasco diario de la GC-1 desde que comenzó diciembre. / Juan Carlos Alonso

A ello se suma la lentitud de las administraciones en aportar soluciones. Desde hace décadas se viene hablando de la necesidad de solucionar los tres puntos negros de la capital: Torre Las Palmas, Belén María y Plaza de América. Pero hasta ahora todo ha quedado en intenciones. De los tres proyectos, el único que tiene visos de realización a corto plazo es el soterramiento de la GC-1 a su paso por Belén María. Según las previsiones del Gobierno de Canarias, la obra se licitará el año que viene.

Por si fuera poco, la propuesta de realizar un túnel que evite el trenzado entre León y Castillo y la GC-1, antes de los túneles de Julio Luengo, sigue acumulando polvo en los cajones. Este punto es el origen de todo el atasco que sufre la autovía hasta Belén María y El Sebadal.

El problema se remata con el cambio de modelo de movilidad que se impulsa desde el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. La apuesta por el transporte público y el impulso a las peatonalizaciones se cobran un peaje en forma de espacio. La colonización de carreteras constriñe al coche, que termina por sofocar la red arterial ante la falta de alternativas al atasco.

Los taxistas sufren esta situación. Antonio León lleva 32 años al volante y asegura que el problema «se da todos los días». Sale a diario de Cañada Honda y asegura que «a las siete de la mañana, el tráfico ya está colapsado». Calcula que el volumen de tráfico actual ya supera al del último trimestre de 2019 y hace un listado de puntos negros: El Sebadal, La Isleta, los túneles de Julio Luengo, el entorno de Mesa y López, las autovías (GC-1, GC-2 y GC-23), Guanarteme y Villa de Zarautz, entre otros. «La guerra declarada al coche la paga el taxi», advierte. Esto repercute en su negocio. «Las carreras pasan de cuatro a ocho euros y al día siguiente el cliente ya se piensa si vuelve a coger un taxi», lamenta.

Hecho el diagnóstico, el Consistorio capitalino suele anunciar por estas fechas un dispositivo especial de tráfico y seguridad para tratar de aligerar el tráfico. «En lo referente al tráfico de la ciudad, la Policía Local de Las Palmas de Gran Canaria ha planificado un operativo centrado, especialmente, en la vigilancia de los puntos de entrada y salida de la ciudad, de las zonas comerciales abiertas y de las grandes superficies en Triana, Mesa y López, Santa Catalina, La Ballena, Las Arenas, Siete Palmas, Pedro Infinito, Tamaraceite y Jinámar. Algo que no solo se realizará a través de la presencia policial sino a través de las cámaras de vigilancia del tráfico situadas en el centro de emergencias», recogía la nota de prensa.

Carencias en seguridad

Sin embargo, fuentes policiales opinan que esto es papel mojado. «No tenemos efectivos para regular todos los puntos de tráfico», aseguran en Tráfico, «hay pocos policías para una ciudad que se ha expandido y que ha puesto más coches en la calle». En los últimos treinta años, se ha pasado de 800 a 580 agentes.

Desde la Unión Sindical de Policía y Bomberos (USPB), Víctor García añade que «el plan de seguridad del Ayuntamiento no está dotado de los efectivos suficientes» y critica que las carencias en el parque móvil hace que los policías «no podamos dar respuesta a los distintos puntos conflictivos del tráfico» urbano.

Los policías también advierten de los cambios que está introduciendo con el proyecto de la MetroGuagua. «Se ha hecho mucho daño al tráfico rodado, se ha estrechado todo», confirman.

Las mismas fuentes añaden que también hay un problema con la gestión de los semáforos que fue cedida al Cabildo de Gran Canaria. «Antes, los policías llamábamos a la sala de control y les decíamos que cambiara el ciclo de los semáforos para dar más fluidez», explican, «pero ahora todo depende del Cabildo y eso se nota en la carga de los túneles Julio Luengo».

Desde esta institución se asegura que no ha habido cambios en la frecuencia semafórica de los semáforos de estos túneles. Y en el Gobierno de Canarias se entiende que si Julio Luengo está recibiendo más tráfico «se puede deber a que hay más gente trabajando y más personas que vienen a la capital a comprar, así como al hecho de que se acabó el teletrabajo».

Sin embargo, en la calle está la percepción de que la circunvalación no está aliviando los túneles, en especial a primera hora porque los atascos de Tamaraceite disuaden a los conductores que vienen de la GC-2 de tomar la GC-3. «Si Julio Luengo y Tamaraceite se bloquean, tenemos la tormenta perfecta», dice García.

Circulación parada en la GC-1 en dirección sur. / Juan Carlos Alonso

En la oposición también se apunta a un déficit de gestión. El viceportavoz del PP, Ángel Sabroso, cree que la mala planificación de las obras «está generado un caos perfecto».

Comparte el análisis la edila de Ciudadanos, Lidia Cáceres. «Es necesario ser riguroso con las obras, buscando alternativas al tráfico y avisando con antelación a los vecinos», aseguró.

Por su lado, el portavoz de CC, Francis Candil, lamenta que la ciudad esté «estrangulada» por falta de aparcamientos disuasorios y la carencia del transporte público en muchos barrios.