Óscar del Amo

¿Y a usted qué le dice el moño del vicepresidente?

Cuando la elección del peinado o el color del traje valen más que mil palabras

Rocío Mendoza
ROCÍO MENDOZA Madrid

Si encierra una intención o es un gesto puro y casual solo lo sabe él. Pero el moño que luce siempre el vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, transmite y 'complementa' su discurso en el Congreso. La vida pública –y, por qué no, la de cualquiera– es una esfera en la que resulta muy valioso saber comunicar. Pero, calle, no siempre hará falta que hable. Con la etiqueta, es decir, las prendas elegidas para vestir y cómo son lucidas en cada ocasión, puede llegar a decir más que con mil palabras.

«No es lo mismo que te presentes en la oficina con una corbata de rayas que con una de dibujos psicodélicos; el vestir sirve para distinguirse de los demás, al igual que para transmitir posiciones ideológicas». Así lo advertía Umberto Eco, filósofo y comunicólogo italiano, uno de los grandes estudiosos de la ciencia que lee mensajes, no ya entre líneas, sino entre costuras. Esta no es nueva, cierto. Pero está de actualidad como nunca y, en su sofisticación, cada vez resulta más fascinante.

Por ejemplo, hace apenas una semana, durante la toma de posesión del presidente de los Estados Unidos muchas palabras, pero otras tantas no fueron pronunciadas. Los símbolos vistos en la ceremonia a través de la etiqueta fueron tan protagonistas como los mandatarios.

El otro discurso de Biden

Dijo mucho que Biden se convirtiese en el primer dirigente en prestar juramento vestido de pies a cabeza de un diseñador estadounidense, el icónico Ralph Lauren. «Volvemos a la tradición y al bipartidismo», tradujeron los expertos. Y junto al azul clásico, atrapó las miradas el morado que envolvió la presencia de Kamala Harris. «Un color que resulta de sumar el rojo y el azul (republicanos y demócratas) y que hablaba de concordia y regreso al diálogo. Atrás quedaría el blanco empleado en sus trajes, siguiendo la estela de Hilary Clinton, que hacía un guiño al color identitario de las sufragistas. La nueva primera dama lució más tarde un vestido de lana de seda, a juego bordado con las flores de todos los estados del país para simbolizar unión, una obra firmada, además, por una diseñadora Uruguaya, emigrada a Nueva York», hace notar Diana Rubio, doctora en Comunicación, especializada en etiqueta y protocolo político y directora del Instituto Mediterráneo de Estudios de Protocolo (IMEP). «Nada es casual», afirma.

«Las nuevas formaciones han eliminado por completo del imaginario colectivo la imagen del político asociada al traje de chaqueta y corbata»

Ruth Gómez de travesedo | doctora en comunicación uma

El panorama español no desmerece tampoco un buen análisis. «Nadie duda de que a este Gobierno le preocupa, y mucho, la imagen», valora Rubio. De ahí que se le escape, por ejemplo, que hace unos días 'la cara de la pandemia' del Gobierno, Pedro Simón, compareciese «con barba de tres días, jersey ajado y más ojeroso. Para mí hablaba de desbordamiento, de caos», añade.

Puede que no sea nada nuevo y que en España se pueda hacer alarde de cierta tradición en ese sentido, tal y como recuerda Marina Fernández, portavoz de la Escuela Internacional de Protocolo, quien reivindica la figura pionera de Felipe González en estas lides, cuando logró que una chaqueta de pana con coderas dijese más de la posición política de cada cual que la papeleta en las urnas. Aun así, no es menos cierto que la diversidad en el tablero político que ha experimentado España en los últimos años ha animado la 'conversación' entorno a la etiqueta.

España anima 'la conversación'

Ruth Gómez de Travesedo, doctora en Comunicación y profesora de la Universidad de Málaga, ha investigado este lenguaje no verbal de la moda en política y matiza: «Creo que esta preocupación no es algo nuevo, sino que ahora estamos empezando a percatarnos de su importancia, sobre todo porque el panorama político actual es más convulso y han aparecido nuevas formaciones que han eliminado por completo del imaginario colectivo la imagen del político asociada al traje de chaqueta y corbata».

En este alfabeto sutil tienen relevancia no solo ya el tipo de prenda (chaqueta, cazadora o rebeca), sino el color (con gran carga simbólica según cada cultura), los complementos (joyas caras o muñeca desnuda), peinados, zapatos (tacón, deportivo, casual), marcas (caras o populares) y ¡ hasta los tejidos!

«Los políticos españoles también han empleado en muchas ocasiones el color con un fuerte simbolismo, incluso trasladando el color identitario de su partido al vestuario, como lo ha hecho en numerosas ocasiones Susana Díaz con el rojo en sus chaquetas, o incluso Pedro Sánchez con algún jersey. El rojo es del PSOE, de la izquierda, así como el azul lo es del PP. Hay colores de partido que resultan más difíciles de incorporar al vestuario, como el morado de la formación Podemos, que, además, también se identifica con la lucha feminista; o el naranja de Ciudadanos. Sin embargo, Inés Arrimadas o Irene Montero han hecho guiños a los colores de su partido. En los hombres es más complicado, aunque las corbatas son el complemento elegido en la mayoría de los casos para introducir estos colores», explica la doctora malagueña.

Sobre colores, cabe destacar que la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, también ha llamado la atención por vestir siempre los colores de la bandera madrileña cuando en sus actos coincide con el presidente del Gobierno. «Y no olvidemos la mascarilla amarilla de Carmen Calvo en un acto de luto por las víctimas del Covid-19», apunta la experta del IMEP, al tiempo que apuesta porque no fue algo intencionado.

«El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, diferencia su comparecencia en actos institucionales y de partido con el uso de la cobarta. En los primeros siempre la lleva y nunca en los últimos»

diana rubio | experta en protocolo y directora de imeP

Sobre la corbata y su mensaje, Diana Rubio, hace notar algo. «El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, diferencia su comparecencia en actos institucionales y de partido usándola solo en los primeros y nunca en estos últimos». La ausencia de ella, junto a los dos botones desabrochados que emplea Santiago Abascal, el líder de Vox, es algo «que algunos expertos en imagen han calificado como símbolo de 'macho alfa'», prosigue Gómez de Travesedo. Sobre el color, por cierto, Isabel Ayuso siempre viste de los colores de la bandera de Madrid (blanco y rojo) cuando coincide en un acto institucional con Pedro Sánchez.

Una cuestión de clase

Además del color, el tipo de tejido esconde también un fuerte simbolismo. «No es lo mismo vestir de seda, lana, pana o ante. Tradicionalmente, las clases bajas y medias vestían ropa de lana, lino o pana, por lo que estos tejidos se vinculan más con la izquierda». ¿Y a la hora de calzarse? ¿Plano o tacón? «En las mujeres, especialmente, los zapatos 'hablan' mucho. (...) El zapato plano nos pone a la altura de nuestro adversario, pero también a la del pueblo. El de tacón nos distingue, nos eleva sobre los demás, le dices a tu contrincante: 'aquí estoy yo', pero a la vez también estás marcando distancias. Por eso es tan importante adecuar el calzado a cada situación», explica.

Más allá de la política, Marina Fernández destaca el uso de este lenguaje que hace Doña Letizia. «Maneja su imagen de reina consorte de una manera magistral, luciendo pantalones en actos oficiales, lanzando un mensaje de modernidad y normalidad, o reciclando modelos de un evento a otro, en un guiño a la sostenibilidad, pero también a la realidad de la mayoría de las mujeres españolas», apunta. Rubio, si es cuestión de acertar, destaca a la ministra Yolanda Díaz.

Con respecto a la firma de la ropa, «lo interesante en este caso es analizar si se trata de un diseño nacional, si es de alta gama o de gama media, acercando así al personaje al ciudadano –valora Gómez de Travesedo– porque no es lo mismo vestir un traje de Armani que de Zara, por ejemplo». También en esta elección, tal y como se veía en el ejemplo norteamericano, está la coherencia con el mensaje. «Recordemos el fallo en este sentido que tuvo Iglesias cuando compareció con un traje de Zara después de haber criticado a Amancio Ortega hasta la saciedad», apunta por su parte la experta en protocolo del IMED, quien recuerda que se debe hablar de etiqueta, no solo de ropa, porque esta implica la forma en la que se lleva, se viste.

Y, sobre todo, de actitud

En este sentido, Susana Díaz, la expresidenta de la Junta de Andalucía, cabe como ejemplo si se atiende a las numerosísimas ocasiones en las que aparecía con la camisa remangada. La comunicóloga malagueña lo destaca en su estudio: «Uno de los aspectos que más preocupa a los políticos es ganarse la confianza de sus públicos y, para ello, deben mostrar transparencia. Es como decir a la población… 'Mira, no tengo nada que ocultar'. Mostrar las muñecas es como el gesto que hacen los magos cuando se remangan para enseñar que no tienen nada escondido debajo de la manga. Además, tiene también otro significado. Es un gesto que denota impulso, ganas de trabajar. Nos remangamos cuando nos ponemos 'manos a la obra'». Sánchez emplea bastante este recurso y fuera de nuestras fronteras «Obama es, sin duda, un claro ejemplo». No es mala idea para entornos laborales. ¿Su CEO va siempre remangado y sin corbata? ¿Su jefe utiliza calcetines estrafalarios a lo Justin Trudeau? Quizá quieran decirle algo.

«Destacaría el uso que hace Doña Letizia de su ropa para hacer guiños a la mayoría de las mujeres españolas en sus elecciones o dar un mensaje de modernidad y normalidad cuando usa pantalones en actos oficiales»

marina fernández | escuela internacional de protocolo

Dominar esta disciplina es todo un arte y de los personajes públicos se puede tomar nota para la vida cotidiana. «Con el uso de esta simbología se logra empatizar a través de las emociones; y estas mueven el mundo», cree Diana Rubio. Ahora bien, hay que tener en cuenta que no es cuestión de gustos, sino de códigos.

'Sansón' Iglesias

Es decir, que puede gustar o no el peinado de Iglesias, pero lo importante es lo que llegue a transmitir. ¿Qué lee un experto comunicación no verbal como la investigadora malagueña? «Qué duda cabe que la coleta del vicepresidente del Gobierno se ha convertido en un rasgo que lo identifica, diferencia y define, hasta el punto de que muchos medios han llegado a afirmar que perdería toda su esencia sin su famosa coleta. Ahora con coco y pendientes, al final es más de lo mismo. Podría interpretarse como que, al retirar el pelo de la cara, se muestra más transparente o como un guiño a la mujer o simplemente como una estrategia política para llamar la atención mediática. Si es una estrategia o casualidad… no lo sé. Lo que sí pienso es que su pelo largo (independientemente del recogido), lanza un mensaje claro a la sociedad y es que cualquier persona preparada, tenga la apariencia que tenga, puede estar al frente de un partido político». Y a usted, ¿qué le dice el moño del vicepresidente?