Canarias7
Enrique Bethencourt

Cuba y la propiedad privada

Afirmar que el modelo socialista cubano ha sido un fracaso puede desatar las iras de una parte de la izquierda, la más dogmática, la más cargada de verdades y, en la práctica, la menos transformadora. Pero, guste o no, es difícil argumentar que el sistema ha sido un éxito. A punto de cumplir sesenta años, lo hará en enero de 2019, el régimen que tumbó a Batista intenta reconfigurarse tras la desaparición del que fuera su líder indiscutible durante más de medio siglo, su comandante en jefe, su sostenedor de las esencias revolucionarias. Lo hace cuando ya han caído muchos muros, cuando el modelo soviético en que se inspiró ha desaparecido y tienen escaso predicamento los procesos revolucionarios.

«Si se pierde la identidad nos convertiríamos en un barco sin vela y sin timón, completamente a la deriva, y eso no nos lo podemos permitir», Nicolás Alayo

En estos días, en el debate que se produce en el proceso de elaboración de la nueva Constitución de Cuba, se destaca por los medios de comunicación la apertura del país caribeño hacia formas de propiedad privadas. En un artículo del órgano oficial, Granma, se afirma que el sistema económico que refleja la nueva Carta Magna «mantiene como principios esenciales la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción y la planificación como componente principal de dirección, a lo que se añade el reconocimiento del papel del mercado y de nuevas formas de propiedad, entre ellas la privada».

La nueva Constitución define al estado cubano como «un estado socialista de derecho, democrático, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos, como república unitaria e indivisible, fundada en el trabajo, la dignidad y la ética de sus ciudadanos, que tiene como objetivos esenciales el disfrute de la libertad política, la equidad, la justicia e igualdad social, la solidaridad, el humanismo, el bienestar, y la prosperidad individual y colectiva». Desaparece, también, la referencia al comunismo.

El proceso de Reforma Constitucional incluye una comisión, integrada por 33 diputados de la Asamblea Nacional, presidida por Raúl Castro Ruz. Y de la que también forman parte el presidente del Consejo de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, y el segundo secretario del Comité Central del Partido, José Ramón Machado Ventura.

En medio del actual debate constitucional, recordé la entrevista que en agosto de 2015 le realicé en su estudio situado en el 109 de la calle Chacón, en La Habana Vieja, al pintor Nicolás Alayo, exmilitante del Partido Comunista Cubano, que se había alejado de este por la manifiesta ortodoxia del partido. Alayo, defensor de la cultura nacional («Si se pierde la identidad nos convertiríamos en un barco sin vela y sin timón, completamente a la deriva, y eso no nos lo podemos permitir») y, asimismo, de algunos de los logros del socialismo cubano («Hay que seguir dando prioridad a los derechos sociales, a la educación y la sanidad»), se mostraba muy crítico con el intervencionismo estatal en todos los órdenes.

«Estatalizamos todo»

«En su momento nacionalizamos y estatalizamos todo, desde el que hacía papas fritas al que arreglaba zapatos; y, haciendo un balance, no fue precisamente un gran acierto. ¿Tiene que hacer la bisutería el sector público?», señalaba Alayo, al tiempo que ponía en valor el factor dinámico que estaban suponiendo los pequeños negocios, caso de los paladares en el sector de la restauración: «La presencia de los pequeños negocios es buena para el país y para quienes los impulsan. Esos pequeños motores alimentan al conjunto de la economía, la hacen más fuerte y permiten mejor nivel de vida», concluía.

Es cierto que Cuba ha sufrido un enorme acoso por su vecino estadounidense que ha dañado significativamente su economía: bloqueo para los cubanos, embargo para otras voces, que han sufrido sus ciudadanos y ciudadanas. Relaciones tormentosas desde la llegada de los barbudos a La Habana en enero de 1959 que comenzaron a modificarse en la era Obama con el restablecimiento de relaciones diplomáticas y la apertura de la embajada de Estados Unidos el 20 de agosto de 2015 y la posterior visita del presidente estadounidense a Cuba en marzo del siguiente año. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha supuesto un enorme retroceso en esas relaciones, vistas en la isla con mucha esperanza, aunque también con más que justificadas precauciones.

Asimismo es cierto que, pese a su debilidad económica, el caimán del Caribe ha realizado un enorme esfuerzo en el ámbito educativo y que tiene una población con elevado nivel de formación, convirtiéndose en una referencia y una seña de identidad. Así como en el espacio sanitario, con tasas de mortalidad infantil equiparables a los de los países desarrollados y muy alejadas de las naciones de su entorno socioeconómico.

Economía estancada

Pero no es menos cierto que la economía planificada y estatalizada hasta el extremo no ha colaborado en el desarrollo del país ni en el incremento del bienestar de su gente. El estancamiento económico produce desafección y la gente ya no se conforma con sobrevivir y quiere, legítimamente, mejorar sus parámetros de vida. Y este anhelo se encuentra muy por encima de los deseos de democracia, pluralidad política o de unos medios de comunicación libres y no los actuales voceros del Gobierno, del Partido y del Estado.

Las contradicciones en el seno del pueblo, como decía Mao, se agudizan. Titulados universitarios trabajan como camareros, taxistas o en distintas actividades vinculadas con el turismo. Ganan mucho más que si lo hicieran en el sector educativo o en el sanitario. Las joyas de la corona se empiezan a agrietar y pueden producir un notable empeoramiento de los dos grandes servicios públicos.

Junto a la propiedad privada, el matrimonio igualitario es el otro gran tema reflejado por los medios de comunicación en sus análisis sobre la nueva Constitución. La revolución fue muy injusta con los homosexuales y lesbianas. Recuerden aquella magnífica película de Gutiérrez Alea: Fresa y Chocolate. En su nueva redacción, la Constitución habla del matrimonio como unión entre dos personas, sin más, lo que abre puertas a que se casen personas del mismo sexo. Y cuando el partido y el Gobierno rompen con rígidos esquemas del pasado y comienzan a abrirse hacia una sociedad con menos ataduras, aunque sea en elementos muy parciales, surgen, desafortunadamente, presiones para que nada cambie. En este caso protagonizadas por sectores religiosos evangelistas que se oponen al matrimonio igualitario y que ya han protagonizado algunas movilizaciones de rechazo al mismo. Las fuerzas involucionistas no descansan. Ni en Cuba ni en Argentina. Aquí tampoco.