Benito Monagas muestra el afluente de aguas negras sobre el camino que usan los vecinos de Siete Puertas. / C7

El camino que discurre sobre una alcantarilla con fugas

Las emanaciones de aguas negras obligan a los vecinos de Siete Puertas a realizar un rodeo de casi tres kilómetros para poder llegar a la parada de la guagua

Javier Darriba
JAVIER DARRIBA Las Palmas de Gran Canaria

Pocos topónimos resultan tan acertados como éste. El camino se llama Cuesta del Barranco y es una vereda que baja al Guiniguada, una senda rural en la que las piedras se han cobrado su peaje en forma de caídas y esguinces. Allí se dobló el tobillo, por vez primera, Benito Monagas, el secretario de la federación de asociaciones de vecinos Las Medianías, siendo niño, cuando corría por esta garganta. Pese a todo, es la vía que utilizan a diario los vecinos del barrio de Siete Puertas para llegar al Camino de Flores de La Calzada, que es donde está la parada de guaguas que conecta a este núcleo con el resto de la ciudad, en especial con los centros de salud de Tafira y de Tamaraceite.

El tránsito por este camino, más propio de una ruta de senderismo que de un eje de movilidad urbana, no priva a sus usuarios de la sensación de disfrute de la naturaleza, algo que se acentúa cuando se cruza algún gallo que se esconde entre los matos.

Sin embargo, en la mitad del camino, van emergiendo, casi a modo de escalones, bolas de cemento que parecen las vértebras de la red de saneamiento y que delatan el recorrido de una alcantarilla cuya presencia se hace más patente en una zona de curvas en la que afloran las aguas negras e inundan todo el camino hasta el encuentro con el fondo del barranco.

El representante vecinal muestra el inicio de la senda. / C7

No se trata ya solo de un problema de salud pública. A los vecinos les afecta porque, salvo que quieran chapotear en aguas negras, les condena la vía de acceso rápido a la parada de guaguas. Como explica la asociación de vecinos Palsibar, en un escrito remitido a la Unidad Integral del Agua, «es por donde van día a día muchos vecinos a coger el transporte público que les lleva a la ciudad, no pudiendo hacerlo cuando va un río de aguas fecales por dicho camino».

El problema es que en el barrio solo pasan dos guaguas al día. Una entra a las ocho de la mañana y la última pasa a las tres de la tarde. Y si el riachuelo de aguas negras te impide llegar a la parada, ya no te queda tiempo para reaccionar: la vía alternativa para llegar a la otra parada de guagua más cercana requiere hacer un rodeo de unos tres kilómetros de distancia. Y eso es una media hora a pie.

«Así llevamos más de quince años», explica el secretario de la federación de asociaciones de vecinos Las Medianías.

El colector parece la columna vertebral del camino. / C7

El colector de saneamiento sufre varios estrangulamientos por las raíces de los árboles y las palmeras que hay en esta parte del término municipal. Si a eso se añade los taponamientos que producen las toallitas u otros elementos que no deben ser evacuados a través de los baños, el resultado es la rotura constante de la tubería.

En los presupuestos participativos de 2020, los vecinos reclamaron al Consistorio que asumiera esta actuación. Proponían cambiar el tubo actual de fibrocemento por uno nuevo de PVC de 300 en unos cuarenta metros de longitud. Se calculaba que el coste rondaría los 120.000 euros, pero esta petición no fue seleccionada para la fase de votación.

Por eso, Monagas duda de la eficacia de los presupuestos participativos. «No estamos de acuerdo en el modo en que se miden los proyectos de los presupuestos participativos porque muchas veces solo se atiende peticiones concretas de las asociaciones de vecinos y no se mira por cubrir las necesidades básicas», dijo.

La única actuación que se ha producido en todos estos años es el envío de operarios para que destupan la red y tapen los reventones con cemento. Pero los vecinos requieren una solución definitiva. «No se trata de que la arreglen», explica Benito Moragas, « lo que hay que hacer es cambiarla».

La última vez que se reparó fue la semana pasada. Y hace solo unos días comenzó a brotar de nuevo el reguero de aguas fétidas.

A machetazos

La profusión de este tipo de vertidos genera, además, el inconveniente de que favorece el crecimiento desaforado de la vegetación, lo que dificulta aún más el acceso de los vecinos por el camino. «Este año ya hemos tenido que desbrozar esto a machetazos dos veces», detalla el secretario de la federación de asociaciones de vecinos Las Medianías. La primera vez, entre él y un vecino tardaron cinco días en despejar el recorrido; en la última, ya solo hizo falta media jornada de trabajo.

Los vecinos son conscientes de las carencias de medios que tiene la unidad de Aguas del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, pero consideran que han sido más que pacientes esperando más de una década por una solución que no llega.

También se quejan de la falta de alumbrado de la GC-322 hasta el puente de La Calzada y la entrada a Los Olivos, algo que han denunciado al Ayuntamiento de Santa Brígida.