La charca da signos de recuperación. / Arcadio Suárez

El agua saca a flote la última charca de San Lorenzo

Un nuevo aporte de agua garantiza la pervivencia hasta fin de año de la poza que secaba. El Ayuntamiento capitalino asume el coste de la operación, estimado en unos 5.000 euros

Javier Darriba
JAVIER DARRIBA

El aporte reivindicativo de agua desde tres cubas que organizó el colectivo ecologista Turcón, con el apoyo de la asociación Atamarazayt, la semana pasada ha provocado la primera reacción institucional. El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria se puso en contacto con el propietario de los terrenos, el empresario afincado en Tamaraceite Felipe Guerra, para que vierta una cantidad suficiente de agua que permita su mantenimiento hasta fin de año aproximadamente.

Entre el viernes y este sábado, Felipe Guerra condujo el aporte desde el depósito que regenta en la zona conocida como los caminos de Pedro Medina, en los altos de Hoya Andrea, a través de la red de canalizaciones que tiene en su propiedad. La decisión se toma después de que desde el área de Urbanismo se le asegurara que asumiría el coste de la operación. «El Ayuntamiento me dijo que lo pagaba», expuso Guerra, «ya le eché unos 2.000 metros cúbicos, y esta noche -anoche para el lector- le pondré otros 2.000 metros cúbicos».

Como el precio del agua utilizada es de 1,25 euros por metro cúbico, el coste total de la operación rondará los 5.000 euros.

La plataforma ciudadana que impulsa la recuperación recuerda que la solución aportada no es la definitiva

«Por lo menos que aporten el coste del agua porque yo llevo haciéndolo durante quince años y eso es mucho», añadió el empresario. Hay que recordar que la negativa de Guerra a seguir costeando el mantenimiento de las charcas y la falta de preocupación mostrada hasta ahora por parte de las administraciones públicas abocaba a la última poza a su evaporación total, con el consiguiente daño medioambiental y paisajístico a una de las zonas incluidas en el paisaje protegido de Pino Santo.

Felipe Guerra calcula que la aportación de estos dos días permitirá que la charca tenga agua hasta final de año, aunque todo dependerá del calor y del nivel de evaporación que se genere en el periodo estival.

Hay que recordar que las charcas son estanques de barro expansivo horadados en el terreno hace cuatro siglos para retener el agua que corría por los barrancos y regar la vega agrícola de San Lorenzo. Desde hace medio siglo, el abandono de la agricultura propició su secado hasta que solo quedó una, que había sido mantenida por el actual propietario a costa de su bolsillo.

Sensibilización

La plataforma Salvar las Charcas de San Lorenzo manifestó su optimismo «por la sensibilización del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria» pero recordó que «esta medida no es definitiva, es un parche que necesita una solución verdadera, como es la creación del parque agroambiental», según el comunicado trasladado por su portavoz, Francisco González.

Este proyecto, por el que los colectivos ciudadanos y ecologistas llevan luchando desde hace unos veinte años, trata de repoblar el entorno con especies autóctonas; rehabilitar los estanques de barrio y toda la arquitectura acuífera que tenían aparejada; facilitar un entorno en el que las aves puedan volver a nidificar, siendo conscientes de que es utilizada por unas 49 especies de aves; y propiciar que los escolares puedan conocer este espacio etnográfico y natural.

Para ello, antes el Consistorio capitalino deberá hacerse con los terrenos. El concejal de Urbanismo, Javier Doreste, ya anunció que en 2021 se quiere iniciar el expediente de adquisición del suelo, bien por acuerdo de compraventa, bien con un procedimiento expropiatorio.

Por el momento, no ha habido acercamiento oficial entre las partes. «No tengo prisa en que se me compre porque el que vende, vende una vez sola», expuso el empresario Felipe Guerra.

El plan especial del Paisaje Protegido de Pino Santo obliga desde hace catorce años a preserva el espacio. Se fijaba en aquel momento la obligación de mantener «una lámina de agua en cada charca de unos cincuenta centímetros de profundidad», que debían medirse después de que el primer llenado se filtrara al subsuelo. «El agua procederá de la tubería que conduce el agua que viene de la planta depuradora de Barranco Seco y que atraviesa el Lomo del Drago», se especificaba en su documento normativo. Los objetivos prioritarios del Gobierno de Canarias eran entonces la recuperación del área como humedal, así como la creación de un punto de interpretación de la naturaleza.