La sequía se adueña de la última charca de San Lorenzo / Arcadio Suárez

San Lorenzo se queda sin sus charcas

Se seca el último estanque de los construidos en el siglo XVII para el abastecimiento de agua a la vega agrícola

Javier Darriba
JAVIER DARRIBA Las Palmas de Gran Canaria

Regaban la fértil vega agrícola de San Lorenzo abrazando el serpenteante camino viejo de San Lorenzo, una vía real que unía el extinto municipio con el núcleo de Tamaraceite. Entre estas charcas, excavadas en el siglo XVII, las parejas paseaban de camino al altar, rodeadas por la fronda de palmeras y plataneras que dibujaban un paisaje ajeno al de la gran ciudad. Ahora se seca el último estanque, el refugio definitivo de hasta 49 especies de aves, algunas en riesgo de conservación. Su desaparición no solo supondrá un golpe medioambiental importante para la ciudad, sino también una herida abierta en el paisaje protegido de Pino Santo y una oportunidad perdida para que la ciudadanía no dilapide la herencia de la cultura del agua.

Las charcas son estanques de barro expansivo. Se trata de oquedades horadadas por la mano del hombre hace cuatro siglos para retener el agua que corría por los barrancos. La sabiduría popular aprovechó los desniveles del terreno para retener allí la lluvia y gracias a las características de la arcilla de este lugar, se pudo crear unos embalses cuyos fondos se impermeabilizan a medida que el suelo se expande al entrar en contacto con humedad.

«La intención del Ayuntamiento es hacerse con los terrenos en 2021»

javier doreste | concejal de urbanismo

Hasta los años 50 del siglo pasado, las charcas de San Lorenzo mantenían un aporte casi continuo de agua. Sin embargo, el abandono progresivo del cultivo del plátano hizo que la zona entrara en una decadencia natural de la que no ha logrado salir. Al desaparecer los agricultores, se hizo innecesaria la figura del aguador, que mantenía en perfecto estado las canalizaciones y acequias que conducían la barranquera hacia los estanques.

Juanse Rodríguez, vecino del barrio, recuerda que por aquella época la proyección del sol en las charcas era cegadora. «Le llamaban el valle de los espejos porque se reflejaban las nubes con nitidez», explica.

Desde entonces, las pozas se han ido secando, una tras otra. Solo el esfuerzo del propietario de los terrenos en que se encuentra la mayoría de las charcas, Felipe Guerra, ha permitido que se mantengan con un mínimo de agua, gracias a las aportaciones que ha ido haciendo con una cuba. «Llevo toda la vida manteniendo las charcas porque he querido preservar el medio ambiente y porque soy vecino de Tamaraceite», expuso, «pero ya no voy a seguir manteniéndolas a costa de mi bolsillo».

Paco González, Juanse Rodríguez y Esteban Santana. / Arcadio Suárez

Hace dos meses llenó la última charca, la que ahora se queda sin agua. La reserva que mantiene le da para quince días más. Cuando el sol evapore la lámina que queda allí, desaparecerá la última charca de San Lorenzo.

Por eso, Guerra reclama que el Ayuntamiento se haga cargo del mantenimiento de la zona ya que, en su opinión, hay una «dejación total» por parte del municipio. «¿Para qué quieren proteger unas charcas si no tienen agua?», se preguntó.

Permuta o expropiación

El propietario de la mayoría de las charcas de San Lorenzo está dispuesto a negociar con el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria la venta, expropiación o permuta de los terrenos.

Sin embargo, la operación no entra dentro de las prioridades de las autoridades municipales para este año. El concejal de Urbanismo del Consistorio capitalino, Javier Doreste, aseguró que la adquisición «no puede hacerse a lo loco» e indicó que se incluirá en los presupuestos locales del año 2021. «La intención del Ayuntamiento es hacernos con los terrenos pero ya veremos si se consiguen a través de una permuta o de una compra», prosiguió Doreste.

Insistió en que las charcas de San Lorenzo «son artificiales y están sometidas al ciclo de las lluvias». Y se desmarcó de la responsabilidad de su mantenimiento en tanto se tome la decisión sobre cuál deba ser su futuro. «A quien corresponde la protección de ese espacio es al Cabildo de Gran Canaria», aseguró, «el Ayuntamiento no tiene competencias».

La charca está casi seca. / Arcadio Suárez

Sin embargo, desde el gobierno insular la visión es distinta. La consejera de Medio Ambiente de Gran Canaria, Inés Jiménez, explicó que el único papel que tiene el Cabildo en el mantenimiento de las charcas es el relativo a la concesión de autorizaciones para su llenado. «No tenemos ninguna petición expresa por parte del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria ni de la propiedad para verter agua en ellas, y no tenemos conocimiento de que el propietario vaya a dejar de llenarlas», indicó la consejera. Jiménez insistió en que la gestión del sitio es municipal y calificó de afección grave al medio ambiente que la última charca acabe secándose.

El riesgo de desertificación es evidente. Por eso, los antiguos miembros de la plataforma Salvar las Charcas de San Lorenzo están tratando de revitalizar el movimiento social y vecinal en favor de la recuperación de este espacio como parque agroambiental.

Pero ahora lo urgente es detener el vaciado del último estanque. Francisco González resaltó la necesidad de que «se llegue a un acuerdo con el propietario para que se pueda llenar esa charca y que al menos las aves no se queden sin ese espacio». Los integrantes de este colectivo entienden que hay que recuperar el proyecto de parque agroambiental por el que llevan luchando desde hace décadas, cuando plantaron cara a la intención del equipo municipal de José Manuel Soria, que pretendía construir un campo de golf y 580 chalés de lujo en la zona.

Una garza vuela cerca de la orilla. / Arcadio Suárez

Las propuestas vecinales pasaban por la puesta en uso de las charcas, el acondicionamiento de puntos de observación de aves, el apoyo a las actividades agrícolas existentes, la recuperación de la flora y fauna dañada, la limpieza de la zona y el establecimiento de rutas de interés etnográfico, cultural y ecológico.

«Esto no necesita una inversión tan grande como la de 2,5 millones de euros que el Ayuntamiento se gastó en el parque delante del centro comercial Los Alisios», expuso Esteban Santana.

Pero el Ayuntamiento aún no ha decidido qué hacer con el espacio. «Ahora hay que abrir ese debate», expuso Javier Doreste, «está la propuesta del parque agroambiental; luego hay grupos ecologistas que piden que sea un observatorio de aves; está la idea de hacer una finca ecológica; e incluso podría tener un área recreativa como complemento a la de San José del Álamo, pero en cualquier caso la propuesta final debe escogerse en función de su impacto ambiental».

Las charcas, en datos

  • 49. La zona es frecuentada por medio centenar de especies de aves distintas. Entre ellas hay algunas como el chorlitejo chico (Charadrius dubius), que está considerada como de interés especial en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.

  • 30.000 La superficie de estas charcas suele rondar los trescientos metros de largo por cien de ancho. Se calcula que unos 10.000 metros cúbicos de agua son suficientes por embalse.