Ilustración: R. Parrado

Penes hasta en el cielo

Los últimos han sido unos pilotos rusos... ¡con un avión de pasajeros! ¿Qué lleva a tantos hombres a hacer dibujos fálicos? ¿Y qué nos dice esto sobre nuestra sociedad y nuestra cultura?

Carlos Benito
CARLOS BENITO

Se trata, probablemente, del mayor dibujo fálico de toda la historia, aunque solo se pueda contemplar en una pantalla. Dos pilotos rusos de la compañía Pobeda están siendo investigados por su 'travesura' del 11 de noviembre: al parecer, desviaron un servicio de pasajeros de Moscú a Ekaterinburgo para trazar con su trayectoria la inconfundible silueta de un pene, que se hizo visible en los programas de monitorización de vuelos. Según ha trascendido, antes habían solicitado permiso a los controladores para una maniobra de «comprobación del equipo de radionavegación», pero su verdadero propósito era transmitir un disparatado mensaje de apoyo al futbolista Artiom Dziuba, suspendido a raíz de la difusión de un vídeo sexual. Algunos expertos desconfían de la noticia y sospechan que todo puede ser un montaje publicitario de la aerolínea, pero la cuestión de fondo seguiría siendo la misma: la llamativa propensión de muchos hombres (sobre todo en la adolescencia y la juventud, pero algunos también en la edad adulta) a aplicar sus variables dotes artísticas al dibujo de genitales masculinos en lugares públicos.

Da igual dónde viva cada uno: si salimos de casa y nos fijamos con un poco de atención en las paredes, seguro que no tendremos que andar mucho antes de dar con algún grafiti de un pene. Parece una práctica universal, inmune a fronteras nacionales, y desde luego también es duradera en el tiempo. La antigua Roma estaba atestada de estas representaciones: el 'fascinus' o personificación del falo divino (a menudo alado, a veces con patas) brindaba buena suerte y protección y no solo se utilizaba como amuleto portátil, sino que también se inscribía en puertas o cruces de caminos. Las huestes romanas se llevaron esta costumbre en sus conquistas: un investigador de la Universidad de Newcastle ha encontrado 57 penes de la época en el Muro de Adriano, las defensas que el emperador mandó levantar en Britania.

Y así seguimos. No resulta muy complicado establecer un 'hit parade' chusco de esta variedad de grafiti en los últimos años. Sin abandonar los cielos, ahí está el falo descomunal que unos militares estadounidenses dibujaron en 2017 con la estela de uno de sus aparatos, durante un vuelo de entrenamiento sobre el estado de Washington. Y desde arriba, con la vista por satélite de Google, era como mejor se distinguía el pene, también de gran calibre, que labraron dos amigos en el lecho de un lago seco del estado australiano de Victoria, hoy cubierto ya por el agua. En 2012, cuando se lanzó el juego 'Curiosity: What's Inside The Cube?', que proponía un esfuerzo colaborativo para ir desmenuzando un cubo de millones de piezas, no hace falta aclarar qué decidieron tallar muchos participantes en su porción de poliedro: «La mayoría de los dibujos han sido penes, con diferencia», admitió en su balance el resignado creador del juego.

De hecho, todos los implicados en el diseño de webs y programas interactivos saben que, si se deja a los usuarios plena libertad para ponerse artísticos, la inspiración de muchos de ellos acudirá de inmediato a su entrepierna. El fenómeno está tan extendido que ha habido que enseñar a las máquinas a detectar los dibujos de penes, normalmente para censurarlos, aunque en internet también hay aplicaciones que transforman cualquier garabato en el bosquejo de un miembro viril. Y, fuera de virtualidades, los organizadores de carreras ciclistas ya han aprendido de sobra lo que se van a encontrar pintado en el asfalto.

Exposición indeseada

El grafiti fálico recibió el espaldarazo artístico a través de la obra de Keith Haring y se utiliza también con intenciones de protesta, como el coloso de 65 metros que dibujó el colectivo ruso Voina ante la sede del Servicio Federal de Seguridad en San Petersburgo. Pero estas derivaciones 'respetables' nos apartan de una pregunta fundamental e inquietante: ¿qué empuja a tantos hombres a dibujar penes en cuanto se les brinda la ocasión y se les garantiza cierto anonimato? «Es una cuestión complicada. Probablemente muchos dirían que se trata solo de una manera de ser bromista, pero creo que eso no pasa de ser la superficie del asunto. Las mujeres no los dibujan», responde el estadounidense Michael Kimmel, profesor de sociología y estudios de género y coeditor de la 'Enciclopedia cultural del pene'. «Puede ser una manera de reclamar una identidad, un poder fálico, y lleva a plantearse algunos interrogantes: ¿para quién se hace, quién es el público al que se dirige? ¿Es una manera de proclamar el espacio público como masculino e intimidar a las mujeres? ¿Es una manera de sentirse poderosos aunque en realidad no se sientan tal cosa? ¿Una manera de sentirse 'grandes' aunque tengan dudas?», reflexiona. A su juicio, salvando las distancias, existe un paralelismo con los exhibicionistas: «La excitación radica en que es una exposición no deseada. En ese sentido, socava el derecho de las mujeres al espacio público, a sentirse seguras en sus propias calles».

Hay un detalle significativo: todo el mundo sabe dibujar un pene, en esa versión esquemática que se ha perpetuado a través de los siglos, pero los genitales femeninos plantean muchas más dificultades. La historiadora cultural alemana Mithu M. Sanyal, autora del ensayo 'Vulva' (publicado en España por Anagrama), pidió a varias científicas que dibujasen ambos órganos sexuales y se topó con un resultado descorazonador: «Todas podían dibujar penes, pero ninguna podía representar gráficamente una vulva reconocible», escribe. Más allá de que la configuración anatómica la haga menos visible, ahí no existe una versión simplificada. ¿Qué nos desvela esto de nuestra sociedad? «La imagen de un pene es la representación del modelo sexual androcéntrico, que reproduce el poder de lo masculino sobre lo femenino», sentencia la sexóloga y terapeuta Izaskun Zarrandikoetxea, responsable de Mundo Ivaginario, un colectivo vasco que surge de la conjunción de sexualidad, arte y feminismo. «La educación sexual que tenemos no es igualitaria, ni inclusiva, ni feminista. Hace diferencias según el género que te asignan al nacer en función de tus genitales –desarrolla–. Los hombres están legitimados por el sistema patriarcal para expresar y 'usar' su sexualidad, es algo que se espera de ellos, algo que tienen que hacer para socializarse como hombres, y el pene es la máxima representación de ello. Son los sujetos deseantes, han de hacer gala de ello y del poder que la sociedad les otorga. Por otro lado, las niñas con vulva están educadas en que su sexualidad se guarda, se tapa, se esconde, no se expresa, es algo sucio, vergonzoso y pecaminoso».

Según argumenta Zarrandikoetxea, las niñas se acostumbran desde pequeñas a toparse con estos dibujos «en las calles, en los barrios, en las paredes, en los baños del instituto, de la biblioteca, de los bares, en cualquier lugar», y esto acaba dejando una huella que va mucho más allá de la gamberrada pueril y pretendidamente transgresora. «Crea un imaginario, ocupa un lugar en las mentes y en los cuerpos de mujeres y niñas. Son señales, imágenes poderosas de la maquinaria sutil del patriarcado, que marcan y delimitan un espacio de poder y derecho sobre otro de sumisión y deber».

De Roma a internet

De hace 2.200 años

Los investigadores de la Universidad de Newcastle hallaron este perfil fálico en una piedra de una cantera cercana al Muro de Adriano, en el que también abundan las inscripciones de este tipo. Se ha datado en torno al año 207 antes de nuestra era.

Un artista insatisfecho

En 2017, dos oficiales de la Marina británica decidieron dibujar un pene en el aire cuando sobrevolaban el estado de Washington durante un entrenamiento. Cuando concluía su obra, el piloto expresó su descontento:«Los huevos van a quedar un poco desiguales».

Nueva tecnología, viejo tema

En internet, los penes son el motivo más recurrente en los lienzos virtuales. En 2012, los participantes en el videojuego experimental 'Curiosity' cumplieron con el tópico:«La mayoría de los dibujos han sido penes, con diferencia», dijo su creador, Peter Molyneux.

El grafitero de los baches

El misterioso artista británico Wanksy (cuyo nombre es una versión procaz de Banksy) ha hallado una inesperada utilidad pública al grafiti fálico:en 2015 empezó a marcar con sus dibujos los baches de la zona de Mánchester. Según afirma, eso logra que los reparen.

A vista de pájaro

En 2018, la panorámica por satélite de Google desveló la silueta de un gran pene en un lago seco cercano a Geelong, en Australia. Los autores del singular surco eran dos amigos de la zona. Posteriormente, el lago volvió a llenarse de agua y el dibujo desapareció.